En los últimos meses el Gobierno de Navarra ha publicado tres planes cuyo objetivo último es el de ayudar a las empresas navarras para hacerlas más competitivas. Se trata del plan de innovación, el de industria y el de emprendimiento. Si algo tienen en común los tres, es que se ha contado muy poco con las partes implicadas, es decir, con los empresarios.

Ninguno de los tres, menciona ni tiene en cuenta la oportunidad que dan los fondos europeos Next Generation, que van a venir a Navarra al sector privado, y que van a necesitar del sector público, una gran complementariedad para no duplicar esfuerzos e ir todos alineados para sacar provecho de cada euro que venga de la UE.

Si nos detenemos en el último plan presentado, el de emprendimiento, comprobamos que el perfil del emprendedor actual navarro destaca por un objetivo de autoempleo de bajo nivel tecnológico. El emprendimiento en Navarra, con ratios muy alejados no solo de las regiones más emprendedoras, sino también de la media europea y de varias regiones españolas, no es por aprovechar una oportunidad real de negocio, sino como fórmula para tener trabajo.

El apoyo al emprendimiento es fundamental en cualquier sociedad con el objetivo de lograr que las empresas que se creen crezcan con rapidez y generen empleo. Eso se logra potenciando los negocios innovadores y tecnológicos. Sin embargo, no parece que vaya a ser el caso: no es un Plan ambicioso que vaya a potenciar el emprendimiento de valor añadido, que es el que puede sacar al emprendedor navarro del concepto de autoempleo.

Vuelvo a la idea inicial de que para que estos planes públicos sean efectivos hay que contar con todos los actores y fomentar al máximo la colaboración público-privada. De no hacerlo, se quedarán en mero papel mojado, como lo han sido muchos de los planes aprobados años anteriores.

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