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Este verano he releído el libro “Miguel Javier Urmeneta (1915-1988)”, un estudio de Roldán Jimeno Aranguren sobre la trayectoria vital, profesional y política de esta personalidad clave en la historia de Navarra del siglo XX. En él se desgranan con sumo detalle su papel protagonista en la industrialización de la Comunidad foral cuando ésta se basaba en una economía rural, en la negociación del nuevo Convenio Económico, en el impulso de infraestructuras tan importantes para la región como el embalse de Eugui o el aeropuerto de Pamplona, en la cesión de terrenos para que la Universidad de Navarra se ubicara en Pamplona o en la entrega de la Ciudadela a la ciudad por parte de los militares, entre otras.

Hay un capítulo que merece la pena destacar en el momento actual. La planta de Volkswagen en Navarra está pugnando por conseguir que el coche eléctrico de VW también se produzca en Landaben. Este hecho, sumado a la politización del PERTE (los Proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica financiados principalmente mediante el mecanismo europeo Next Generation) y que VW condicione la ubicación a las ayudas públicas que reciba, hace que la planta de Seat Martorell también entre en las quinielas y por tanto pasa a ser objetivo prioritario para el Gobierno y la industria de la región. No en vano, el que Volkswagen tenga una de sus plantas en Landaben favorece, y mucho, a Navarra y a sus ciudadanos. Primero con el Polo, y más tarde con el T-Cross y el Taigo, la factoría genera empleo, ingresos fiscales, etc. Todo eso ya es conocido.

El capítulo al que hago referencia es el de cómo Urmeneta logró aprobar, siendo diputado foral, el primer Programa de Promoción Industrial (1964). Éste descansaba en una serie de subvenciones y exenciones fiscales extensas y muy ventajosas y en un ambicioso programa de inversiones públicas en vías de comunicación, polígonos industriales y formación profesional. Se autorizaba a ayuntamientos y concejos a ceder gratuitamente terrenos a las nuevas industrias o para ampliar las antiguas, había exenciones en las cuotas de la contribución urbana, sobre el consumo de energía eléctrica… La autonomía fiscal posibilitó una autonomía financiera y permitió destinar recursos públicos a servicios económicos y bienes preferentes. El PPI fue mucho más que un plan industrial; sentó las bases de intervención pública, hasta entonces fuera del alcance de la Diputación.

Los polígonos industriales de Landaben, Aoiz o Alsasua, entre muchos otros, se crearon gracias al citado programa. Este desarrollo industrial y el empeño personal de Urmeneta fueron los que lograron que la fábrica de Automóviles de Turismo Hispano Ingleses (AUTHI), constructora de los coches Morris, se estableciera en 1966 en Pamplona. No fue casualidad, nunca lo es.

El empeño personal de Urmeneta y su equipo, la visión de una Navarra industrial (de la que ahora nos alegramos mucho de tener y nos beneficiamos de ella) y el entender qué necesitaban las empresas para instalarse en la comunidad fueron clave. Como reza el libro, “el enclave industrial pamplonés de la fábrica de Landaben y todas sus empresas subsidiarias pudo ser una realidad gracias a los incentivos fiscales y ayudas públicas, la capacidad empresarial para la innovación tecnológica y centenares de trabajadores cualificados”.

Quizá algunos lo desconozcan, pero en 1973 la Ford anunció que establecería una de sus plantas de fabricación en España. Aunque finalmente Almussafes se llevó el gato al agua, Pamplona estuvo muy arriba en las quinielas por el beneficioso régimen fiscal del que disfrutaba la capital navarra. Pero, como decía, las decisiones no se toman por casualidad, y en el momento en la que se iba a fijar la ubicación, se produjo el secuestro del empresario Felipe Huarte, lo que frustró las opciones de Pamplona.

Ahora que, como comentaba, se está debatiendo dónde se producirá el coche eléctrico de VW, creo que las enseñanzas de lo que se hizo bien en el pasado pueden resultar muy útiles. Si el objetivo es que Landaben sea la punta de lanza de los eléctricos, con la consiguiente generación de empleo para la región, contamos con los ejemplos de la AUTHI y la Ford para saber qué incentivó y desincentivó su instalación. Los empresarios de hoy en día también tienen muy claro qué incluye positivamente en ese tipo de decisiones: fiscalidad, confianza para los inversores, infraestructuras, estabilidad… ¿Está Navarra ofreciendo esas ventajas a VW?

No estamos en los años 60 ni 70, y Navarra está dentro de la Unión Europea, con lo que todo lo que se quiera hacer no vale. Pero tenemos un convenio económico con el estado y una autonomía fiscal que bien utilizados nos puede ayudar a conseguir nuestros objetivos, que en este caso no es otro que el modelo del coche pequeño eléctrico de VW se produzca en Navarra.

La decisión es de suma importancia. La Comunidad Foral no puede llegar tarde porque nos jugamos demasiado. VW debe tener claro que todos los partidos políticos (Gobierno y oposición) poseen el mismo objetivo y es prioridad de todos ayudar y acompañar en la inversión del nuevo coche eléctrico de VW en Landaben. Las multinacionales no toman estas decisiones por casualidad. Hagamos ya todo lo posible para conseguirlo y que Landaben no sea una fábrica secundaria del coche eléctrico, sino protagonista del mismo.

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