Diario de Navarra, 12 de enero de 2014
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro
Lo cierto es que a mí hay cuestiones que me aburren soberanamente. Se han instalado en los discursos y en la sociedad y, en realidad, lo único que hacen es distraernos de las verdaderas preguntas que deberíamos hacernos. Me estoy refiriendo a la dicotomía entre lo público y lo privado. Lo importante no es, o no debería ser, quién provee determinado servicio (la Administración o la empresa) sino si éste es bueno o malo y si es accesible a todos. Ese es el foco.
Si pensamos en educación, encontraremos centros buenos y malos en lo público y en lo privado, y en lo que deberíamos fijarnos es en la calidad de los mismos, con independencia de su titularidad. El objetivo tendría que ser trabajar en la excelencia de todos los centros navarros y fomentar el intercambio de experiencias y buenas prácticas entre ellos. En segundo lugar, todos los navarros debemos tener acceso a una educación buena y de calidad. Creo que nadie discute este punto. Ahora bien, ¿por qué los ciudadanos sin recursos, que no pueden acceder a la enseñanza privada, tienen que verse avocados al pensamiento único? Existe un amplio sector que defiende que la enseñanza pública debe tener unas características concretas: laica, mixta… y trabajan denodadamente porque así sea. Lo que realmente están haciendo es limitar la capacidad de elección a las personas que solo pueden optar al modelo público por razones económicas. ¿Es esto sensato? ¿Es justo? En Navarra el sistema de conciertos favorece la libertad de elección para las personas con pocos recursos. Pero, desgraciadamente, algunos grupos políticos ya han anunciado su voluntad de suprimir los conciertos y, conociéndolos, no me cabe duda de que además impondrían su pensamiento a todo el sistema público. Si esto sucediera, perderíamos todos.

De verdad, ¿podemos dejar ya de una vez el discurso “público es bueno y privado es malo”? La realidad, que es tozuda, y los datos contradicen continuamente este axioma instalado y grabado a sangre y fuego en algunos sectores. Lo que sí es cierto es que, cuando no hay competencia, no hay mérito y no hay evaluación del desempeño, tendemos a acomodarnos. Puritita naturaleza humana. El resultado ya lo conocemos: las personas honestas que se auto-motivan y que están comprometidas con su trabajo siguen trabajando estupendamente, pero otras muchas bajan el rendimiento, se enquistan en el sistema e intentan frenar el ritmo a los demás. Sería muy interesante poder introducir algún sistema que lo evite. En un mundo ideal, los ciudadanos conoceríamos los resultados y calidad de cada servicio/centro y podríamos elegir. Los servicios/centros que se fueran quedando vacios: ¡a mejorar o a cerrar!

Pero, en general, decir “privatización” es como decir “que viene el lobo” y debajo de ello subyace esa concepción de que el empresario, de que el privado, es malo porque busca enriquecerse y no le importa el servicio ni las personas… en cambio lo público es mucho mejor… De verdad, dense una vueltecilla por cualquier servicio público y verán que hay de todo porque las cosas las hacen las personas y la calidad humana y la profesionalidad no dependen de la titularidad del servicio. Aprendamos de experiencias como las inglesas de centros sanitarios público-privados donde prima la calidad del centro, lo cual atrae pacientes de otros lugares que pagan y que reciben el mismo servicio que las personas del sistema público y gratuito (quiero decir pagado por los impuestos de todos sus ciudadanos porque gratis no es). Gracias a ese pago de los pacientes foráneos, el centro puede seguir invirtiendo en excelencia, en la formación de sus profesionales y en sus infraestructuras y aparataje y los ciudadanos reciben un servicio cada vez mejor.

Conocíamos hace poco una petición en el Parlamento para que la fundación Moderna sea pública. Como si eso fuera a hacerla mejor y a ayudarla a conseguir sus fines. Moderna significa nuevo modelo de desarrollo económico de Navarra y el desarrollo económico necesita de proyectos empresariales y de empresarios. En su espíritu inicial se trataba de un proyecto para hacer crecer las ramas sectoriales y fortalecer y mejorar las raíces transversales a todos los sectores. Y eso exigía la cooperación y colaboración entre públicos y privados. De hecho, en las visitas a otras experiencias similares era esa colaboración, precisamente, una de las claves de su éxito. Una vez más no hemos sabido hacerlo, es precisamente esa incapacidad para superar clichés, para trabajar juntos, para mirar al futuro y esa manía de politizarlo y etiquetarlo todo lo que está matando Moderna.

Trabajemos de verdad en mejorar las cosas con independencia de su titularidad. En la era de la cooperación sin fronteras no podemos estar perdiendo el tiempo en luchas inútiles que defienden esquemas del siglo pasado.

 

Lo dicho ¿público? ¿privado? ¡Que sea bueno!

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Share This

Suscríbete a nuestros boletines