Expansión, 4 de diciembre de 2004
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Ayer, festividad de San Francisco Javier, fue el Día de la Comunidad Foral de Navarra. En este aniversario, la pregunta clave es ¿por qué esta pequeña región es tan próspera?
Ayer, festividad de San Francisco Javier, fue el Día de la Comunidad Foral de Navarra. En este aniversario, la pregunta clave es ¿por qué esta pequeña región es tan próspera? La respuesta es clara: por su inteligencia colectiva

Recordemos que Navarra se integró a España en 1841 mediante un pacto entre iguales, tras su milenaria historia como reino propio. Éste es el origen de su actual singularidad foral y de todos sus derechos históricos y fiscales. Mencionaré los datos económicos en los que Navarra marca diferencias respecto al contexto nacional.

Población: 578.210 habitantes, con una densidad de 55,6 hab/km2 (España: 42.720.000 hab. y 84,4 hab/km2). PIB per cápita: 21.967 euros (España 17.395 euros). La estimación de tasa de incremento de PIB de la Comunidad Foral en el tercer trimestre de 2004 fue 3,4 frente al 2,6 del Estado. Navarra es la segunda comunidad con mayor renta de España (13.477 euros). La Encuesta de Población Activa (EPA) refleja que en el tercer trimestre de 2004 Navarra se mantiene como la autonomía con menor tasa de paro: un 4,50% frente al registro estatal del 10,54%. Navarra también destaca por poseer un Índice del Valor Añadido Industrial de 194 (la media nacional es 100). Respecto al comercio exterior, Navarra exporta el 37,35% de su PIB (España, el 18,85%).

Otro dato singular es su apuesta por las energías renovables con una producción eólica de 693,2 MW en 2003, lo que supone un 14% del total español, con una estimación de autoabastecimieno eléctrico para 2005 del 97%. Probablemente el dato más sorprendente de Navarra es que sea la provincia española que presenta mejores índices de bienestar social según el Anuario Social de España 2004 elaborado por La Caixa, obteniendo la máxima puntuación en servicios sanitarios, niveles de renta, calidad educativa, empleo, vivienda y equipamiento del hogar.

Detrás de estos ratios envidiables se esconden unas políticas públicas y unas actuaciones particulares acertadas, que han tenido la visión y perspicacia para descubrir oportunidades en la incertidumbre económica en que vivimos. El think tank que dirijo toma a Navarra como región prototipo para el estímulo de políticas regionales. Ésa es la razón por la que hace unos días presentamos un informe sobre los Presupuestos Generales de Navarra de 2005 (PGN), en el que comparábamos nuestras cuentas con los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Citaré algunas de las conclusiones: 1) Los PGN son más realistas que los PGE nacionales y están elaborados con una metodología más moderna y acorde con la propuesta de la OCDE. Así, el crecimiento de los ingresos forales es del 7,38%, mientras que los del Estado ambicionan un 10,7%; 2) Aseguran la estabilidad presupuestaria, la eficacia del gasto público y la financiación propia; 3) Los PGN mantienen un esfuerzo inversor del 25% del Presupuesto frente al 7,8% que representan los del PGE; 4) Contemplan unos incentivos fiscales para la inversión empresarial en I+D+i impresionantes. Una demostración que acredita la excelencia de las cuentas públicas navarras es que Standard & Poor’s ha calificado el crédito a largo plazo de Navarra como AA+, lo que convierte a la Comunidad Foral en la primera de España en cuanto a estabilidad económica y menor riesgo. Otro ejemplo de gestión pública eficaz es la venta de la compañía de energía renovable EHN a Acciona, desinversión que ha logrado una plusvalía de 357 millones de euros para Sodena, la sociedad pública de desarrollo del Gobierno de Navarra.

El segundo gran factor que explica el desarrollo navarro es su capital humano. Tras los altos ratios de calidad productiva, el de los vehículos fabricados en Pamplona es un buen ejemplo, hay una laboriosidad y un sentido de responsabilidad en las personas encomiables.

Esta cultura del trabajo y el esfuerzo parecen valores genuinos de una tierra curtida, hasta hace unas décadas, en el duro trabajo agrícola y ganadero. Contribuye a esta identidad regional el hecho de que Navarra no haya sufrido fuertes reconversiones industriales y, por tanto, apenas padezca el síndrome del trabajador quemado que exige reivindicaciones incompatibles con la rentabilidad.

Los riesgos

Una amenaza que tiene Navarra, típica de los países que han vivido con un gran bienestar muchos años, es una autocomplacencia que lleve a la relajación del esfuerzo para ser competitivos.

Otro riesgo es el aumento del gasto público sanitario y asistencial, peligro del todavía se está a tiempo de prevenir mediante una receta infalible: el establecimiento de un ticket moderador, en función de las rentas personales disponibles, que responsabilice al ciudadano en el uso de los servicios que reclama. Ahí, Navarra podría dar un ejemplo al contentadizo Gobierno de España. ¿Habrá valor para hacerlo?

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