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Se sabe. Se nota. Se siente. El empleo en Navarra se encuentra estancado desde hace más de una legislatura. Pero puede ser peor. Es peor. El empleo en Navarra se basa en el aumento del número de empleados públicos. En una década Navarra ha incrementado un 50% el número de empleados públicos con el aumento consiguiente de gastos de personal. Sin embargo globalmente no crece el empleo y no baja la tasa de paro.

 

 

Hace tiempo que Navarra ha dejado de ser una comunidad con un gobierno pequeño pero bien gestionado y eficaz. Cada vez hace falta más gasto público, más empleados públicos y más impuestos para mantener, sólo mantener, la calidad de los servicios. A menudo ni eso. En campos como la sanidad o la educación asistimos a un evidente deterioro pese al aumento del gasto. Ni siquiera podemos consolarnos pensando que los demás están igual o peor porque de hecho perdemos pujanza en todos los ámbitos. La brecha de calidad que en otros tiempos existía entre Navarra y el resto de comunidades, ya fuera en la sanidad o el empleo, se estrecha por momentos.


Todo esto no es casual. O sea, puede parecer contradictorio que antes tuviéramos un gobierno pequeño y que ahora las cosas vayan peor con un gobierno mastodóntico, pero en realidad es lógico. La paradoja no es tal. Cuantos más recursos del sector privado consume el sector público más exhausto queda el sector privado. Es preciso un equilibrio. Para tener el estado del bienestar de Dinamarca o Suecia para financiarlo tienes que tener el sector privado de Dinamarca o Suecia. Por el contrario, aquí se ataca y se denigra constantemente al sector privado. Se piensa que cuanto peor le vaya al sector privado mejor para todos y que cuanto más pequeño sea el sector privado mejor para el estado del bienestar. El resultado lo estamos viendo. La economía navarra y el empleo llevan gripados hace años. Y eso que la UE ha desatado una lluvia de millones sobre España de la que en parte somos beneficiarios.

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