Diario de Navarra, 15 de mayo de 2016
Miguel Canalejo Larrainzar, miembro del Consejo de Gobierno de Institución Futuro

El Indicador de Confianza Empresarial, que publica trimestralmente el INE, recoge las opiniones de gestores de empresas sobre la marcha general de su negocio. Los resultados más reciente sobre Navarra supusieron un toque de atención: la confianza empresarial aún no ha recuperado los niveles de finales de 2015. A este dato se suman otros dos publicados recientemente. Uno, el de la Cámara de Comercio de Navarra, que indica que las expectativas de las empresas navarras empeoran para 2016. El otro, el del informe “Perspectivas España 2016” de KPMG, que concluye que solo el 19% de los navarros considera que la evolución a 12 meses va a ser positiva, frente a otras regiones con más del 60% de optimistas.

Que los empresarios navarros tengan una visión tan negativa sobre el futuro de Navarra es, en parte, un diagnostico basado en su percepción de la realidad de cada día. Que exista una falta de confianza en el futuro refleja, además, su hipótesis sobre lo que esperan de los que nos gobiernan. Este hecho es preocupante porque la confianza de los empresarios es un elemento esencial para generar prosperidad colectiva y garantizar el desarrollo sostenible de Navarra. No hay ningún país desarrollado, innovador y competitivo en el que no haya un alto grado de confianza, tanto de los ciudadanos hacia sus instituciones, como entre los distintos sectores de la sociedad.

No puede haber una salida definitiva de la crisis sin que las empresas marchen bien y generen puestos de trabajo. El paro registrado en Navarra es nuestro principal problema, y no ha descendido en los últimos nueve meses. Hay que recordar que el 80,6% de los empleos lo genera la empresa privada por lo que, si ésta no tiene confianza en el futuro y reduce sus inversiones, nuestro inaceptable nivel de paro corre el riesgo de convertirse en estructural, con nefastas consecuencias para la convivencia, las cuentas públicas, la igualdad y el bienestar de la sociedad. Por lo tanto, es fundamental tomar acciones que permitan recuperar la confianza empresarial.

En primer lugar, el Gobierno Foral debe rectificar su política fiscal, que coloca a Navarra, a sus empresarios y a sus ciudadanos en una peor posición competitiva respecto al resto del Estado. Es muy probable, además, que la mayor presión fiscal sobre el ahorro, el trabajo de los ciudadanos y los rendimientos empresariales no se vaya a traducir en una mayor recaudación, y corremos el riesgo de que perjudique el consumo y la inversión.

En segundo lugar, el gobierno de Navarra tiene que demostrar una mayor determinación en la eliminación del déficit público. Es decepcionante ver que éste aumentó el año pasado al 1,28% del PIB regional, superando el objetivo nacional del 0,7% y empeorando sobre los resultados alcanzados por el anterior gobierno en el 2014, del 0,85%. Resulta especialmente alarmante este problema en un año de fuerte crecimiento económico, del 2,9% a nivel regional y del 3,2% a nivel nacional. Si no somos capaces de cumplir nuestros objetivos de déficit en un entorno económico especialmente favorable, sin inflación, con dinero barato y abundante y cambio del euro favorable, lo que se traslada a la sociedad es que, cuando la coyuntura sea más desfavorable, lo que nos esperan son más subidas de impuestos.

Se han paralizado inversiones clave para el futuro como el Canal de Navarra y el tren de Alta Velocidad, pero la dotación de infraestructuras es un elemento esencial para el desarrollo económico, la creación de empleo y para generar avances en la competitividad, en el bienestar y en la cohesión territorial .Y el recurso a la deuda tiene un límite. Navarra ha multiplicado por cinco su deuda desde el comienzo de la crisis, desde 650 millones de euros a 3.300 millones al final del 2015.Hay que ser conscientes de que el coste de la deuda difícilmente será tan bajo como en este momento y, además, que para reducirla hay que generar en el futuro superávits fiscales continuados.

Todas las consideraciones anteriores nos llevan a constatar que, si hay que reducir el déficit, y no es factible aumentar los ingresos ni demorar inversiones, solo queda la desagradable tarea de reducir los gastos de la Administración, algo en lo que el Gobierno de Navarra no es ejemplar. Sirva como ejemplo la evolución del gasto de personal, que llegó en el 2015 a 1179 millones de euros, el 36,8% de lo recaudado en impuestos. Una cifra histórica que ha vuelto a alcanzar los niveles de antes de la crisis, lo que supone una enorme contradicción con los sacrificios que tanto familias como empresas han hecho durante estos años.

Finalmente, para recuperar la confianza de los empresarios creo que es necesario buscar todas las vías posibles para reforzar el diálogo entre el Gobierno de Navarra, las empresas y sus asociaciones representativas. Es imprescindible que las empresas vean por parte del Gobierno un apoyo claro, decidido y sincero, conozcan sus planes con antelación y tengan la oportunidad de ofrecer sus ideas al respecto. El destino de Navarra no está escrito y, como en el pasado reciente, la confianza empresarial en el futuro es un prerrequisito esencial para tener éxito en cualquier empeño colectivo que, como sociedad, nos propongamos, sobre todo el de desarrollo económico.

Miguel Canalejo Larrainzar es miembro del Consejo de Gobierno de Institución Futuro

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