Expansión, 28 de mayo de 2005
Julio Pómés, Director de Institución Futuro
La moderación que precisa exhibir Rajoy puede traducirse en un auténtico liderazgo, si es capaz de demostrarla en la responsabilidad de un Pacto de Estado en la sanidad.
La moderación que precisa exhibir Rajoy puede traducirse en un auténtico liderazgo, si es capaz de demostrarla en la responsabilidad de un Pacto de Estado en la sanidad.

El fracaso de don Mariano Rajoy en el Debate del Estado de la Nación, a juicio del CIS y de la mayoría de los medios de comunicación, tendrá, probablemente, una consecuencia: un cambio de tono del presidente del Partido Popular. Quizá, su discurso agradó a los halcones de su partido, pero disgustó tanto a los que prefieren que no se les preocupe como a los que desean menos agresividad y más colaboración entre Gobierno y oposición. Ahora, tras su derrota en las urnas de la opinión pública, hay indicios de que ha aprendido la lección. Lo probable es que se modere, consciente de que, aunque lo que dijo en el salón de plenos no fueron sino grandes verdades, se gana más popularidad con una actitud constructiva.
Esa derrota de Rajoy puede ser una oportunidad para él, su partido y la nación. La estrella de don Mariano puede brillar de nuevo, si esa moderación no se queda en una mayor cortesía parlamentaria, sino que se traduce en solidaridad con los problemas que el Ejecutivo no puede resolver en solitario. Una mesura inteligente puede proporcionarle una mayor confianza de los electores. La clave para conseguirla es que transforme su mensaje de crítica universal al Gobierno por un apoyo selectivo en esas reformas, tan necesarias como impopulares, que el Gobierno debe acometer por responsabilidad.
Globos sonda sobre sanidad
Sin duda, la mayor preocupación económica del Gobierno es evitar la bancarrota de nuestro sistema sanitario. Han sido muchos los globos sonda observados. Citaré algunos. El propio presidente Zapatero admitió en el Colegio de Economistas de Madrid que, en algunas circunstancias, debería haber copago para corregir abusos. Los ministros de Economía y Sanidad han admitido la posibilidad de que los ciudadanos debamos hacer un “esfuerzo adicional”. CCOO y UGT son partidarios de establecer una contribución de los demandantes de los servicios de salud, en los casos de atención a ancianos que no pueden valerse completamente por sí mismos.
La Generalitat, apoyada por el informe de un grupo de expertos presididos por Miquel Vilardell, está estudiando imponer una tasa entre uno y dos euros por cada visita al médico de atención primaria.
Un segundo dispendio es el desbordamiento de los servicios de urgencia, por supuestos pacientes que acuden sin necesidad perentoria. Las dos razones por las que lo hacen son: la gratuidad total y la inmediatez de la atención. En Suecia, país modélico por su transformación de un Estado de Bienestar insostenible a uno soportable, se cobra la utilización del servicio de urgencia a todo el que acude; si se trata de una urgencia justificada, se devuelve el dinero más tarde, y si no lo es, se lo queda el hospital.
Un tercer gasto que habría que frenar es el farmacéutico, partida que el año pasado supuso 728 millones de euros.
Los medicamentos gratuitos de los jubilados suponen que el 28% de la población ocasione el 80% del gasto. La prueba de que ese consumo es abusivo es que los funcionarios jubilados –quienes, a diferencia del resto de pensionistas, abonan el 30% de la receta– consumen un 25% menos que aquellos que los obtienen totalmente gratuitos. Otra variable para disminuir el coste de la sanidad es la educación sanitaria de los inmigrantes.
Un estudio riguroso, hecho en la Comunidad Foral de Navarra, ha demostrado que los inmigrantes, aun siendo una población que debería acudir menos a las consultas, por tener una edad media muy inferior a la autóctona, acude a los servicios sanitarios públicos y gratuitos con mucha mayor frecuencia que los navarros: 70% frente a 53% en centros de salud, 21% frente a 12% en especialistas, 25% frente a 17% en urgencias y 10% frente a 6% en hospitales. Por el contrario, los inmigrantes acuden menos que los navarros a las consultas privadas.
Coincidencia
La coincidencia en muchos puntos del citado estudio de Vilardell para la Generalitat, el de la Fundación Alternativas del PSOE y el viejo Informe Abril de 1991, que sigue siendo una referencia válida, obligan a que el PP y el PSOE hagan un gran Pacto de Estado para la sanidad. Este primer entendimiento puede ser la llave que abra otros grandes acuerdos en las materias imprescindibles para la sostenibilidad, a largo plazo, del bienestar.
Rajoy puede convertirse en un auténtico líder si es consciente de que el coste de la grandeza es la responsabilidad. Merece la pena la inversión de tener menos imagen a corto plazo, para lograr una consistencia más permanente y admirable que la obtenida desde el voluble electoralismo. Llegar a La Moncloa es una carrera de fondo. ¡No lo olvide, don Mariano!

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