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El comienzo de año resulta el momento propicio para hacer balance de lo acontecido hasta ahora y, por qué no, realizar propósito de enmienda. Si echo la vista atrás, compruebo que las principales variables que han estado en juego en 2023 han sido la inflación, muy elevada, aunque decreciendo, con unos altos precios de la energía, y unos tipos de interés elevados que han supuesto unas condiciones de financiación más cara para las empresas y los ciudadanos.

Dado que los salarios públicos crecen (14%) más que los privados (7,5%) y ambos por debajo de la inflación (16%) entre 2013 y 2022, no puedo más que concluir que hemos estado perdiendo poder adquisitivo, o dicho de otro modo, que cada día somos más pobres. Para los inversores ha podido ser un buen año: la bolsa se ha comportado muy bien, recuperando mucho de lo perdido el año anterior 2022. A algunas empresas les ha ido muy bien, a otras no tanto, una situación ambivalente que, en conjunto, ha tenido una tendencia de más a menos, con un primer semestre positivo y un segundo de mayor estancamiento.

Lo que es innegable es que Navarra sigue estancada en los índices de competitividad. La Comunidad foral se encuentra en el puesto 117º de las 234 regiones europeas analizadas por la Comisión Europea, exactamente en la mitad. A nivel nacional, según el último informe del Colegio de Economistas, hemos perdido el segundo puesto a manos del País Vasco. La competitividad, entendida como la habilidad de una región para ofrecer un entorno atractivo y sostenible en el tiempo para que empresas y personas vivan y trabajen en las mejores condiciones, es crucial para cualquier territorio. Y, por desgracia, en Navarra no mejoramos.

Uno de los aspectos en el que siempre suspendemos, y, por tanto, no nos ayuda a corregir el rumbo, es el de infraestructuras. A la vista está que no estamos bien comunicados: el Tren de Alta Velocidad ni está ni se le espera, los vuelos en Pamplona brillan por su ausencia y somos la única CCAA que no cuenta con autovía para llegar a Madrid. Ah, y la segunda fase del Canal de Navarra parece el cuento de Pedro y el lobo, que se anuncia que llega pero nunca es así.

Tenemos un mercado de trabajo con tasas de paro alejadas del pleno empleo que en su día conocimos. Ya hay 6 comunidades españolas con índices de desempleo menor que Navarra. Y, al mismo tiempo, las empresas siguen teniendo dificultades para contratar personal, tanto cualificado como no cualificado. ¿Cómo podemos cerrar 2023 con casi 30.000 parados y no encontrar trabajadores? Hay una clara disfunción del sistema que, al menos en parte, se explica por las personas a las que le sale a cuenta cobrar el paro, la renta garantizada o el ingreso mínimo vital antes que trabajar. No podemos obviar que quienes van a hacer que la economía se recupere y que los navarros lo notemos son las empresas privadas navarras. Pero lamentablemente, no somos una región que atraiga inversiones. El último dato de inversión extranjera, correspondiente a los tres primeros trimestres de 2023, confirma esta afirmación: de toda la inversión extranjera que ha venido a España, 18.303 millones de euros, a Navarra han llegado 3,78. El 0,02% del total. Esto no había sido así nunca. La explicación es clara: no somos atractivos.

A finales de año se conocieron los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) de la OCDE correspondientes a las pruebas realizadas en 2022. Navarra ha sufrido una caída sustancial en ciencias y matemáticas y, tras la debacle en lectura en 2018, ha recuperado posiciones. Aun y todo, la Comunidad foral ha pasado de ser líder en todas las áreas a situarse en puestos intermedios: 8ª en ciencias, 6ª en matemáticas y 9ª en lectura. Al comparar las diferencias de puntuación en una década (2022 frente a 2012) se observa que Navarra ha caído por encima de la media de la OCDE y de España. De hecho, ha sido la segunda región que más puntuación ha perdido en ciencias, la primera en matemáticas y la tercera en lectura.

En este sentido, merece la pena recordar que el Gobierno de Navarra ha aumentado de 2015 a 2022 en casi un 50% su presupuesto en educación (de 521 a 779 millones de euros). Y, en total, los Presupuestos Generales de Navarra han crecido la friolera de un 68% en una década. ¿Han notado mejores servicios públicos con este incremento? Los resultados en educación, en sanidad… todos van a peor a pesar de aumentar más el gasto.

El 2023 ha estado aderezado, además, por mucha crispación política. Navarra es una región pequeña que ha de competir en base a su eficiencia, seguridad jurídica, respaldo empresarial, optimización y desarrollo de sus infraestructuras físicas y tecnológicas, fiscalidad favorable, paz social y reputación. Con la moción de censura en el Ayuntamiento de final de año abriendo telediarios nacionales hemos conseguido justo lo contrario: una mala imagen que va a ser difícil restaurar.

Poco va a cambiar el 2024 si las políticas públicas son continuistas respecto a los anteriores. Y parece, al menos por ahora, que no va a haber cambios sustanciales. Si se sigue haciendo lo mismo, el resultado será el mismo. Así que, por desgracia, solo puedo esperar de este año el mismo estancamiento económico y de competitividad de años anteriores. A no ser que se corrija el rumbo. Lo que hay que hacer se conoce -en otro artículo detallaré cómo creo que debería actuarse-, ahora solo falta iniciarlo. Aún se puede.

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