Diario de Navarra, 5 de junio de 2010
José Javier Olloqui, director general de Institución Futuro
Me encontré con un buen amigo a las 9 de la mañana. Estaba disgustado porque se había desayunado con la noticia de que el Gobierno pretendía subir la edad de jubilación a los 67 años, decisión que retiró al día siguiente, pero que, en ese momento, mi amigo todavía no podía predecir. ¿67 años?, le pregunté. En tu caso, la jubilación será a los 70. No me fastidies, me dijo, no me amargues más el día. Pues sí, amigo, en tu caso, será a los 70.
Sólo te quedan dos soluciones: un buen plan de salud, para llegar lo más sano posible a esa edad y un buen plan de pensiones para cubrir lo que no pueda pagarte el sistema oficial. Nuestros políticos trabajan con unas limitaciones intrínsecas que no les facilitan la gestión ni el diseño de políticas acordes a las necesidades del país. Tienen un horizonte limitado en sus mandatos, por lo que sus acciones se planifican a una legislatura vista. Están siempre supeditados al beneplácito del votante, lo que les lleva a legislar más con las encuestas de imagen que con las necesidades reales. Están sometidos a la disciplina de partido, por lo que no existe la posibilidad de discrepancia, al menos de puertas para afuera. Y, en muchos casos, el sistema democrático español nos lleva a que sean los partidos menos votados los que deciden por la mayoría. Es difícil gobernar así. Se necesita mucho valor para romper estas limitaciones y hay que tener la habilidad para nadar entre el bien público y el mantenimiento del poder.

Zapatero es un perfecto ejemplo de político puro, atado a las limitaciones anteriores. Incapaz de decir a la ciudadanía lo que ella ya sabe, aunque siga con la ilusión de que es mentira, que no es totalmente cierto lo que está viendo. Ser valiente para afrontar la realidad que nos viene va a ser necesario. Los ciudadanos queremos que nos cuenten la realidad tal y como es: somos más pobres, porque ingresamos menos y generamos menos riqueza, y tenemos que vivir con lo que tenemos. El Sr. Miranda, por ejemplo, no es un político al uso, y se le nota. Te cuenta en público y en privado lo que se oye en la cocina de las casas: vamos a tener que apretarnos el cinturón, porque no tenemos dinero y no podemos ni debemos pedir más al banco. Y esta sensatez se agradece. Es necesario que estos mensajes tan sencillos y tan claros calen entre los ciudadanos.

El problema está en que los ciudadanos todavía no queremos ver las consecuencias de la actual situación, no queremos bajarnos del tren de lujo en el que nos habíamos montado. Es comprensible, pero todavía hay algo más en lo que nos autoengañamos, y es en hacernos la ilusión de que la salida del túnel está cerca. Aunque esta actitud también es comprensible, no obstante, la realidad va a ser tozuda y los economistas más críticos y duros, ¿más realistas? nos hablan de un largo periodo de cinco a diez años. Mi amigo estaba enfadado con el Gobierno, porque había tomado medidas que afectaban a su bienestar, pero vamos a ver muchas más medidas que no nos gusten. Hemos comprometido un estado de bienestar que en Navarra encierra 150 medidas, de las cuales 90 son universales y gratuitas. Es una buena hipoteca que nos va a ser imposible cumplir. Hay que saberlo y nos lo tienen que decir sin miedos y sin tapujos. Es tiempo de priorizar y es tiempo de optimizar, es tiempo de no derrochar. Va a ser una cura de realidad que nos va a venir bien a todos. Va a primar lo esencial: sólo vale la generación de valor y de riqueza, la cooperación entre todos apoyándonos y haciéndonos más fuertes, dejando a un lado individualismos y protagonismos caros e inútiles. Que nadie se asuste, pero esto va en serio, y lo mejor de todo es que lo afrontemos como es, es decir, como un gran problema que tiene solución.

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