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Un reciente estudio del Consejo General de Economistas recoge el análisis de la competitividad de las regiones españolas, entendiéndola como “la capacidad de proporcionar un entorno favorable a las empresas, ya sea a través de factores propios del territorio (por ejemplo, recursos naturales) o bien mediante la consecución o ampliación de otros, tangibles o intangibles”. El informe concluye que Navarra es la segunda región española más competitiva, solo superada por Madrid, y seguida por el País Vasco.

Estos datos, en principio, pueden parecer positivos. Pero permítanme que realice alguna matización importante. La primera, que la sola comparación con el resto de comunidades autónomas españolas no muestra la foto completa. Las empresas navarras compiten en la liga europea y en este caso, si comparamos a Navarra con las 268 regiones europeas, se comprueba que en términos de competitividad nos encontramos en la parte baja de la tabla, en el puesto 165, tras una caída de 30 posiciones en los últimos 6 años. Así lo ratifica la Comisión Europea en sus análisis trienales. Asimismo el Círculo de Empresarios viene confirmando año tras año que los principales indicadores de competitividad a nivel país no mejoran, dejando a España en muy mal lugar.

La segunda matización es que el Consejo de Economistas, para su estadística, toma como referencia siete grandes áreas: entorno económico, mercado de trabajo, capital humano, entorno institucional, infraestructuras básicas, eficiencia empresarial e innovación. A este respecto, destacamos positivamente en nuestra eficiencia empresarial y tenemos un importante margen de mejora el entorno económico y el de infraestructuras. La Comisión Europea coincide con que las infraestructuras son uno de nuestros principales déficits. El organismo europeo señala, además, otras áreas de mejora como son la eficiencia del mercado laboral, el tamaño del mercado y la sofisticación empresarial.

En tercer lugar, me gustaría referirme a la innovación, clave para la competitividad de las empresas. Navarra se mantiene en el tercer puesto en el gasto de I+D en relación con el PIB, detrás de País Vasco y Madrid. Nos hemos estabilizado alrededor del 1,7% cuando en años precedentes llegamos a gastar el 2,1%. En cualquier caso por encima de la media española, 1,2%, y por debajo de la media europea que está en el 2,2% y muy lejos de los Países Nórdicos, Alemania, Japón, EEUU, Austria… todos ellos por encima del 3%, o Corea del Sur gastando más del 4,5%.

Otro aspecto importante es la fiscalidad. Se acaba de publicar el índice de competitividad fiscal, que evalúa los sistemas tributarios de las distintas regiones españolas bajo los criterios de neutralidad, sencillez y tipos. Navarra pasó de la séptima posición en 2017 a la décimo cuarta en 2018 y no se ha movido de ahí en los últimos dos años. Destaca, además, que la Comunidad Foral es la CCAA con el impuesto sobre la Renta menos competitivo (puesto decimonoveno).

Según el Instituto de Estudios Económicos (IEE) la presión fiscal normativa de las empresas en España es un 10,5% superior a la media europea, supone un 11,1% del PIB frente al 9,6% de la UE, y la recaudación procedente de las empresas supone un 31,9% del total frente al 24,6% del promedio europeo. En el año 2020, España ocupaba el puesto 27 del total de los 36 países analizados por la Tax Foundation para elaborar el índice de competitividad fiscal, cuatro puntos por debajo del año anterior.

Dado que la fiscalidad influye en el crecimiento económico, en un momento de profunda crisis como la presente la única forma de aumentar de forma sostenible la recaudación es favoreciendo la recuperación de la actividad. Unos impuestos altos pueden suponer un incremento de la recaudación a costa de una menor y más incierta recuperación, lo que condicionaría el futuro.

Los sistemas tributarios son uno de los factores clave a la hora de que una empresa decida instalarse en una u otra región. Mucho me temo que con el sistema fiscal y con la inestabilidad regulatoria actual Navarra ha perdido parte del atractivo que siempre ha tenido a la hora de atraer inversiones.

Del total de empresas que cambiaron de Comunidad Autónoma su sede social entre enero y septiembre de 2020, la Comunidad Foral solo recibió al 1,38% de las mismas. El saldo neto entre las que llegaron y se fueron fue de menos 11. ¿Qué es lo que tendríamos que hacer para conseguir que Navarra fuese más atractiva? La recién aprobada ley de deslocalización no va en esa dirección.

Por todo lo comentado nos viene a la cabeza el dicho de que, en el mundo de los ciegos, el tuerto es el Rey. Pero Navarra no compite en el mundo de los ciegos, sino que forma parte de un mercado global muy competitivo, por lo que si queremos conseguir una rápida recuperación económica creando el mayor número de puestos de trabajo, nuestros actuales índices de competitividad deben mejorar para ser de nuevo una región atractiva para las inversiones. La actual situación de crisis así lo exige.

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