Expansión, 13 de mayo de 2006
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
¿Cómo dilapidar en dos años un prestigio diplomático consolidado durante décadas? La respuesta es fácil: careciendo de política exterior.
Los inquilinos de La Moncloa, llevados por el revanchismo, se han empeñado en cambiar radicalmente la política internacional de España.

Olvidan la norma fundamental de la diplomacia que debe observar cada nuevo Gobierno: la acción diplomática debe ser coherente en el largo plazo. Los intereses entre los estados no cambian por el hecho de que cambien los gobiernos.

Los quiebros súbitos de tendencia del bienio socialista han contribuido a que España tenga mucha menos influencia en los órganos internacionales que toman las grandes decisiones. Hoy, los países más serios, conscientes de que no tenemos un proyecto claro y válido de política exterior, respetan menos a España. Torpemente, hemos logrado enemistarnos con importantes países amigos, como EEUU y Reino Unido, y nos hemos vinculado con populistas y tiranos corruptos. Repasemos los escenarios que más nos afectan.

Europa.- Zapatero, en su talante de agradar, se mostró débil en la negociación del presupuesto comunitario, que, sin duda, es el peor tratado que ha hecho España con la UE. Si repasamos los tres líderes europeos que cuentan, vemos que Jacques Chirac le ignora, Merkel está distanciada por el chanchullo de la opa de E.On, y Tony Blair no olvida que, mientras los soldados ingleses morían en las emboscadas iraquíes, Zapatero llamó a la deserción de la coalición internacional como solución para resolver los problemas de Irak.

EEUU.- En la etapa en que Zapatero estaba en la oposición, le pudo su resentimiento antinorteamericano, cuando se sentó al paso de la bandera de EEUU. También incomodó a Bush cuando, en contra de lo que había prometido, adelantó tres meses la retirada de las fuerzas españolas, causando más quebranto la inesperada anticipación que el hecho de abandonar Irak.

Lógicamente, estos gestos y hechos nos han pasado factura y EEUU no nos va a ayudar en los Perejiles que puedan venirnos.

Latinoamérica.- Sin duda, es el área en la que España ha estado más desacertada y donde hemos dejado de ser la referencia imprescindible. La aproximación de nuestro presidente a los caudillos populistas de Sudamérica nos ha hecho perder crédito internacional. De otro lado, la generosidad de España al condonar deuda de esos países no nos ha beneficiado. Más bien nos ha dado una imagen de país débil, con el que no hay obligación de cumplir los contratos, lo que ha desprotegido los intereses de las empresas españolas.

Asia y Marruecos.- Se echa de menos un mejor y mayor acercamiento de nuestra diplomacia a la parte del mundo con mejor trayectoria económica. China, India, Japón, los tigres y los dragones asiáticos son los países con mayor crecimiento y a los que se les debería dedicar más atención. Respecto al reino alauita, ha habido una mejora de las relaciones, pero cada avance se ha basado en cesiones indebidas y en tirar de la chequera.

Se impone un cambio en la diplomacia española. Debemos mostrar unas políticas coherentes con las de nuestros socios comunitarios. Lo primero es olvidarse de la estéril Alianza de las Civilizaciones, ya que lo único que nos va a traer es alejarnos del resto de la UE y ceder ante regímenes que conculcan los derechos humanos más elementales.

Para recuperar el respeto hay que dejar de contemporizar y manifestar posturas duras cuando sea lo coherente. En el caso de Bolivia, tenemos una oportunidad para demostrar que somos capaces de aplicar una política exterior inteligente. Una negociación bilateral con un populista que no respeta los acuerdos internacionales es el camino para que nos imponga sus condiciones con mayor facilidad. Si queremos salvaguardar los intereses de las compañías españolas, hay que ir a negociar con la fuerza de la unión de todos países que tengan inversiones en la zona. La exhibición de un talante de consenso es una debilidad ante la que los tiranos sudamericanos se crecen.

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