Expansión, 1 de diciembre de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Es un hecho irrefutable que la política exterior española está siendo muy poco afortunada. El influjo de España en el concierto mundial está bajo mínimos. Apenas se cuenta con nuestro país en los foros en que se toman las grandes decisiones. Merece la pena recorrer los diferentes escenarios para poder valorar así nuestra política exterior.
Estados Unidos. El prestigio del general español Félix Sanz había hecho creer que sería nombrado presidente del Comité Militar de la Alianza Atlántica. El hecho de que nuestro militar cayera en la primera ronda de votaciones es muy significativo. A primera vista puede parecer que este fracaso es la consecuencia del desprecio que hizo Zapatero a todo el pueblo estadounidense de sentarse al ver que comenzaba a desfilar la bandera norteamericana, pero no es así. Hay más razones.

Destaca el hecho de que la misión de España en Afganistán ha perdido el control del 70% del territorio que debía custodiar. Tampoco es fácil que EEUU olvide el adelanto de tres meses de la salida de las tropas de España de Irak, y las declaraciones realizadas a continuación por Zapatero en Túnez animando a otros países a retirar las tropas desplazadas a Irak. Tras todos estos hechos parece lógico que Zapatero sea el único Presidente de un país de nuestro nivel económico y tamaño que no haya sido recibido por Bush.

Unión Europea. La debilidad de España proviene en parte de su aislamiento de los bloques que forman Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, situación que nos convierte en unos conformistas con lo que lo que esos países quieran darnos. Esta incapacidad reivindicativa ha provocado que perdamos cuota de poder y subsidios en la UE. Nos guste o no, en los ocho años que gobernó el Partido Popular España tuvo una respetabilidad en Europa muy superior a la que el PSOE ha conseguido en la presente legislatura.

En buena parte ese prestigio se debió a que Aznar consiguió un reto que parecía imposible: meter a España en el euro. También fue beneficiosa la amistad que Aznar supo cultivar con importantes líderes. Por el contrario Zapatero no ha sido prudente y se arriesgó a apostar sin necesidad a favor de los candidatos perdedores, error que ha malogrado sus relaciones con los actuales mandatarios.

Latinoamérica. Hugo Chaves tuvo esa falta de consideración con España en la cumbre en Santiago por la debilidad que ve en Zapatero, flaqueza que también la percibe Michelle Bachelet, presidenta de Chile, como prueba el hecho de que ésta no actuara con contundencia en su condición de moderadora del debate. Otra muestra de lo poco que cuenta la diplomacia española es su escasa influencia para formar una coalición de países con intereses en Latinoamérica que fortaleciera la defensa de las empresas españolas. El desamparo de OHL para exigir la actualización de las tarifas de sus autopistas en Argentina, o el que se transija con la medio expropiación de Repsol YPF en Bolivia y Venezuela son ejemplos claros de lo que la carencia de liderazgo internacional cuesta a España.

El Magreb. Es difícil llevarse mal a la vez con Marruecos y con Argelia, y sin embargo España lo ha conseguido. Ni los intereses de los ceutíes y melillenses, ni los del pueblo saharaui, ni los de tantos inversores españoles en Marruecos están ya seguros tras la retirada del embajador alauita. También el gran contrato de suministro del gas argelino para treinta años, que Repsol había suscrito en 2004 con la compañía estatal argelina Sonatrach, ha sido injustificadamente rescindido. Sin embargo Sarkozy está haciendo buenos negocios tanto en Argelia como en Marruecos. Por último recordar el triste papel de la diplomacia española en El Chad, donde fue el presidente francés el que supo imponerse para liberar a la tripulación española del avión secuestrado.

Estos pésimos resultados de la política exterior española no se le pueden imputar a nuestros diplomáticos, sino a quienes los dirigen. Miguel Ángel Moratinos es sin duda más responsable que Zapatero del ridículo que está haciendo España. Como diplomático de carrera debiera haber advertido al presidente para que no cometiera tantas equivocaciones y gestos grotescos. Torpezas, como la Alianza de las Civilizaciones y las amistades peligrosas con tiranos impresentables, tan sólo conducen a llevarnos mal con los que de verdad nos importan. Por último, poner las relaciones internacionales de España al servicio del electoralismo del PSOE es un error descomunal, cuya factura del desprestigio causado la vamos a pagar durante muchos años.

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