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Hay que reforzar la colaboración de la epidemiología pública con los expertos de las universidades navarras para incrementar su capacidad de evaluación de riesgos.

La crisis generada por la Covid-19 ha puesto de manifiesto la importancia de un sistema público de salud capaz de atender las necesidades de miles de ciudadanos de Navarra. En estas extraordinarias circunstancias, el personal sanitario junto con otros colectivos profesionales han sido protagonistas de acciones ejemplares para atender las urgencias planteadas. En Navarra la respuesta ha sido mejor que en otras zonas, pero el sistema ha mostrado también su fragilidad: escasa anticipación y reconocimiento de las señales de alerta, dificultades en la gestión de la información y los datos estadísticos, falta de previsión y stock de material básico, incoherencias en las políticas de intervención entre las distintas administraciones y descoordinación entre servicios distintos, asistencia sanitaria y residencias.

Por ello resulta crucial hacer un análisis exhaustivo de lo sucedido y pensar en iniciativas que garanticen que el sector público pueda enfrentarse mejor a los retos futuros que se deriven de su posición como provisor de servicios públicos esenciales y asegurador último de riesgos sistémicos. Algunas de las lecciones de la crisis, aunque es todavía pronto para un balance más definitivo, apuntan a la necesidad de impulsar reformas.

La capacidad de alerta, planificación y despliegue de actuaciones de la epidemiología y salud pública en Navarra se ha demostrado esencial pero débil. Hay que mejorarla mediante más inversión y la incorporación de más inteligencia. Si se hubiera actuado antes, sin ninguna duda, se habría evitado mucho sufrimiento. Por ello, hay que reforzar la colaboración de la epidemiología pública con los expertos de las universidades navarras para incrementar su capacidad de evaluación de riesgos. Es importante establecer almacenamientos preventivos de productos esenciales y aumentar o mantener las capacidad potencial de servicios fundamentales por si se genera un rebrote. Esto tiene un coste, pero es asumible.

La inversión en salud es muy rentable. Hay que incorporar al sistema el mejor talento. Es necesario aprovechar el proceso de jubilación de muchos profesionales, para incorporar a jóvenes bien formados y establecer incentivos que potencien sus capacidades y compromiso. Debemos ser competitivos en la oferta de carreras profesionales y salarios. Hoy, en Navarra y la evidencia es abrumadora, no somos atractivos ni en salarios, ni en carreras. Así no se puede seguir.

El empleo público tiene una gestión inflexible que no se corresponde con la pluralidad de funciones que realiza. Es necesario innovar en la gestión del personal. Para ello hay que diferenciar la gestión de las personas en el campo sanitario de otros espacios de la función pública. La sanidad requiere de unas políticas de reclutamiento, incentivos, desarrollo de carreras, evaluación y promociones, distintas de las establecidas para otros ámbitos de la administración. Es básico diseñar un sistema de gestión de las personas propio para la sanidad pública. Los modelos funcionariales actuales por su uniformidad y rigidez no funcionan, están obsoletos.

Es urgente introducir tecnologías avanzadas en IA, Big data, sensórica, nano y genómica para mejorar la eficiencia del sistema. Hay que establecer un programa plurianual ambicioso y bien dotado para inversiones en tecnologías sanitarias. La implementación de estos programas deberá incluir una evaluación coste/beneficio. La compra pública innovadora es el instrumento y la colaboración público privada el camino.

Resulta necesario rediseñar el espacio institucional del SNS, los hospitales, centros de salud y residencias en Navarra y definir mejor su gobernanza, funciones y actividades que les corresponde a cada uno para obtener un mejor resultado de salud. Además hay que generar una colaboración estrecha entre las distintas instituciones sanitarias incorporando a las privadas, que atienda las necesidades asistenciales y de salud.

La administración pública navarra presenta no sólo un déficit de sus cuentas económicas que ahora se van a agravar, sino también tiene un déficit de resultados. Bien porque estos no se evalúan y se desconocen los objetivos, bien porque los resultados obtenidos resultan limitados para los recursos aplicados. Por ello, hay que medir los resultados de salud y gestionar el sistema con más trasparencia y visibilidad, sobre todo, con rendición de cuentas.

Todas estas iniciativas requieren de un aumento de la inversión en salud, además implican unas políticas de gestión de las personas innovadoras. Sólo con nuevas políticas, conseguiremos mejorar los resultados y evitar situaciones críticas como las que hemos vivido en estos tiempos.

La difícil situación fiscal y los enormes déficits y deudas que se anticipan van a exigir de ajustes; ahorros, simplificar y priorizar pero también va a requerir de un esfuerzo de innovación y modernización del sistema de salud. Los ajustes sin reformas no hacen más que agravar las limitaciones del sistema y ese camino es inaceptable. Pero sin reformas, el aumento de la inversión se pierde entre costuras.

Por eso hay que impulsar una agenda para la modernización de nuestro Sistema Público de Salud que nos prepare mejor para los futuros riesgos sistémicos a los que nos enfrentaremos. Las dificultades de la primera vez las podemos achacar a la mala suerte y a la improvisación, la próxima será a nuestra negligencia, falta de previsión y coraje para actuar.

Emilio Huerta Catedrático UPNA

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