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DIARIO DE NAVARRA
 
Leo que el Gobierno de Navarra ha aprobado crear una fundación pública para “la gestión directa de varios servicios sociales, unos servicios que habían sido adjudicados a terceros mediante contratación pública”. En la explicación que Miguel Laparra (vicepresidente de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra) ofrece sobre la necesidad de esta fundación afirma que “la trascendencia de estos servicios hace que sea conveniente una gestión a través de una fundación pública, garantizando la continuidad del servicio a través de la subrogación de los profesionales cualificados y con experiencia cuya labor en las fundaciones mencionadas ha sido muy satisfactoria”.
 

Es decir que aunque se venía haciendo estupendamente, hace falta un ente intermedio que coordine qué hace quién y cómo. Junto a los profesionales de los departamentos, aparece esta fundación intermediaria, que necesitará dotarse de recursos, duplicará el organigrama e, imagino, complicará la gestión que pretende ser más “transparente”. Habrá que ver en qué resulta, y si solventa las deficiencias que presenta la gestión de estos servicios.

Dejando de lado la discutible estructura, si revisamos los datos de Navarra, la verdad es que en materia de Derechos Sociales hay trabajo por hacer. Tenemos el índice más bajo de pobreza de España, según el índice Arope, pero el último informe señala que estamos perdiendo fuerza y, el índice –que sigue siendo positivo- empeora posiciones. La situación en Navarra no es tan buena, algo está pasando para que aunque sea un incremento bajo, más familias navarras estén en riesgo de pobreza y exclusión que hace dos años.

Con este dato en la mano, ¿qué hará el Gobierno de Navarra para revertir la situación? Revisando la información de la página web del Gobierno de Navarra sobre los presupuesto para el 2019, aparecen políticas activas de empleo (bien) pero con los mayores aumentos concentrados en ayudas económicas específicas. Sean bienvenidas las ayudas a la dependencia, discapacidad, atención a personas mayores, enfermedad mental, familia e infancia. A corto plazo son una buena solución (siempre que exista recursos o el bolsillo del contribuyente aguante), pero es que a medio plazo son eso, ayudas, no soporte para revertir situaciones de dificultad, que permitan mejorar de manera estable y continua la situación de los 86.523 navarros que están en riesgo de pobreza y/o exclusión y 26.000 en pobreza severa (4 veces más que en 2008). Es decir: ayudaría que no sólo se dé el pez, sino que, además, se enseñe a pescar.

El trabajo unificado desde Departamento de Derechos Sociales -afirmaba recientemente el vicepresidente- que es “una oportunidad inmejorable para desarrollar políticas conjuntas para la inserción socio-laboral de personas y colectivos con especiales dificultades”. Bueno, pues aun contando con más recursos y medios está desaprovechando una situación inmejorable para servir a todos los navarros a cruzar el umbral de esa pobreza, darles el conocimiento y habilidades necesarias para crear por si mismos una riqueza, que revertirá en desarrollo económico conjunto y mejorará de las prestaciones sociales, asegurando la sostenibilidad del sistema. Entre otras cosas, este departamento tiene la capacidad de negociar con el resto qué gastos se asignan a qué partidas. Con una voluntad decidida se podrían reasignar recursos para seguir una de las recomendaciones del comité de derechos económicos, sociales y culturales de Naciones Unidas (Comité DESC), que en su informe de observaciones finales sobre el cumplimiento de estos derechos en España recomendaba, entre otras medidas ”seguir promoviendo programas de formación y capacitación técnica y profesional de calidad adaptados a las necesidades del mercado del trabajo”. En Navarra bastaría con dirigir los esfuerzos hacia una FP más desarrollada, que previsiblemente tendría una buena empleabilidad. En una reciente entrevista a José Antonio Sarriá, presidente de la CEN, afirmaba que a nivel nacional el 55% de las empresas tienen problemas para encontrar trabajadores para su empresa y que en Navarra el porcentaje posiblemente sea mayor.

Que en Navarra todavía no cuente con un Plan de Empleo consensuado da una muestra de la voluntad real de mejorar la situación o de seguir con ayudas necesarias pero insuficientes para el desarrollo sostenido de nuestra Comunidad foral. Sigue con el pez, que ya veremos si te enseño a pescar.

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