Diario de Navarra, 28 de septiembre de 2008
Javier Troyas y Julio Pomés, presidente y director de Institución Futuro
Hemos conocido a muchas personas de bien que tenían la inquietud de hacer algo por la sociedad. Las causas que suelen tener más benefactores son las humanitarias.

Cualquiera que tenga un poquito de sensibilidad se apresura a poner su granito de arena para que haya menos niños hambrientos. Estos bienhechores ayudan a paliar las consecuencias de unas políticas económicas fracasadas. Un segundo tipo de acciones benéficas son las que acuden a la raíz de los problemas para evitar sus secuelas. El dicho aquel de que “más vale enseñar a pescar que regalar un pez” expresa con claridad el propósito de esta variedad de filantropía. Un tercer modo de virtud social es el patrocinio de la ciencia; así, financiar una investigación médica implica un avance en la salud de todos. Un cuarto tipo es la protección del arte y la cultura, causa espléndida dada la brutal degradación y acoso de algunos programas de televisión.


Un quinto mecenazgo sería el que atiende al talento colectivo, ese que favorece el que lo mejor de nosotros mismos se desarrolle y que se opone al adoctrinamiento al que nos someten a diario los poderes fácticos. Se trata de estimular la reflexión y el ejercicio de la libertad personal, facultades que ayudan a distinguir cuál es la mejor opción posible y mueven a actuar en consecuencia. El modo de cómo se avanza en esta misión es mediante una sana influencia en la opinión pública, para lo que es capital la colaboración de los medios de comunicación. Este altruismo no sólo no se opone a los cuatro anteriores, sino todo lo contrario: cuando se promueve que la gente piense más, se estimulan los valores y virtudes más nobles de las personas, con lo que la solidaridad queda reforzada. Sin duda la magnanimidad que requiere este mecenazgo es más ardua que las anteriores, pues no es suficiente con aportar recursos económicos, sino que además la causa exige la implicación personal; no en vano, por coherencia, nadie se esfuerza por extender ideas que mejoren la sociedad si no las practica antes como persona.


Como este mecenazgo no es fácilmente identificable, pondré un par de ejemplos. El primero es el Institute of Economic Affairs (IEA), un think tank británico que proporcionó las ideas para el gran avance económico del Reino Unido en la época de Margaret Thatcher, y que también sirvieron al laborismo de Tony Blair. Un segundo ejemplo es Timbro, un centro radicado en Estocolmo que está consiguiendo el nuevo modelo de Estado de Bienestar de Suecia, tan distinto al de Olof Palme.


Navarra también tiene un modesto think tank que requiere este mecenazgo del talento. Es un catalizador de ideas y acción para lograr un mejor futuro a nuestra tierra, desde unos principios de defensa de la libertad, independencia y profesionalidad, ideales similares a las que mueven al IEA y a Timbro. Es un hecho asumido que le queda mucho camino que recorrer a esta institución y que su labor es más difícil que la de los modelos que emulamos de Inglaterra y Suecia, pues la sociedad civil es todavía demasiado débil en Navarra. En cualquier caso, los resultados alcanzados, aunque insuficientes, mueven a ser optimistas.


Sin duda la colaboración para impulsar la libertad del principal medio de comunicación de Navarra tiene mucho que ver en nuestro pequeño milagro. En estos días se cumplen seis años del inicio de la aventura de la que les hablo, aniversario que acontece en una situación económica turbulenta. Es precisamente en los tiempos de crisis cuando los centros de inteligencia son más imprescindibles para anticiparnos y distinguirnos. La serena satisfacción del avance logrado en este sexenio nos permite afirmar que, si nos apoyan, conseguiremos ese salto de calidad en el talento que a Navarra tanto conviene.

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