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Antón Costas está convencido de que la crisis provocada por la agresión rusa a Ucrania acelerará la federalización europea. CORDOVILLA

Invitado por el movimiento cívico Co.Ciudadana e Institución Futuro, con la colaboración de DN Management, el presidente del Consejo Económico y Social (CES), Antón Costas Comesaña (San Pedro de Matamá, Vigo, 1949), participó ayer en un evento celebrado en el hotel Tres Reyes bajo el título ‘Laberintos de la prosperidad: claves para el progreso económico y social’. Ingeniero industrial y economista, acumula una dilatada vida profesional en el ámbito docente y empresarial. Es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona y también ha presidido el Círculo de Economía de Barcelona. Con un curioso acento mezcla de gallego y catalán, este último por sus muchos años viviendo en Ciudad Condal, Costas aborda la actualidad social y económica con un tono muy didáctico que suena casi eclesiástico.

Hay un paisano suyo que está en plena actualidad: Alberto Nuñez Feijóo. ¿Cree que lo hará bien al frente del PP?

Es un buen amigo y le tengo una gran simpatía. Cuenta con algunos atributos que van bien para una vida política sana. Es un buen profesional de la política, que es el mayor elogio que se le podría hacer en este momento. Creo que su presencia al frente del PP cambiará el tono de la política española y hará una contribución importante para la conformación de un conservadurismo renovador y progresista.

Reside desde hace muchos años en Barcelona. ¿Sigue viva la cuestión del ‘procés’ en la sociedad catalana?

Probablemente haya que hacer una distinción entre el procés y el sentimiento independentista. El procés fue un momento alocado de la historia política reciente de Cataluña. Como estrategia política hacia la independencia, ha fracasado y diría que está muerto, pero el luto será largo.

¿Y qué me dice en cuanto al sentimiento separatista?

La preferencia independentista es una opción política de gran número de ciudadanos en Cataluña y creo que esa preferencia va a permanecer.

 

“La presencia de Núñez Feijóo al frente del PP cambiará el tono de la política española”

 

“Aunque el procés como estrategia política hacia la independencia está muerto, el luto va a ser todavía largo”

“La necesidad de acabar con las emisiones de CO2 es un imperativo categórico y civilizatorio”

 

“Como dice el premio Nobel Daniel Kahneman, los optimistas se equivocan más, pero les va mejor en la vida”.

 

Abordando ya cuestiones de su ámbito de competencia, ¿cree que la nueva reforma laboral atajará la precariedad gracias a los cambios para fomentar la contratación indefinida?

Haría una distinción entre precariedad y temporalidad. Es verdad que en muchas ocasiones van de la mano, no necesariamente hay que asociarlas. Ciertas actividades económicas requieren de contratos temporales, que no tienen por qué ser precarios.

Pero existía un abuso de la temporalidad, ¿no?

El acuerdo social para la reforma laboral es una semilla muy importante del cambio cultural en la empresa española respecto a la temporalidad. Mi ilusión y mi esperanza es que esa semilla germine y los primeros datos que tenemos parecen apuntar a ello.

¿Lo destacaría como el mayor logro de la reforma laboral?

Lo más importante es el esfuerzo por cambiar esta cultura empresarial y laboral que era perversa para los trabajadores y las familias afectadas, para la productividad, para el dinamismo económico y la riqueza del país.

¿Será así pese al rechazo del principal partido de la oposición?

Si algo ha sido acordado entre sindicatos y patronal, es bueno por sí mismo. En la medida que es fruto de un acuerdo social, tiene esa perspectiva de estabilidad en el tiempo.

¿Qué opina del papel jugado por los sindicatos en un momento en el que algunos creen que están abocados a desaparecer?

La idea de que los sindicatos desaparezcan como institución no solo es un error, sino que refleja una falta de comprensión de cómo funciona una economía de mercado, incluso diría el capitalismo inclusivo.

¿Capitalismo inclusivo?

El capitalismo se civilizó después de la Segunda Guerra Mundial porque una serie de reformas permitieron un equilibrio en la negociación colectiva. Ese equilibrio es fundamental para el progreso. Sin mecanismos para distribuir el aumento de la riqueza y la productividad, el crecimiento económico acaba generando falta de progreso social y también de progreso democrático.

