Diario de Navarra, 26 de febrero de 2014
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro

La política en Navarra vive tiempos convulsos, qué duda cabe. Tras las acusaciones vertidas por Idoia Nieves sobre la vicepresidenta del Gobierno de Navarra, no hay día en el que los navarros no nos desayunemos con un nuevo titular sobre este tema o sobre cualquier otro relacionado con supuestas actuaciones irregulares o faltas de ética.

Mucho me temo que este asunto nos está distrayendo de lo verdaderamente importante. Los principales problemas de los ciudadanos son el paro, la situación económica y los políticos y la corrupción, estos son los que hay que solucionar. Sin embargo, la paralización del Gobierno para preparar su defensa ante las acusaciones de corrupción y la ya habitual concentración de la actividad parlamentaria en las labores de acusación y desgaste del Gobierno no están contribuyendo ni a generar empleo, ni a la salida de la crisis, ni a la regeneración democrática.
En el último barómetro autonómico del CIS, publicado en octubre de 2012, se preguntó a los ciudadanos navarros cómo creían que lo estaba haciendo el Gobierno en una serie de materias (infraestructuras, salud, educación, economía, seguridad…) y seguidamente se les preguntaba si creían que la oposición lo haría mejor. El resultado… ¡desolador! El Gobierno en unas materias lo hacía mejor y en otras peor, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos encuestados opinaba que la oposición lo haría igual o peor. Desde entonces ha llovido mucho, pero me temo que la brecha entre los ciudadanos y nuestros representantes se ha hecho más grande y la regeneración democrática que todos pedimos a gritos no puede retrasarse más.
Pero, ¿qué supondría esa regeneración? A mi entender, varios aspectos. El primero, la modificación del sistema de elección y el establecimiento de sistemas que garanticen la transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas de los representantes y de las instituciones, más allá de la publicación de algunos datos. En segundo lugar, es necesario proscribir las malas prácticas, por muy extendidas y aceptadas que éstas estén. El ejercicio de la política requiere una transparencia y una conducta exquisitas e irreprochables. Además, habría que ajustar el número de representantes a las necesidades de Navarra. No podemos seguir siendo una de las regiones con más parlamentarios por habitante de todo Europa. Y, si queremos tener los mejores representantes, tendríamos que determinar la formación y experiencia necesarias para desarrollar las labores propias de las diferentes instituciones.
Si dicha regeneración democrática no se lleva a cabo cuanto antes, la fractura y desafección de los ciudadanos hacia los políticos se incrementará y ello perjudicará a Navarra en tanto en cuanto se romperá la unidad de acción y la eficiencia que siempre han caracterizado a la Comunidad foral. Además, será muy difícil atraer a las personas de mayor valía a los puestos de representación. Las instituciones juegan un importante papel en el crecimiento económico de cualquier región. Vivir y trabajar al margen de ellas, como ya empiezan a proponer distintos colectivos, sería un error que penalizaría la competitividad de Navarra a futuro. Por otro lado, la entrada de Bildu en las mismas produciría un grave quebranto en los posibles pactos y acuerdos futuros.
Igual de preocupante resulta la mala imagen que estamos dando de Navarra en España y en el exterior, que está minando lo que hemos construido durante años. Seriedad, honestidad, eficacia y eficiencia, trabajo… eran los atributos ligados a Navarra. Nos va a costar que vuelvan a ser estos y no otros los que acudan a la mente de los españoles al pensar en la Comunidad Foral.
Para lograr que se produzcan esos cambios es necesario que todos los partidos políticos y las entidades que sea menester se tomen en serio este grave problema y comiencen ya a diseñar y poner en marcha la hoja de ruta que conduzca a su regeneración y reconciliación con el ciudadano. Y esto deben hacerlo haya o no elecciones anticipadas, porque no podemos esperar cuatro años sin darnos unas nuevas reglas de juego.
Las crisis y los problemas son una oportunidad para mejorar y salir fortalecidos. Lo peor que podría pasar es que no hubiéramos aprendido nada y que nada cambiara. Urge la regeneración. Desde estas líneas quisiera apelar a la responsabilidad de la clase política para llegar a acuerdos cuyo objetivo sea recuperar la confianza perdida del ciudadano en las instituciones y la política.

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