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Acabo de leer la reciente Encuesta de los Círculos publicada por el Círculo de Empresarios, donde se recogen las respuestas de 399 empresas españolas a cuestiones sobre la situación actual y “qué mejoras necesita nuestro modelo productivo para continuar promoviendo crecimiento y empleo y qué importancia tiene la política para animar las inversiones que lo hagan posible”.

En su presentación pública, organizada por Navarra Capital e Institución Futuro el pasado 1 de octubre, Miguel Iraburu, presidente del comité del Círculo de Empresarios encargado de llevar a cabo este estudio, fue muy claro a la hora de resumir las conclusiones de la encuesta.

La mayoría de empresarios coincide en que es necesario un marco de estabilidad y una política económica que favorezca la competitividad, el emprendimiento, la innovación y desarrollo tecnológico. De hecho piensan que España no ha sabido aprovechar la fase económica expansiva para acometer las reformas estructurales de calado necesarias para resolver problemas como son, entre otros, el reto demográfico, los elevados niveles de deuda y déficit públicos, la baja productividad o el desempleo.

Preguntados por las últimas medidas legislativas aprobadas, los encuestados consideran que éstas son especialmente negativas para la competitividad de la economía, la creación de empleo y la atracción de inversión extranjera directa. Las soluciones aportadas son promover una reforma fiscal que impulse la competitividad, la I+D, y el emprendimiento, así como un gran Pacto por la Educación.

Capítulo aparte merece el enorme margen de mejora detectado en la eficiencia de la asignación y gestión del gasto de las Administraciones Públicas. Dada la citada ineficiencia, como es lógico los empresarios no consideran oportuno que ese gasto se aumente vía incremento de la carga impositiva. Es decir, primero hay que aprender a gastar bien el dinero público con el que se cuenta -dinero que no olvidemos sí tiene dueño, los contribuyentes- antes de pensar en subir impuestos.

Todas estas medidas, que firmaríamos todos sin dudarlo, se encuentran con la misma piedra en su camino: necesitan la colaboración activa de todos los agentes implicados y de unos tiempos para llevarlas a cabo que exceden los propios de cada legislatura. En estos momentos parece que esa comunicación y capacidad de acuerdo parece que brillar por su ausencia en el panorama nacional y foral.

Ahí reside el auténtico reto: en lograr una auténtica sociedad sostenible que haga frente a la adversidad económica con salud financiera y capacidad de reacción. Pocos miran al bien común y muchos más al suyo propio, y así no hay manera de que el barco avance en alguna dirección: o está quieto o sólo da vueltas y más vueltas consiguiendo marear al personal y agotar a los remeros. Todos los demás que están en la orilla con los brazos cruzados miran la escena y piensan “si hablaran entre ellos, en vez de recordarse lo pasado…”.

Claro que esta actitud necesita altura de miras de unos y otros, comprender que de verdad el mundo está en nuestras manos, y que cada cual juega su papel necesario. Necesita de la colaboración de todos los agentes, incluido el Estado. Además, una buena colaboración público-privado ayudaría en la creación de un buen consenso social para lograr adaptarse a los cambios, es más, impulsarlos para generar más bienestar social.

Pero como digo, todo subyace en una misma base: querer hacerlo. Actuar con valentía y responsabilidad. Y dado el panorama valdría la pena releer de nuevo todas las propuestas del Círculo de Empresarios y localizar a los valientes que pueden encontrar el apoyo que se necesita para patronear el barco a puerto.

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