Diario de Navarra, 13 de diciembre de 2012
Luis Jordán, miembro del Consejo de Gobierno del think tank Institución Futuro

En los últimos tiempos han proliferado los documentos relativos al emprendimiento. Desde el ámbito público, en Navarra, contamos con proposiciones de ley del PPN y PSN y un plan de emprendimiento del Gobierno. A nivel nacional, se está trabajando en una ley que parece saldrá a finales de 2012 y, a nivel europeo, se está elaborando un plan de acción para el emprendimiento.

Además, existen otros muchos decálogos, informes y documentos desde el ámbito universitario y privado. No cabe duda de que es una buena noticia el que ya todos, y desde todos los ámbitos, reconozcan y consideren que los emprendedores son necesarios para el progreso económico y social. Pero, por lo general, se suele abordar la cuestión del emprendimiento desde un único punto de vista: el de conseguir fomentar el espíritu emprendedor para crear puestos de trabajo. Sin embargo, emprendedores no son solo aquellos que inician una nueva empresa, sino todos aquellos capaces de idear y poner en marcha nuevas iniciativas en su trabajo o en su vida personal. ¡Qué sería de las empresas existentes si no contaran con personas emprendedoras capaces de lanzar nuevos productos o atacar nuevos mercados! O de muchas familias si alguno de sus miembros no hubiese emprendido la aventura de buscar trabajo en otros lugares…
Está muy bien que administraciones y políticos establezcan el contexto legal y administrativo que favorezca la proliferación de empresas, pero no es suficiente. Que una sociedad sea emprendedora es una labor de muchos: familias, empresas, ámbito de la educación, administración, parlamento, entidades financieras y ciudadanos en general. Es necesario que cada uno tome su testigo y trabaje su parte en colaboración con los demás agentes.
Todos los padres podemos y deberíamos colaborar en el fomento del espíritu emprendedor de nuestros hijos dentro de casa. Porque la capacidad de poner en marcha nuevos proyectos es y será una competencia necesaria y valorada que mejorará su empleabilidad y su contribución a la sociedad. Existen medidas sencillas que podemos poner en práctica, como hacer que se ganen la paga, por ejemplo detectando propuestas de mejora en la casa, o no planificar hasta el último minuto la agenda de los niños, sino concederles tiempo para que busquen formas activas de llenar su tiempo y divertirse o como preguntarles siempre ante cualquier “fracaso” qué han aprendido.
La formación escolar, primaria, media, universitaria y continua, posee también un gran valor para el emprendimiento. Está bien que existan asignaturas o charlas sobre emprender, pero es insuficiente. El entrenamiento de los niños en las habilidades y capacidades emprendedoras debería abordarse como un continuo en las diferentes asignaturas a través de la manera en que se enseña y de los trabajos y actividades que éstos realizan para aprender. Pero nadie da lo que no tiene, y por ello es necesario que los educadores dispongan de la formación adecuada para poder entrenar a sus alumnos. Es ahí donde resulta muy deseable la existencia de un continuo contacto entre empresarios-emprendedores y profesores. Además, las organizaciones que se dedican a la formación deberían propiciar y valorar de alguna forma el esfuerzo de sus profesores por fomentar el emprendimiento.
La empresa es otro entorno privilegiado que puede hacer muchísimo por fomentar el espíritu emprendedor. La importancia de colaborar con los educadores en su formación y la de los alumnos, su apertura y transparencia de cara a los medios de comunicación para trasladar una imagen realista de los empresarios, o su posible papel como empresas “madrinas” y clientes de las empresas recién nacidas son aspectos clave. Asimismo, las propias empresas deberían ser organizaciones innovadoras que propiciaran el surgimiento y puesta en marcha de nuevos proyectos en su seno. En este ámbito privado, las entidades financieras y las sociedades de capital riesgo pueden también hacer mucho por financiar adecuadamente todos estos proyectos y por no estigmatizar los fracasos.
Capítulo especial requieren los medios de comunicación debido a su gran influencia colectiva a la hora de transmitir una imagen positiva del emprendedor y del empresario mostrando los beneficios sociales y económicos del emprendimiento. La presentación de microhistorias de éxito y fracaso con sus aprendizajes pueden ser una buena herramienta para mostrar que el emprendimiento está al alcance de muchos.
Pero incluso no estando en ninguna de las categorías anteriores los ciudadanos somos también importantes en el fomento del emprendimiento: podemos ayudar al desarrollo de nuevos productos y servicios consumiéndolos y aportando críticas constructivas para su mejora, o invertir pequeñas cantidades en nuevos proyectos, el llamado crowdfunding…
Existe una gran cantidad de pequeñas cosas que todos podemos hacer para favorecer el emprendimiento Sumadas, adquieren un potencial extraordinario. ¿Se anima? Hágalo, es por el bien de todos.

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