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En Alicia en el País de las Maravillas, la protagonista se ve animada a la celebración de su no cumpleaños, por iniciativa del Sombrerero Loco, la Liebre de marzo y el lirón. Una situación histriónica y unos compañeros de celebración que no tienen precio, propios de un cuento.

Tampoco tiene precio el revuelo que está levantando la no celebración de las fiestas de San Fermín. Aun estando oficialmente canceladas, y aun habiendo manifestado el Ayuntamiento de Pamplona, por activa y por pasiva, que no va a haber actos públicos, ni actos alternativos o paralelos, los hay que siguen sin entenderlo. Y eso a pesar de lo vivido con la crisis del covid-19 y de lo que, según todos los expertos, podría ocurrir de nuevo si no se toman las medidas de prevención necesarias: más pérdidas de vidas humanas, más sufrimiento personal, mayor empobrecimiento…

Las fiestas de la capital de Navarra atraen muchísimo turismo y tienen un impacto económico considerable que nos afecta a todos. Este año, la cancelación va a producir pérdidas más que sustanciales, tanto para el comercio y la hostelería como para la Casa de la Misericordia, dueña de la plaza de toros; o Caritas, sin posibilidad de instalar la tómbola; o para el Gobierno de Navarra, que perderá ingresos fiscales. Y, a pesar de todo ello, se ha decidido no celebrarlas. Tan grave es la situación que nos ha exigido una medida tan dura. A nadie nos hubiera gustado llegar a la cancelación, pero ha sido necesaria para evitar rebrotes de la pandemia.

Pero es que, además, los Sanfermines son conocidos a nivel mundial para lo bueno y para lo malo, porque poseen una difusión tremenda y colocan a Pamplona en el mapa. Es una fiesta que se basa en la imagen, y un aumento de contagios en esos días perjudicaría, y mucho, a la capital navarra. Nos pondría en la picota como ciudad irresponsable y la reputación de Pamplona caería por los suelos. Sabemos que ganar reputación cuesta mucho tiempo y que se puede perder de inmediato. Todavía tenemos fresco el nefasto impacto de “la manada” en nuestra reputación pública y un rebrote por falta de responsabilidad nos llevaría al desastre más absoluto pensando en el futuro de la ciudad, porque afectaría a nuestra imagen en años posteriores y sería difícil remontar.

Eso sin contar con que, si los contagios aumentan, tendremos que retroceder en la apertura de comercios y locales y podríamos llegar incluso al confinamiento, aunque fuera parcial o por edades. Esa situación supondría para muchos negocios la puntilla. Bastante les ha constado mantenerse durante estos tres meses con la persiana bajada.

Con esta base, el Ayuntamiento de Pamplona ha actuado con responsabilidad al modificar su calendario laboral y establecer como hábiles los días originalmente festivos en la administración municipal. Van a ser siete días más en el calendario, sin festividades. No así el Gobierno de Navarra, que mantiene cinco días festivos para los funcionarios en San Fermín a pesar de la cancelación de las fiestas, una decisión poco congruente con el mensaje que se intenta transmitir de no celebración. Porque no deben ser días para celebraciones en grupo ni saludos efusivos. Ni de acudir a lugares con grandes aglomeraciones o encuentros multitudinarios que pudieran provocar una nueva propagación del virus. Los bares van a funcionar con los horarios habituales y no van a instalar mesas en la calle -algunos incluso van a cerrar para evitar males mayores-, las villavesas no van a contar con horarios extraordinarios, los servicios de limpieza tampoco se van a ver reforzados… Deben ser días de respetar el aforo de los locales, de llevar mascarilla siempre que se pueda y de pensar en el futuro protegiendo la salud de todos. Así estaremos hasta que se logre comercializar una vacuna para el coronavirus.

Este año no es año de celebración. Alicia, llevada por la emoción del encuentro con tan variopintos compañeros, celebró su no cumpleaños. Pero en este momento ni estamos en el País de las Maravillas ni son buenos compañeros locos como el sombrerero, la liebre y el lirón… para celebrar los no sanfermines. Por ello, cabeza y prudencia. Y ¡¡viva San Fermín!!

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