Diario de Navarra, 21 de noviembre de 2005
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Una herramienta indispensable para que el Viejo Reyno se asegure el futuro es contar con unos Presupuestos Generales de Navarra (PGN) que incorporen con éxito las tendencias en el mundo.
Una herramienta indispensable para que el Viejo Reyno se asegure el futuro es contar con unos Presupuestos Generales de Navarra (PGN) que incorporen con éxito las tendencias en el mundo. Vaya por delante que los PGN que se debaten estos días en el Parlamento Foral son mejores que los del año pasado, pero eso no basta. Si se quiere relanzar la economía, las modificaciones deben ser más drásticas. Si elevamos el zoom, se advierte una crítica inapelable en los PGN: constituyen una oportunidad perdida para apostar por el cambio que exige un liderazgo europeo. El reto que tenemos no es ser la comunidad más próspera de España, sino estar en la cabecera de Europa. No podemos olvidar que nuestra nación es económicamente una medianía en el concierto mundial. Duele que, siendo Navarra la región de la Unión Europea con mayor capacidad de autogobierno, los políticos navarros elijan la senda de hacer muy bien «lo que siempre se ha hecho». Hoy el continuismo ha dejado de ser una garantía de éxito y se ha convertido en un predictor de fracaso. La razón de esta evolución es la turbulencia e incertidumbre de nuestro entorno. Desafortunadamente, los PGN son, en gran medida, una triste réplica de los nacionales que, a su vez, imitan los populistas presupuestos de los países con peor evolución económica. Pondré un ejemplo para que escarmentemos en cabeza ajena. Es muy probable que Francia siga teniendo un crecimiento de su PIB inferior a la media europea en el 2006, porque su abultado gasto social no deja sitio al estímulo de la actividad productiva. De otro lado, el gobierno galo no tiene valor para acometer las duras reformas que Francia necesita. La consecuencia es obvia: la economía francesa continuará languideciendo y, lo que es peor, esta atonía perjudicará a toda Europa. La Institución Futuro ha vuelto a analizar este año los PGN. El trabajo lo ha dirigido el Catedrático de Hacienda Pública y exdirector del Instituto de Estudios Fiscales, Juan José Rubio. La crítica más preocupante de este experto es el enorme incremento en el gasto estructural; ese que, cuando se pone una vez en los presupuestos no sólo no hay quien lo quite en el futuro, sino que es creciente cada nuevo ejercicio. Esta reconvención es la más peligrosa para conseguir el modelo de presupuestos que necesitamos, pues si el gasto público no desciende, el margen de maniobra es pequeño. Navarra debe innovar e imitar a las economías europeas más florecientes. Irlanda es una buen referencia en la Europa del euro y los países bálticos un excelente modelo de competitividad fiscal dentro de los nuevos miembros comunitarios. El peculiar régimen económico de Navarra ofrece hoy unas ventajas únicas en Europa que bien aprovechadas podrían hacer de nuestra Comunidad Foral un lugar interesante para la inversión en las actividades más prometedoras. Por ejemplo, para que los navarros tengamos una mayor renta per cápita se debe impulsar una política fiscal atractiva que reduzca el impuesto de sociedades o elimine el confiscatorio impuesto sobre el patrimonio. Para que el nuevo modelo presupuestario sea factible deben superarse tópicos que ya son insufribles para una ciudadanía madura e inteligente. Uno de esos engaños es proclamar que estos presupuestos son mejores que los del año anterior porque contienen más gasto social. Cuántas veces esa ayuda no llega en grado suficiente a los que de verdad la necesitan y, sin embargo, se dilapida por quienes, sin necesitarlo realmente, lo consumen desaforadamente porque es gratis. Otra sandez es alabar unas cuentas públicas que estrujan tanto a los genuinos creadores de riqueza, que desincentivan el espíritu emprendedor. Al final, esa presión excesiva perjudica a los más pobres porque el ingreso fiscal total disminuye. A los que debe penalizar una política fiscal sensata es a los especuladores, ésos que no producen nada, no a los creadores de riqueza y empleo. Me consta que lograr el diseño de presupuestos que requieren los nuevos tiempos es muy difícil. Lo impide tanto el alto porcentaje de gasto estructural y las partidas plurianuales comprometidas, como la dificultad de conseguir un acuerdo entre los partidos políticos. El error es no acometer el reto posible: la introducción cada año de algunos cambios significativos que implicaran un avance objetivo respecto a los países europeos más prósperos. Aquello de «Navarra, siempre p’alante», ahora hay que trasladarlo del corazón a la cabeza para que sea un «p’alante» en la inteligencia colectiva para innovar los primeros.
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