Diario de Navarra, 22 de noviembre de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Cada vez más padres están teniendo la tentación de enviar a los hijos a estudiar a países con buen sistema educativo. Su mayor preocupación no es la dificultad de aprender un idioma extranjero en España, sino la poca exigencia del plan de estudios. Alarma especialmente la impresión de muchas familias sobre el pobre futuro que le espera a un hijo que no se esfuerza en la etapa en que se conforma el desarrollo intelectual.
Esta intuición coincide con las teorías constructivistas de Vigotsky y Ausubel, según las cuales el genuino aprendizaje implica una construcción personal, mediante la interacción entre lo que ya sabe y la actividad externa e interna que realiza. Dicho de otro modo, para mejorar las capacidades intelectuales hay que esforzarse y enfrentarse con el nuevo conocimiento para poder asimilarlo, lo que va en contra del absurdo concepto de hacer lúdica la escuela.
Con la Logse, el PSOE intentó evitar el fracaso escolar de una parte de los alumnos mediante una menor exigencia. El resultado ha sido el fracaso general, tal como demuestra la evaluación educativa internacional que hace la OCDE, el Informe PISA. Según este estudio, España es una de las naciones con peor rendimiento académico del mundo desarrollado. El impresionante abandono escolar (29,9%) no se arregla tratando los síntomas, sino incidiendo en las causas: un mayor apoyo a los profesores para que puedan desempeñar su labor, y enviar a los alumnos que no quieren seguir el plan de estudios normal a otros centros que ofrezcan asignaturas que les puedan motivar.

A los socialistas les molestaba el elitismo intelectual y apostaron por el igualitarismo de resultados, lo que les llevó a no valorar el mérito académico. El resultado de obligar a la mediocridad intelectual ha provocado un aumento del elitismo que se pretendía evitar: que los hijos de las familias más acomodadas estudien en los mejores colegios del extranjero. El PSOE ha perjudicado con su forzado igualitarismo a muchos alumnos, especialmente de las clases desfavorecidas, quienes no optimizarán su talento por falta de estímulos. La Ministra de Educación parece no percibir que el futuro de España no sólo requiere una educación exigente, sino además diversa, que contemple diferentes opciones en función de las aptitudes y actitudes de los estudiantes. La ministra debiera haber ofertado dos bachilleratos: uno para ir a la universidad, y otro, más experimental, para acceder a los ciclos superiores de la Formación Profesional. Con su café para todos, pierden ambos grupos de alumnos.

En Navarra, el Consejero de Educación ha intentado escaparse de este mal sistema, pero la situación de minoría parlamentaria del Ejecutivo no le ha permitido una acción contundente para evitarlo. Cuando se implantó la Logse, el Consejero de Educación de entonces, Javier Marcotegui, supo esquivar parte de las deficiencias de la Ley y diseñó unos itinerarios que permitían opciones de distinto grado de dificultad para los alumnos. Ahora la nueva norma no permite evadirse.

Con la nueva regulación muchos alumnos, con el apoyo de sus padres, van a preferir pasar de curso con cuatro asignaturas pendientes y caer en el desorden que supone estar entre dos cursos. Además, muchos alumnos no se esforzarán sabiendo que cuentan con cuatro años para aprobar los dos cursos del bachillerato. La educación de la fuerza de voluntad y de otras cualidades del carácter se perjudicará, y el futuro profesional de los estudiantes también. Quien lucha por su propio desarrollo personal suele ser en el futuro un gran emprendedor y logra ser constante para superar unas oposiciones. Las consecuencias de una mala educación las padecen siempre los que peor se pueden defender: los niños y los adolescentes, con el agravante que el daño que se les inflige suele ser irreversible.

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