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La situación de alarma nacional que estamos viviendo en España es para todos una situación desconocida hasta la fecha. Dejando a un lado la valoración de las actuaciones llevadas a cabo hasta ahora en la gestión de la crisis del coronavirus, merece la pena pensar en las acciones que se van a llevar a cabo ahora. Por un lado, las sanitarias que, como no podía ser de otro modo, deben estar encaminadas a frenar la curva de contagio mediante confinamiento estricto, cierre de fronteras, asistencia sanitaria trabajando sin descanso…

Por otro lado, ahora toca decidir qué medidas económicas se van a poner en marcha para frenar la crisis que ya tenemos encima. Teniendo en cuenta que su magnitud está aún por determinar. Un escenario plausible es que la pandemia pueda frenarse en el segundo trimestre del año y los efectos económicos revertirse en el tercer trimestre; y otro, que sus efectos se alarguen durante más trimestres –la OCDE ya contempla un escenario de “efecto dominó” en el que el crecimiento mundial se reduce a la mitad con el 1,5% en 2020.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta que el primer trimestre está “salvado” y que el crecimiento económico en el segundo va a disminuir considerablemente, lo que hay que intentar evitar a toda costa es que la crisis sea duradera. Por desgracia, en Navarra (y España) partimos de una situación negativa. Me explico: ahora que con la pandemia va a tener que aumentar el gasto público para poder dar impulso a la economía, el Gobierno se ha quedado con poco margen de actuación porque en estos casos subir impuestos está contraindicado y porque la deuda está en niveles récord.

Es lo que tienen los cisnes negros: que son acontecimientos que nadie podría anticipar y cuyo impacto hace saltar por los aires cualquier previsión económica previa. Y en la Comunidad Foral venimos de cuatro años de gobierno cuatripartito con una política de gasto a corto plazo muy elevado en años de crecimiento y bonanza económica -frente a la opción de amortización de deuda y ahorro-, lo que nos dejó muy mal preparados para una crisis como la actual.

Precisamente ahora se debería cambiar por completo la política fiscal para evitar un destrozo estructural del tejido productivo. Aliviando la pérdida de ingresos de las empresas, posponiendo sus gastos o difiriendo el pago de algunos impuestos (vacaciones fiscales, cotizaciones sociales), reduciendo sus costes (Ertes) y facilitando su liquidez mediante créditos y avales sobre todo a empresas con caídas de ventas que se espera sean transitorias. Con el objetivo inmediato de evitar cuanto antes los problemas de falta de liquidez, más acuciantes en Pymes, y que estos no se traduzcan en situaciones de insolvencia y, por tanto, de destrucción de empleos. El dinero debe llegar con rapidez a la economía para suavizar la caída del PIB y para que las empresas vuelvan cuanto antes a la senda del crecimiento.

Todas estas medidas, imprescindibles para que el impacto de la crisis esté muy acotado en el tiempo, se han de tomar a costa del déficit y de la deuda pública a corto plazo y poniendo en riesgo la sostenibilidad de nuestras cuentas públicas, porque no va a tocar otra que hacerlo a costa de endeudarnos.

Los ingresos fiscales se van a desplomar –no podía ser de otro modo con la situación de retroceso del sector industrial y del turismo, la ruptura de las cadenas de suministro, la caída de la confianza y de los mercados financieros…- y al mismo tiempo los gastos de sanidad y dependencia previsiblemente se incrementarán. ¿Cómo cuadrar esas cuentas? Recortando gastos de otras partidas, por ejemplo de personal, que en los Presupuestos Generales de Navarra 2020 era la que más aumentaba, con un crecimiento del 8% respecto al año anterior.

Para lograr la máxima efectividad, se debiera contar con un liderazgo claro por parte del Gobierno de Navarra y con el máximo apoyo parlamentario posible. Ésta es la única salida a esta situación que, a pensar de su gravedad, si se gestiona bien será temporal. Si las cosas se hacen bien, podríamos estar creciendo otra vez en el tercer trimestre del año. Y si se hacen mal, la crisis puede alargarse en el tiempo. La diferencia, en el terreno económico, entre un mal sueño o una pesadilla.

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