Expansión, 3 de diciembre de 2005
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Hoy, festividad de San Francisco Javier, es el Día de la Comunidad Foral de Navarra, ocasión propicia para interpretar por qué este antiguo reino constituye una referencia válida para inspirar un benchmarking a otros lugares.
Hoy, festividad de San Francisco Javier, es el Día de la Comunidad Foral de Navarra, ocasión propicia para interpretar por qué este antiguo reino constituye una referencia válida para inspirar un benchmarking a otros lugares.
Está demostrado que, si se descontara el efecto de capitalidad de Madrid, Navarra sería la región con el mejor promedio de ratios económicos de la nación. Conviene recordar que la Comunidad Foral es una de las tres regiones españolas con balance fiscal negativo (aporta más de lo que recibe), dato que desmonta la burda teoría de imputar esta prosperidad al régimen foral.
Las razones que han hecho que Navarra haya superado a otras Comunidades Autónomas (CCAA) son cualitativas. Destaca, en primer lugar, una Administración eficaz, fortaleza que se refuerza por una ciudadanía que no se amilana a la hora de exigir sus derechos. Esta organizada maquinaria administrativa permite que la ejecución de decisiones se realice pronto y bien, con la consiguiente disminución de los costes burocráticos.
Un segundo factor es la cordial rivalidad entre el sector privado y público por dar el mejor servicio posible. Un buen ejemplo es la sana competencia entre la célebre Clínica Universitaria y la sanidad pública, que ha favorecido una calidad asistencial sin parangón en España. Ese buen equilibrio entre lo privado y lo público, unido a una estrecha colaboración entre los dos ámbitos, provoca unas sinergias que benefician a toda la sociedad.
Una tercera causa es la estrategia de sus líderes, más interesados en la inversión en el fértil largo plazo, que en contentar estériles ‘antojos’ del corto. Su consecuencia es la anticipación que Navarra registra frente al resto de CCAA. Una demostración irrefutable de este avance se aprecia en un desafío que tiene el país: el reto de la competitividad. Hoy, para que una economía tenga futuro, es clave la inversión en I+D+i. Navarra destina un 1,9% de su PIB a I+D+i, casi el doble que la media española (1%), lo que la convierte en la CCAA con mayor inversión en este concepto y, además, iguala a la media europea. Si este dato es bueno, hay otro mejor: el 65% de esta inversión es privada y en ella participan muchas pymes. Este último valor implica que los gobernantes navarros no se quedan en una gestión correcta de lo público, sino que, también, generan las condiciones para que el sector privado participe. El origen de esta vanguardia del I+D+i reside en el acierto de sus planes tecnológicos, políticas que los policymakers navarros han prometido continuar para alcanzar ese 3% que se ha fijado la UE para el 2010.
Un cuarto motivo del progreso de Navarra es su estilo de hacer política. Existen otras comunidades que, para sentirse un pueblo diferente, apuestan por una interpretación económicamente suicida del ‘hecho diferencial’. Al contrario, Navarra se ha decantado por un modo más sutil de mostrar su personalidad regional: ser distintos por ser distinguidos, al hacer mejor lo difícil, aquello que genera mayor valor añadido.
A pesar de esa evolución positiva, citaré dos cuestiones preocupantes. La primera es el corto recorrido de mejora que le queda a la senda de “hacer muy bien lo que siempre se ha hecho” en materia de Presupuestos. Ahí, Navarra debe dar un quiebro e imitar modelos más audaces que impliquen una rebaja del gasto público y de los impuestos. Un segundo asunto, en el que no se entiende que las diversas formaciones políticas navarras no presenten un frente común, es el fragante incumplimiento por parte del Gobierno Central de los compromisos de inversión en las infraestructuras que son competencia del Estado: la red ferroviaria y el aeropuerto. Así, en los Presupuestos Generales del Estado no hay financiación para las ejecuciones previstas en años anteriores. Es inconcebible la falta de atención de La Moncloa hacia una Comunidad que, a diferencia de otra muy próxima, ha tenido siempre una lealtad inquebrantable a España.
Me parece que otras CCAA harían bien en fijarse e imitar los aspectos que han otorgado ventajas competitivas clave a la Comunidad Foral, ya no sólo en España, sino en el ámbito europeo. Si en vez de practicar la insolidaridad nos dedicamos a aplicar los logros de nuestros vecinos, estoy seguro de que entre todos consolidaremos el crecimiento económico de España y la prosperidad de nuestros ciudadanos.
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