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La entrega de la alcaldía de Pamplona a Bildu por parte del Partido Socialista de Navarra es una pésima noticia para la ciudad y, por extensión, para el conjunto de la Comunidad Foral, sus empresas y sus ciudadanos. No es misión de Institución Futuro hacer una valoración política de esta trascendente decisión, otros muchos la harán. Pero sí es competencia de este think thank el evaluar las repercusiones que puede tener la decisión de poner el nombre de Bildu en el frontispicio de la casa consistorial de la capital de Navarra.

Y ello por dos motivos, a cual más importante: por lo vinculado a la reputación más allá de nuestras fronteras y por la nueva amenaza de paralización de la ciudad y de sus más importantes proyectos. Navarra es una comunidad de muy reducido tamaño que solo puede competir con el resto del mundo a base de eficiencia, seguridad jurídica, respaldo empresarial, optimización y desarrollo de sus infraestructuras físicas y tecnológicas, fiscalidad favorable, paz social y reputación.

Pues bien, ninguna de estas premisas es promovida por el partido entrante. Todo lo contrario, cada una de ellas ha tenido y tiene una línea de ataque por parte de Bildu. Otra cosa es el Partido Socialista de Navarra, antaño verdadero motor de modernización y progreso de Navarra y hoy tan solo un caballo de Troya de los pro-destructores económicos de la Comunidad Foral.

Pamplona es por su capitalidad, tamaño e imagen nacional e internacional una pieza clave para el desarrollo de Navarra. Bildu ya gobernó Pamplona por méritos propios hace dos legislaturas y durante esos cuatro años demostró de lo que eran capaces para transformar la ciudad, es decir, nada. No solo eso, sino que paralizó proyectos clave que todavía no se han recuperado. Irónicamente, una paralización de la que ahora acusan al actual consistorio y con la que justifican la moción de censura.

En estas circunstancias nuestra percepción de lo que se le viene encima a Pamplona y, por extensión a Navarra, no pueden ser más negativa. Porque como antecedentes ya tenemos lo que está sucediendo en la Comunidad Foral gracias a las imposiciones económicas y estratégicas de Bildu al Gobierno de Navarra desde hace ya nueve años, primero gobernando y después condicionando por completo la acción de gobierno. La desastrosa fiscalidad, la paralización de inversiones, el clamoroso incremento de gasto público sin ninguna contraprestación a la ciudadanía, el palmario retroceso en los principales servicios públicos: educación y sanidad y la prácticamente nula inversión empresarial.

En definitiva, una pérdida de imagen exterior y de competitividad económico-social de largo alcance. En Institución Futuro sabemos que la decadencia económica de una región no se produce de forma instantánea, sino que es una rampa de descenso imperceptible para la ciudadanía. Para cuando uno se da cuenta, ya no tiene remedio. Navarra ha retrocedido en los últimos años en todos los indicadores socio-económicos medidos a escala regional europea: más desempleo, más pobreza y, como conocíamos hace pocos días, menos competitividad, perdiendo el segundo puesto a nivel nacional a favor del País Vasco. Si hace años Navarra propugnaba por estar entre las mejores regiones de Europa, ahora languidece ya entre la mediocridad. Ojo, que si solo nos medimos a nivel nacional, estamos entre las regiones líderes, pero como indicaba también estamos dejando de ser los número uno.

Según el nuevo ministro socialista Oscar Puente, Bildu es “un partido progresista y plenamente democrático”. Sin entrar a valorar si la segunda premisa, la referencia a la democracia, es válida, sí queremos opinar sobre el progresismo de este partido. Bildu, ahora ya plenamente respaldado por el Partido Socialista de Navarra es, simplemente, una organización retrógrada frente al progreso. Es el anti-progresismo en estado puro. Lo lleva demostrando más de 40 años, atentando y atacando todos los proyectos de Pamplona y todos y cada uno de los proyectos de Navarra. Es una organización que solo contempla fines políticos, y que para ello bloquea y lastra el desarrollo socioeconómico de Navarra con el único fin de conseguir lo que pretende: la plena dependencia de Navarra respecto de la entelequia de Euskal Herria.

El 28 de diciembre, gracias al PSN, se va a dar un paso de gigante para lograrlo. Es posible que Bildu no logre a medio plazo la integración de Navarra con Euskadi -por lo que ETA asesinó a casi mil personas-; pero sí que va a conseguir que Navarra sea un virreinato del País Vasco, bajo gobiernos de Bildu, solo o en combinación con el PNV y el PSN. Y para ello, cuanto peor esté Pamplona y Navarra en términos socioeconómicos mejor para Bildu. Y es lo que van a intentar lograr: una región más empobrecida.

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