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Pues ya está. Navarra ya tiene presupuestos para el año 2021. Eso sí, unos presupuestos marcianos, no en vano Marte es conocido como el planeta rojo. La aprobación de las cuentas ha reunido a PSN, Geroa, Podemos, IE y Bildu. Todas las enmiendas de Navarra Suma han sido rechazadas. No es tiempo de exclusiones, decía el PSN. De lo que no cabe duda es que para bien o para mal los presupuestos son una criatura cuya paternidad corresponde en exclusiva al pentapartito.

Desde luego observando la evolución de los presupuestos nadie podría deducir que hay ninguna crisis. A la hora de gastar aquí no pasa nada. Podría pensarse por tanto que nos encontramos ante unas cuentas efectivamente bastante alienígenas. Lo que el Gobierno de Navarra quiere gastar no se va a ingresar en Navarra y desde luego no lo van a ingresar los navarros del presente. Se trata por tanto de unos presupuestos de espaldas a la realidad, de espaldas a los números y dependientes del respirador artificial de la ayuda europea y de la deuda.

Institución Futuro presentaba este mismo mes un análisis titulado “Comentario crítico a los Presupuestos Generales de Navarra 2021”. Dicho análisis señalaba el infundado optimismo de las previsiones de ingresos, ya de por sí aventuradas y que además no habían sido revisadas ni con la segunda ola del coronavirus y todas las limitaciones a la actividad consiguientes. El informe contiene además advertencias sobre excesos que, previsiblemente, algún día cuando el agujero generado se nos trague nos tiraremos de los pelos asombrados de que ningún responsable los advirtiera o tomara medidas al respecto. La evolución de los gastos de personal en la administración, por ejemplo. Año tras año los Presupuestos forales crean una división artificial entre lo público y lo privado, en la que lo público vive al margen de lo real formando una auténtica burbuja. Una burbuja que  por supuesto cada vez cuesta más mantener a todos los que viven fuera de la burbuja, fuera de lo público.

Navarra en los últimos años se ha convertido en la comunidad con más funcionarios por habitantes tan sólo por detrás de Extremadura. Si Extremadura es un modelo a imitar por lo bien que le va con tanto funcionario, no cabe duda de que vamos en la mejor dirección.

Gastar el dinero público con entusiasmo y partiendo de previsiones inverosímiles tiene el riesgo de que si los ingresos no son los previstos los gastos hay que pagarlos igual. Es por ello que las empresas y las familias, ante la incertidumbre, suelen adoptar posiciones conservadoras. Si gastar al margen de los ingresos y el crecimiento no fuera un problema, no habría malos gobernantes, ni quiebras, ni países más pobres que otros. El hecho es que hace tiempo que toda la administración mantiene un volumen difícil de soportar incluso en tiempos de bonanza. En medio del temporal y si no se cumplen las expectativas de ingresos, el estado del bienestar que dicen defender los progresistas sencillamente puede colapsar por la mala gestión. Si por otro lado las cuentas se empiezan a descuadrar, resulta improbable que Europa siga firmando nuestros cheques sin querer intervenir. El tiempo dará y quitará razones pero puede que para Navarra Suma el que no le hayan aprobado ninguna enmienda en realidad sea una bendición. De este modo respecto a lo que pase podrá rechazar cualquier tipo de responsabilidad.

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