17 de noviembre de 2005
Marcelino Oreja Aguirre. Embajador de España
La conferencia, que tuvo lugar en la sede de la Confederación de Empresarios de Navarra, fue un homenaje al antropólogo navarro D. José Antonio Jáuregui, miembro de la Comisión Consultiva de la Institución Futuro.
La disertación comenzó con unas palabras de D. Javier Troyas, presidente de Institución Futuro, quien definió a Jáuregui como “uno de los pensadores más brillantes y fecundos que ha tenido Navarra”. Destacó también su contribución a la prosperidad de Navarra mediante sus ideas.
Marcelino Oreja Aguirre es antiguo Secretario General del Consejo de Europa, parlamentario europeo y comisario europeo. En la actualidad preside el Grupo Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) y ostenta la condición de Embajador de España.
La conferencia, que tuvo lugar en la sede de la Confederación de Empresarios de Navarra, fue un homenaje al antropólogo navarro D. José Antonio Jáuregui, miembro de la Comisión Consultiva de la Institución Futuro. La disertación, llevo por título Las raíces cristianas de Europa. Comenzó con unas palabras de D. Javier Troyas, presidente de Institución Futuro, quien definió a Jáuregui como “uno de los pensadores más brillantes y fecundos que ha tenido Navarra, además de ser una persona entrañable”. Destacó también su contribución a la prosperidad de Navarra mediante sus ideas.
A continuación D. Florencio Lasaga, consejero delegado de El Corte Inglés, amigo personal del Profesor Jáuregui y miembro también de la Comisión Consultiva de Institución Futuro, pronunció una laudatio. En ella alabó al Profesor Jáuregui y lo calificó de “académico de gran erudición, pero de una aún mayor sencillez, que comunicaba su sabiduría al gran público además de mantenerlo entretenido”. De su extenso curriculum resaltó el haberse formado con uno de los fundadores de la antropología británica, Sir Edward Evans-Pritchard, y con el eminente filósofo español Don Salvador de Madariaga. También destacó del Profesor Jáuregui “su profunda humanidad, no sólo teórica sino también práctica”, lo que le llevaba a entablar amistad con cualquiera al instante. Definió a su amigo como un “vendedor de ideas” y como una persona cuyas palabras “no sólo transmitían conocimientos, sino que estimulaban al lector a pensar en libertad”. Para finalizar, destacó su capacidad de “transmitir con amistad y cariño sus inquietudes y convicciones a todos los que le conocieron desde una firme espiritualidad cristiana”.
D. Marcelino Oreja, también amigo íntimo del homenajeado, explicó en su intervención cómo quedó prendado, al conocer al Profesor Jáuregui en un vuelo, “por su riqueza de pensamiento, claridad de ideas, rigor de planteamientos, gran bondad y generosidad, virtudes que definen un carácter y una personalidad excepcionales”. Elogió también varias de sus cualidades: su sabiduría, definida como “saber lo que se sabe con profundidad y comprender también lo que no se sabe”; su claridad, ya que “ser claro es una manifestación típica de la sabiduría”; su sincero y profundo amor a España, “siempre compatible con su pasión por Navarra”; su amistad y respeto a otros, aunque no compartieran sus ideas; y su religiosidad y espíritu familiar.
Para el Embajador de España, las raíces de Europa son varias: el Estado, la universidad, la filosofía, la literatura, la jurisprudencia y las bellas artes. Sin embargo, la raíz más potente, también descrita en varias obras del Profesor Jáuregui, es la espiritual y religiosa. Oreja planteó la pregunta de si esta raíz cristiana de Europa se está diluyendo. Mencionó el preámbulo del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, que no incluye ninguna mención al carácter religioso de la Unión. El ponente destaco que “si se volviera a plantear la posibilidad de un Tratado constitucional para la Unión Europea, habría que encontrar una fórmula que pudiera soslayar los recelos que ha levantado la mención de este tema”. “La Constitución de la Unión Europea, si algún día se acuerda, debería declarar en su preámbulo su fe en Dios y su fidelidad al cristianismo sin perjuicio de reconocer que existen personas que no creen”.
En este contexto, el Presidente de FCC comparó a la sociedad europea con un campamento “que renuncia a sus creencias cristianas aunque éstas y sus símbolos siguen en pie”. En consecuencia, “la raíz cristiana de Europa corre el riesgo de secarse, lo que pondría en peligro la supervivencia del continente como unidad política, por tanto hay que evitar a toda costa ese riesgo”. En este contexto, las ampliaciones de la Unión Europea resultan relevantes, en especial cuando se plantea sobre qué cimientos y condiciones debe hacerse la ampliación de la Unión o, con otras palabras, “¿Qué valores son el solar intocable sin el cual no puede mantenerse?”. Según Oreja, los Tratados no son suficiente. Lo realmente importante es la identidad europea, entendida como “valores compartidos que arrancaron del cristianismo y la voluntad de querer vivir juntos”.
Oreja no cree que el laicismo y la secularización de la conciencia sean valores propios de Europa, sobre todo cuando laicismo significa borrar lo religioso del espacio público y reclamar de los poderes públicos un rechazo explícito. Esta secularización de la conciencia es una de las dos principales actitudes ante el cristianismo en Europa. La otra es el fundamentalismo, “con expresiones de distinta procedencia, que quiere unir religión y política”. La solución está, a juicio de Oreja, “en otorgar a la religión y a las Iglesias un estatuto de realidad pública, de reconocimiento de una realidad social, cultural y moral que conforma a la mayoría otorgándole posibilidad y ayuda para su expresión, sin que eso signifique ni imposición ni exclusión”. Añadió que “el reconocimiento de la autonomía de los distintos órdenes de realidad en su plano propio es esencial para el funcionamiento de una sociedad”. Parafraseó a Benedicto XVI al afirmar que “la Iglesia no pide privilegios, sino la posibilidad de cumplir con su misión respetando la laicidad del Estado”.
La ponencia concluyó con las ideas de que “volver a las raíces y redescubrir constantemente nuestros orígenes significa reconocer los hechos, no imponer el futuro” y que “Europa debe ser, ante todo, fiel a sí misma”.

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