Diario de Navarra, 14 de marzo de 2005
Conferencia José Antonio Jáuregui
Está convencido de que el mejor camino para evitar desencuentros entre comunidades es viajar para encontrarse y conocer la arquitectura social de España.
¿En una comunidad pequeña como Navarra en la que no se debe prescindir de nadie, cómo hacer para que los nacionalismos no resulten excluyentes? «Ya hemos probado una guerra civil y hemos probado un exilio» responde el navarro José Antonio Jáuregui, antropólogo por Oxford, filósofo por la Gregoriana de Roma y doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid.
Invitado por la Institución Futuro, el autor de La identidad humana y de La España Vertebrada apeló el jueves en una conferencia en Pamplona a un ejercicio de «cesión por parte de todos» tomando como ejemplo la conducta de las fuerzas políticas españolas en la transición «para elaborar la Constitución, que no es perfecta para todos, pero que no nos ha dado tan mal resultado».

La identidad del llanto

José Antonio Jáuregui sostiene que el español no sabe vencer su producto. «Si Estados Unidos los hubieran descubierto los franceses sabríamos mucho más de Los Ángeles. El caso de España es de alguien que en el jardín tiene un tesoro y está mendigando porque no sabe qué lo tiene».

Antiguo profesor en la Universidad del Sur de California (USC)en Los Ángeles y catedrático Jean Monet de Cultura Europea en la Universidad Camilo José Cela, señala que «la identidad navarra, española, euskaldun o vasconavarra es enriquecedora cuando una no va contra la otra. Es necesario entender, tener sentido común y comprensión» manifestó, poniendo de relieve que «por encima de todas las identidades, la primera identidad es la humana y los derechos humanos». «Competimos en idiomas y lenguas, pero cuando nace un niño no dice bonjour ni egunon, el niño llora. Es su primer idioma y el último el que empleamos en los tanatorios ante la muerte». Es precisamente el llanto para el profesor Jáuregui otro de los elementos identitarios que vertebran España «en el arco de sentimientos tras el 11-M, pero no he visto en mi vida un llanto tan genuino en España como el derramado por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, y aquí no hablamos de autobuses pagados y bocadillos».

Peligros del nacionalismo

Tras recordar en su conferencia su pasado como discípulo de Salvador de Madariaga cuando se preguntaba y contestaba «¿qué hacemos los estados de Europa desunidos ante los Estados Unidos?: el ridículo», pasó a citar investigaciones junto con letras del folklore popular y frases del lenguaje coloquial referentes a comunidades vecinas, tanto en Europa y España como en tribus de Sudán que, a su criterio, delatan el hecho de que «las identidades tribales se construyen como oposición a los de al lado», pero subrayando que «sentirse de un lugar es una gran energía creativa». «El peligro del nacionalismo es cuando se peca por arriba o por abajo. Por arriba llegando a Hitler al declarar raza inferior a los judíos y exterminándolos, o a Sabino Arana declarando la raza inferior maqueta», dijo. «Se me maleducó en cierta xenofobia cuando te decían: el último maricón, los pérfidos judíos » indicó Jáuregui, matizando que sus objeciones se refieren hacia «los fanáticos nacionalistas; no me meto con los nacionalistas», advirtiendo que, en un recorrido por la historia, es la armonía de las diversidades uno de los elementos que, a su juicio, vertebra España en oposición a la tesis de Ortega y Gasset. «La identidad no es odiar a alguien», dijo, agregando que «si a Sabino Arana le hubieran seguido todos los intelectuales vascos Euskadi se hubiera separado».

De la cocina a la fiesta

Defensor de la aportación hispana a la cultura universal a través de españoles musulmanes y judíos, y de americanos, manifestó que la vertebración de España se observa tanto en textos de Marcial o en monedas ( «altares laicos») romanas hablando de Hispania como en los nombres de las calles que se cruzan como Goya y Velázquez, o en el jamón, la cocina, la fiesta, y hasta en el fútbol. «Incluso se recupera la identidad de Iberia en productos ibéricos», pero, sobre todo, «en la producción poética, literaria, musical, pictórica y ahora arquitectónica».

Jáuregui invita a meditar sobre el sentido de la palabra libertad «que nos la venden continuamente en forma de estatua», palabra recogida en monedas y frisos, «incluso en la leyenda de los infanzones de Obanos, frente a la falta de libertad de quienes tiene que llevar escolta».

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