El economista, 12 de diciembre de 2006
Los empresarios deben asumir el compromiso de la innovación, tanto de la tecnológica como de la no tecnológica, de forma que la promoción de I+D+i sea una tarea prioritaria, según un estudio sobre “El sistema de I+D+i en Navarra” que señala que éste es “muy joven” y está teniendo una evolución “muy positiva”, aunque con “debilidad” en algunos indicadores.
El estudio realizado por la Cámara Navarra de Comercio e Industria y la Institución Futuro fue presentado hoy en rueda de prensa por los presidentes de estas instituciones, Javier Taberna y Javier Troyas, y Fernando San Miguel, autor de la obra junto con Cristina Berechet y Mariangeles Les.

Ambas instituciones parten de que quizás se debería separar la investigación y el desarrollo(I+D) de la innovación (i), ya que, según Taberna, “esta última la pueden hacer todas las empresas, es una herramienta absolutamente necesaria, sustancial para que una empresa pueda tener éxito en este mundo globalizado”.

Al respecto Troyas indicó que “el avance en una economía madura como la navarra depende de una capacidad competitiva que se basa en buena medida en la innovación”, a lo que añadió que Navarra es de las comunidades españolas que más recursos destina a I+D+i.

Tras reconocer los esfuerzos que las entidades públicas y privadas están haciendo para desarrollar dinámicas innovadoras y agradecer el liderazgo de la administración en ese sentido, sostuvo que “es hora de que el protagonismo pase al sector privado, es hora de que los empresarios asuman el compromiso de la innovación, hasta el punto de que la promoción de I+D+i sea una tarea prioritaria”.

Esta es una de las conclusiones del estudio, en el que además se alude a la necesidad de conseguir una “conexión válida entre la universidad y la empresa” y es que, según dijo, “aunque hay un buen número de investigadores, una proporción entre las más elevadas de Europa, muchos circunscriben su investigación al ámbito universitario, lo que impide que sus investigaciones tengan suficiente aplicación por parte de las empresas”.

Al respecto, según precisó San Miguel, en el análisis realizado se constata que la universidad “no vive de espaldas a la sociedad”, pero la interlocución es más difícil por la estructura administrativa, los diferentes sistemas de incentivos y la mentalidad de la empresa que, subrayó,”tiene que evolucionar y reconocer que la innovación es necesaria y a largo plazo”.

En cuanto a la relación de los centros tecnológicos y las empresas resaltó la voluntad de los centros de que se de una transferencia de tecnología y conocimiento, así como el hecho de que ha mejorado la comunicación y hay una mayor colaboración.

De la Administración resaltó el dinamismo de los últimos años, con un incremento de recursos, el impulso de nuevos sectores y un fomento de la cooperación, pero al mismo tiempo señaló que las acciones hasta ahora están focalizadas en la innovación tecnológica, por lo que abría que incidir en la no tecnológica, están excesivamente centradas en el sector industrial, y son más inaccesibles para las pequeñas empresas.

El estudio concluye, entre otras cuestiones, que la interacción entre los distintos agentes del sistema de I+D+i está todavía en fase de desarrollo y que hay poco aprovechamiento de las capacidades existentes para el desarrollo de nuevas iniciativas. Entre sus recomendaciones destaca la elaboración de planes diferenciados para la innovación y para la investigación y desarrollo, el impulso de la innovación básica, el impulso de la creación de empresas desde las instituciones de investigación y transmitir la innovación a todos los niveles ya que “en última instancia depende de los valores sociales”.

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