Diario de Navarra, 30 de abril de 2006
Fernando San Miguel, miembro de Institución Futuro
La economía navarra atraviesa un momento de incertidumbre. Toma fuerza la idea de que en el medio plazo el sector de la automoción dejará de ser uno de los principales motores de nuestra economía.
Asimismo, no son pocos quienes opinan que Navarra debe comenzar a diseñar una nueva etapa de desarrollo, basada en otros sectores. Precisamente, el pasado mes de enero fue presentada BioNavarra. Se trata de una iniciativa del Gobierno foral para impulsar la actividad económica y la investigación en el campo de la biotecnología, de gran potencial para campos como el agroalimentario, la medicina o el medio ambiente. Esta iniciativa nos parece muy interesante pues revela la conciencia del ejecutivo sobre la necesidad de un cambio en el modelo industrial de Navarra en el largo plazo.

Sin embargo, es necesario también reflexionar previamente acerca de algunas cuestiones sobre la propuesta. BioNavarra se presenta como un proyecto que dura hasta el 2007, en el que se invierten 1,5 millones de euros. El desarrollo de un nuevo campo no puede plantearse para un plazo de tiempo tan corto. La experiencia internacional refleja que el éxito de determinados sectores se basa en una larga tradición histórica y unas condiciones específicas que han contribuido a su despegue.

El éxito de una determinada industria depende de que se dé un conjunto de circunstancias. El apoyo público es un factor muy importante, en la medida en que contribuya a crear un entorno favorable para la actividad. Sin embargo, son las empresas las que en última instancia generan dicha actividad, innovan y crean valor. Hay ejemplos en los que los gobiernos han querido impulsar determinados sectores estratégicos mediante la creación de centros de investigación, que no han tenido el éxito deseado por no contar con el contexto adecuado: un cluster (conglomerado) de empresas impulsadas por una demanda exigente, factores de calidad, un conjunto sólido de empresas auxiliares y un marco de rivalidad que impulsa su productividad.

No parece tampoco que 1,5 millones sea una cantidad significativa para desarrollar la Biotecnología en Navarra. Basta considerar que, por ejemplo, a la exposición Navarra Futuro se destinan tres millones de euros, y uno al cambio del nombre del estadio de fútbol.

Por tanto, cabe preguntarse si en Navarra se dan unas condiciones especiales que le permitan realmente convertirse en «referencia mundial en biotecnología» en el futuro. O, por el contrario, nos estamos limitando a apostar por un sector de alta rentabilidad, siguiendo la estela de las economías más avanzadas, algunas de las cuales nos llevan mucha ventaja. En 2004, en Alemania existían ya 600 empresas de biotecnología, de las cuales 360 ocupaban una posición líder en biomedicina a escala mundial. En Navarra existen 70 empresas e instituciones con capacidad para incorporar la biotecnología en sus procesos.

Lo importante para garantizar y promover la competitividad de una región no radica en decidir en qué sector actuar, sino cómo compiten las empresas en dicho sector. No es suficiente con que Navarra decida convertirse en BioNavarra. Más bien, es necesario que las empresas encuentren unas circunstancias favorables que les permitan mejorar su productividad y su competitividad.

Share This