Acceso al artículo íntegro

La Comunidad foral es la tercera que más gasto sanitario realiza por habitante, un 14% más que la media nacional

La explosión de la pandemia en marzo de 2020 puso contra las cuerdas a los sistemas sanitarios de todo el mundo. La virulencia de la covid-19 y el desconocimiento que se tenía sobre la misma hizo que estos se colapsaran durante meses y que la atención a los pacientes se resintiera. Entonces se entendió la situación y se tuvo comprensión con la misma.

Pero casi dos años de convivencia con la covid y seis olas después -esta última ya de bajada-, no todos los males de los sistemas sanitarios son atribuibles al virus. Y no será por lo que se gasta en esta área. Así lo confirma el último informe elaborado por Institución Futuro: “El Departamento de Salud en los PGNa 2019-2022: ¿más gasto, mejor servicio?”. Los gastos en salud en Navarra han aumentado en esta legislatura de tal manera que si se compara la cifra de gasto de 2019 respecto al trienio 2020-2022 se comprueba que, en esos tres años, el Gobierno ha dispuesto de 418 millones de euros por encima de lo presupuestado en 2019. Si nos comparamos con otras comunidades autónomos, la Comunidad foral es la tercera que más gasto sanitario realiza por habitante, un 14% más que la media nacional.

Como siempre defendemos en Institución Futuro, un mayor gasto no garantiza por sí mismo un mejor servicio, y hay que optimizar al máximo el gasto público. Esa máxima se hace patente, ahora más que nunca, en Navarra. El deterioro que está sufriendo nuestro sistema sanitario viene de largo, y se comprueba, entre otras áreas, en la Atención Primaria, donde la saturación hace que sea prácticamente imposible lograr una cita presencial o que los pacientes tengan serios problemas para siquiera comunicarse por teléfono con su centro.

Asimismo, las urgencias se ven obligadas a asumir más pacientes que la capacidad prevista por el sistema. También resulta llamativo el que se relegue a los pacientes con patologías crónicas que necesitan revisiones periódicas y que durante mucho tiempo se hayan postergado las actividades preventivas, cuyos efectos negativos se verán en el medio y largo plazo. Todos estos problemas, en parte debidos a una mejorable gestión, con un personal cada día más agotado y escaso, junto con una deficiente coordinación entre niveles asistenciales, han redundado en un peor servicio para el paciente.

Las listas de espera para primera consulta son un caballo de batalla que están sufriendo casi 60.000 personas, una cifra que lleva incrementándose desde hace meses y que en octubre de 2021 alcanzó el peor dato histórico (61.056 personas). Estas cifras aún están lejos de alcanzar los niveles previos a la pandemia y, lo que es aún más sangrante, muchas otras regiones españolas, aun contando con un presupuesto por habitante en salud menor, ya están en niveles pre-pandemia. También son de asustar las cifras de pacientes en lista de espera en los que se está incumpliendo la ley de garantías, los que ni siquiera tienen cita asignada o las elevadas quejas y reclamaciones presentadas.

Las condiciones laborales de la plantilla del Servicio Navarro de Salud puede ser parte de la causa de los malos resultados. La ratio de médicos de atención primaria por cada 1.000 habitantes (83,9) es en Navarra la segunda menor de todas las CCAA, con una diferencia del 15% sobre la media nacional. Además, la temporalidad de los trabajadores del SNS alcanzó en 2020 el máximo de 64%, cuando en 2018 era del 57%. El Sindicato Médico de Navarra ha denunciado en numerosas ocasiones el bajo poder adquisitivo de los médicos de la Comunidad foral frente a los de otras regiones españolas y muy lejos de otros países.

El que cada año se incremente el gasto por productividad, que en su mayor parte se emplea para pagar las llamadas “peonadas”, también resulta preocupante. En 2020 esta partida alcanzó los 12,2 millones de euros y seguro será superada una vez se conozca el cierre de cuentas de 2021. ¿Por qué no plantearse la revisión de la política retributiva del departamento? Todo esto ocurre mientras que el gasto en conciertos (con entidades privadas) está presupuestado en 2022 en más de 80 millones de euros frente a los 59 millones de 2013.

A tenor de esta información no es de extrañar que se esté produciendo un incremento de la penetración de los seguros privados de salud, tanto en número de asegurados (que de 2012 a 2020 se ha incrementado un 65%) como en el volumen de las primas contratadas (aumento del 112% entre 2012 y 2020). Esta subida podría interpretarse como una caída en la percepción positiva de la sanidad pública en Navarra.

Tal y como concluye nuestro informe, el aumento del gasto en el SNS-O no ha repercutido en un mejor servicio para los pacientes navarros, cuyos resultados ya venían siendo deficientes. Muy al contrario, se observa un importante deterioro que pone en duda la gestión realizada en la sanidad pública navarra y que no puede justificarse en su totalidad por la pandemia.

José María Aracama Yoldi Presidente del think tank Institución Futuro

Share This