La economía empezaba a salir a flote y ha estallado la guerra de Ucrania. ¿Cuándo cree que Europa levantará la cabeza?

Honestamente, no lo sé. No es por dar una respuesta a la gallega, pero depende.

¿Y de qué depende?

De lo que vaya a durar la guerra y los daños y destrozos que va a provocar. También de las sanciones que se apliquen a Rusia y las que este país tome contra Occidente como represalia.

Los fondos europeos parecían ser la varita mágica para la transición hacia una economía mejor. ¿Será suficientes para compensar la crisis desatada por Rusia?

Todas las instituciones de la Unión Europea y en especial la Comisión han cambiado. La crisis pandémica nos ha obligado a la mayor parte de la gente a cambiar nuestra visión del mundo y la forma de afrontar las crisis. También pasó con la suspensión de las reglas fiscales y, sobre todo, con los fondos de recuperación, ya que estos se han financiado por primera vez en la historia de la UE con deuda mancomunada.

¿Por que es tan importante ese paso en Europa?

Yo lo llamo un momento hamiltoniano en Europa. Digo hamiltoniano en recuerdo de Alexander Hamilton que fue el primer secretario del Tesoro en Estados Unidos bajo la presidencia de George Washington. Logró comunitarizar la deuda de los estados que formaban parte de la unión. Unos estaban muy endeudados y otros tenían superávit y entre ellos no querían ningún tipo de acuerdo. Pues Hamilton consiguió crear una deuda federal y poner en marcha una política industrial y tecnológica nueva. Los fondos de recuperación europeos suponen eso mismo.

¿Así lo cree?

Sin duda. Se trata de una deuda federal europea que será muy importante para estabilizar los mercados. También para la legitimización de una política industrial de innovación y de desarrollo tecnológico de tipo estratégico en Europa que no existía con anterioridad.

¿Y en todo eso no va a influir la invasión rusa a un país vecino?

Va a acelerar los planes europeos puestos en marcha en relación con la pandemia. Ya lo estamos viendo en Alemania con un cambio radical en su política militar. La propia Comisión Europea está ampliando sus presupuestos. Vamos a asistir a un cambio de conducta que quizá pueda explicarse por aquel refrán de que no hay mal que por bien no venga.

Es usted un optimista.

No. El plan B, que es el pesimismo, no ofrece alternativa alguna. El premio Nobel de Economía y psicólogo Daniel Kahneman publicó un libro titulado ‘Pensar rápido, pensar lento’ en el que expone sus estudios sobre la conducta humana. Uno de los capítulos lo acaba de esta forma: “Queda demostrado. Los optimistas se equivocan más, pero les va mejor en la vida”.

Europa ha apostado por la estrategia acelerada por la descarbonización para evitar un desastre climático, pero hay sectores de la economía que no van a poder avanzar tan rápido. ¿Qué se puede hacer ante este dilema?

El cambio climático y la necesidad de reducir prácticamente a cero las emisiones de gases de efecto invernadero es un imperativo categórico y civilizatorio. No es posible concebir la continuidad de nuestra sociedad si sigue avanzando el cambio climático.

¿Considera que será inevitable dejar a alguien por el camino?

Me gusta comparar el actual proceso de la descarbonización con la desindustrialización de los años 80 y 90. Por entonces se decía que la desindustrialización era inevitable debido a la globalización, pero se dejó atrás a muchos territorios y a ciudades pequeñas y medianas que habían sido prósperas.

¿Y existe el mismo riesgo?

Hemos de aprender del pasado y afrontar esta nueva transición sin dejar atrás a aquellos lugares donde se desarrollan actividades con tecnologías muy contaminantes. Hay que mantener un equilibrio entre algo que tenemos que hacer, que es la descarbonización, con la estrategia para conseguirlo sin el fracaso que supuso la desindustrialización. Precisamente para eso son los fondos Next Generation.

¿Hay atajos para esa transición?

El camino a la prosperidad no es lineal, sino un laberinto con muchas propuestas. Algunas no conducen a ningún sitio, como el America first o el nuevo modelo impositivo más redistributivo sin mayores cambios. La falta de prosperidad viene de los malos empleos y del paro, por lo que hay que promover buenas empresas y dotar a los jóvenes y los trabajadores en activo de mayores capacidades para optar a mejores empleos.

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