Expansión, 27 de septiembre de 2003
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Articular el talento colectivo es la mejor alternativa para que la sociedad civil sea escuchada por los políticos.
Articular el talento colectivo es la mejor alternativa para que la sociedad civil sea escuchada por los políticos.

¡Pobre sociedad civil! El acoso de la actividad política nos la está secuestrando. Mi buen amigo Gaspar Ariño comentaba el pasado miércoles, en estás mismas páginas, que la política invade todas las realidades de la vida social española: presidencias de compañías, justicia, fútbol, etcétera. La sociedad se empobrece cuando los políticos ostentan un protagonismo social tan acusado. La sociedad civil, genuina representación de los ciudadanos deseosos de lograr el bien común sin intermediarios, debe hacerse notar, hacer que se les escuche y marcar las pautas a los gobernantes.

El tedio que padece nuestra sociedad proviene en parte de los abusos de políticos y burócratas. Los primeros viven acosados por continuar: hay que agradar por encima de todo al electorado. Los segundos, escudados con una regulación restrictiva que les protege, desean conservar lo que tienen y evitar los riesgos que traen los cambios. Entre unos y otros nos organizan la vida en exceso privándonos de la iniciativa. Para que las inquietudes de la sociedad civil, esa que es independiente del sector público y de los intereses privados, tenga voz propia debe estar vertebrada. Deben crearse cauces adicionales que permitan participar a los ciudadanos en la toma de decisiones públicas.

Hace doce años comencé a investigar el modo de hacer surgir la sociedad civil en mi tierra norteña. Peregriné por los sitios más célebres de la sociedad del conocimiento, mendigando ideas a los mejores mentores que pude encontrar. Descubrí que para que la sociedad civil sea escuchada por las personas que toman las decisiones colectivas y, a su vez, que estos gobernantes puedan inspirarse para elaborar sus políticas públicas (‘policies’, no ‘politics’) era conveniente generar un singular foro de prestigio: un think tank.

El término think tank (tanque de pensamiento) comenzó a usarse en la Primera Guerra Mundial para designar a un equipo de personas, de reconocida capacidad, que se aislaban en un bunker para pensar la estrategia de la guerra. Este concepto bélico evolucionó y hoy se aplica a las entidades que aglutinan talento práctico, con un criterio distinto al del quehacer científico-académico. Otras posibles acepciones de estos centros son: ‘catalizador de ideas y acción’, ‘centro de inteligencia compartida’, ‘observatorio para estudiar la realidad’, ‘foro de pensamiento estratégico’ y ‘laboratorio de ideas’.

Para que ustedes tengas claras las señas de identidad de un think tank de excelencia, enumeraré sus cualidades esenciales: 1) Son absolutamente independientes de los partidos políticos, del gobierno, de las universidades y de los lobbies económicos. 2) Están promovidos y dirigidos por la sociedad civil. 3) No tienen ánimo de lucro y viven de las donaciones que reciben y de los estudios que realizan, sin que en éstos puedan influir los financiadores. 4) Los trabajos que realizan son de ámbito general, por lo que no se aceptan encargos en los que el beneficiario sea una empresa comercial concreta. 5) Sus metas primordiales son: inspirar políticas públicas, influir en la sociedad y hacer pensar a la ciudadanía. 6) Sus recomendaciones son precisas, prácticas y aplicables: interesa más prevenir o resolver un problema real, que elaborar teorías.

Como se ve son centros cuyo rigor despierta respeto, y su naturaleza y finalidad están muy alejadas de las consultoras, de los establecimientos académicos y de la Administración.

Probablemente los empresarios y los emprendedores sean los ciudadanos más proclives para dedicar tiempo y dinero en un think tank que vertebre la sociedad civil. En ellos he visto siempre una perspicacia y visión clarividentes, poco comunes en otros sectores, para vibrar con esta causa solidaria.

Creo que la provincia es la plataforma con la dimensión más eficaz para dinamizar el tejido social, y que un think tank es el mejor medio para articular su talento colectivo.

Sueño con que la prometedora aventura de este tipo de think tanks sea pronto una realidad en todas las provincias españolas.

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