Expansión, 5 de agosto de 2006
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Es indiscutible que la prosperidad económica está asociada a un menor gasto público. Cuando en lugar de pagar muchos impuestos y que se nos imponga en qué se deben emplear, nos dejan elegir qué hacer con nuestro dinero, no sólo gastamos de acuerdo a nuestras preferencias, sino que además gastamos menos y mejor.
¿Por qué, a pesar de ser este ahorro una verdad asumida, el gasto público tiende a incrementarse con tanta facilidad? Probablemente la causa sea un miedo al riesgo que nos empuja a reclamar una mayor seguridad de nuestro bienestar, lo que se traduce en un aumento de nuestra dependencia del Estado.
Así como los países del Este de Europa están escarmentados del famélico bienestar que puede dar el Estado cuando éste se apodera de toda la riqueza, en occidente no somos conscientes de la merma de calidad de vida que implica la voracidad del gasto público. En España los datos son impresionantes: el presupuesto de gastos no financieros de las Comunidades Autónomas ha crecido un 10,9% el presente año, mientras que el del Estado junto con sus organismos dependientes lo ha hecho en un 7,1%.
Para entender esta tendencia y poder inspirarnos en la búsqueda de una estrategia eficiente, merece la pena comentar un informe reciente de la Heritage Foundation. En Estados Unidos, donde se supone que la iniciativa privada tiene mayor ímpetu que en Europa, la dependencia del sector público ha crecido. De acuerdo con el Índice de Dependencia 2005 del mencionado think tank, los norteamericanos dependen más que nunca del Gobierno Federal en materias como la educación, la sanidad y la vivienda. Desde 2000, el gasto federal en educación superior ha crecido un 150%, mientras que en sanidad el incremento ha sido del 48% y en vivienda del 27%.
El estudio señala que este aumento del peso federal se ha producido en detrimento de los servicios prestados por otros agentes públicos, como los gobiernos estatales o los ayuntamientos, o por entidades privadas como las iglesias, las comunidades y las familias. La tendencia alcista puede dar lugar a que los contribuyentes crean que deben exigir cada vez más servicios públicos al Estado.
A juicio de la Heritage Foundation, la mayor presencia del sector público es peligroso por distintas razones: resta dinamismo a la economía porque impide el desarrollo de servicios prestados por la iniciativa privada. Por otra parte, se convierte en una arma electoral. Muchos políticos pueden sentirse tentados a aumentar las prestaciones del Estado para ganar las elecciones, aunque en el largo plazo estén haciendo un flaco favor al Bien Común.
En opinión del autor del informe, William Beach, los hallazgos son contradictorios, en principio, con el espíritu de la mayoría de los ciudadanos. Los norteamericanos han expresado siempre su preocupación por convertirse en excesivamente dependientes del Gobierno. Entienden que tal dependencia puede erosionar sus libertades y los cimientos de la democracia. Por ello, en los años noventa hubo una fuerte corriente en favor de la reforma del sistema de bienestar, con el fin de reducir el peso del sector público. Sin embargo, la dinámica ha retrocedido en el último período.
Una razón que explica el cambio puede estar en que aunque la economía muestra signos de fortaleza general, ha crecido el número de personas cuya renta les impide acceder directamente a los servicios citados. Debido a la precariedad laboral y al envejecimiento de la población, hay más ciudadanos que deben pedir viviendas de protección oficial, acudir a los sistemas públicos de salud, Medicare y Medicaid, o solicitar ayudas para emprender estudios universitarios. La conclusión es que o se está muy alerta para que no se cuele gasto público o, como demuestra el gráfico adjunto, la dependencia se duplica.
Respecto a España el panorama se presenta peor, pues nuestro sistema es más rígido que el de EEUU y no permite dar marcha atrás en muchos de los incrementos del gasto público, como el del personal funcionario. ¡Qué pena que Zapatero sea proclive a aumentar la recaudación y el gasto público! ¿Por qué no se fija en Irlanda, el país europeo que mejor va?
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