Diario de Navarra, 27 de septiembre de 2015
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro

Me van a permitir ustedes que en esta ocasión utilice mi experiencia personal para ilustrar una idea que me gustaría subrayar. La política en sí misma es buena y necesaria, pero lo que es inadmisible es que se utilice al margen de la realidad y para manipular.

A diferencia de otros muchos planes, Moderna no fue un plan elaborado por una consultora externa que preguntaba a algunas personas para matizarlo u orientarlo. Moderna fue un plan hecho por más de 250 personas que colaboraron desinteresadamente en diseñar sus líneas principales porque creían que podían aportar. La Agencia Navarra de Innovación –entidad que por aquel entonces dirigía- y las consultoras nos limitamos a aportar coordinación, metodología y tendencias y a ordenar las discusiones y a poner los resultados negro sobre blanco. Nadie preguntó a ninguno de los asistentes qué pensaba o de qué partido era y, por lo tanto, había de todo. Si quieren comprobarlo, solo tienen que consultar la lista de participantes que es pública (http://goo.gl/X5t8GI, página 138). Para no aburrirles: ahora que se habla tanto de colaboración, apertura y demás, el plan Moderna fue un ejemplo de participación y de hecho eso hizo que nos solicitaran presentarlo en varios países europeos como ejemplo de buena práctica. 

Después de esta introducción para situarles, les contaré lo que pasó cuando el plan se presentó en el Parlamento. La actitud de unos y otros fue muy diferente. UPN y PSN lo apoyaron en su totalidad, otros dos partidos valoraron los puntos positivos y señalaron los negativos (entre los que se encontraba el no haber contado con ellos para hacerlo) pero votaron a favor porque creían que era positivo para Navarra apuntando algunos cambios que consideraban necesarios. Finalmente otro partido no encontró nada positivo en todo el plan y se limitó a criticar aspectos colaterales y a oponerse a él en su totalidad porque ellos y a quien ellos representaban no habían participado. Dio igual que demostráramos que el plan no tenía color y que habían participado en él personas de diferentes ideologías.

Les pondré otro ejemplo. Uno de los proyectos del plan era convertir a Navarra en un foco de atracción de pacientes en algunas especialidades concretas en las que pudiéramos ser punteros. Para ello se creó un grupo de trabajo en el que participaban personas de la sanidad pública y privada, empresas del ramo, profesores universitarios, el Ayuntamiento o los hosteleros. Teníamos la suerte de contar con un médico especialista en trasplante de médula que había trabajado muchos años en Londres en un hospital líder en la materia. En él, los pacientes del sistema público y los que venían del exterior pagando recibían el mismo trato. El dinero extra servía para comprar mejores aparatos y pagar formación, becas de estudio o congresos, lo que contribuía a que mejorara la calidad del centro. Los pacientes del sistema público tenían la suerte de disfrutar de un centro muy bueno que hubiera sido imposible mantener con los presupuestos públicos. Esto es lo que el grupo de trabajo quería hacer.

Pues bien, cada vez que algunos políticos hablaron del tema insistieron en que eso iba a empeorar la sanidad pública, que lo que se pretendía era privatizar… y todo el discurso que ustedes conocen. Da igual que intentara explicarse, el discurso era invariable. Por supuesto en ningún momento ninguna de esas personas quiso sentarse a estudiarlo ni preguntó nada al grupo de trabajo. Otro lamentable ejemplo más de cómo la política contamina la realidad hasta ahogarla. Comprenderán lo desquiciante que resulta para los técnicos este uso oportunista de las cosas ignorando la realidad y los hechos porque no interesan y despreciando así el trabajo y el esfuerzo de muchas personas. Porque además, muchos de los que suelen opinar, ni tan siquiera se han leído los papeles sobre los que pontifican y votan y se les nota mucho.

Tengo muchos ejemplos de este tipo: el proyecto Urban en el Ayuntamiento, el proyecto escuelas de familia… Ante estas situaciones solo caben dos opciones: o el político en cuestión no entiende, o al político en cuestión le importa un bledo la realidad de las cosas porque no está preocupado por los hechos sino por hacer su política. Elijan ustedes mismos.

Por ello pediría a los políticos en activo en este momento que hagan un esfuerzo por no oponerse sistemáticamente a nada sin haberlo estudiado bien. Y, si es bueno para Navarra, apóyenlo aunque no provenga de sus filas y aunque no les caigan simpáticos los promotores porque sean privados o religiosos o… Es decir, hagan política, pero de la buena.

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