“La ignorancia es el peor enemigo de un pueblo que quiere ser libre”. Lo dijo Jonathan Hennessey, escritor estadounidense del siglo XX, y no puedo estar más de acuerdo con la cita. Si algo hemos aprendido del 2020, además de la fragilidad de nuestro sistema sanitario evidenciada por la pandemia de la covid, es que la desinformación está a la orden del día. Poca transparencia de ciertas entidades a la hora de publicar en detalle los casos de contagiados y fallecidos, sin una unificación de los sistemas de cómputo. O la máxima de no dar cabida a imágenes molestas que pudieran generar desazón o rechazo en la ciudadanía. Cada uno sabrá cómo se informa o, más aún, si desea estar informado. En cualquier caso, todos merecemos tener acceso a dicha información.

El 2020 también ha demostrado la rapidez con la que puede venirse abajo el crecimiento económico, como demuestran los siguientes datos referidos a Navarra. La Comunidad Foral terminó el año con 40.637 desempleados, un 22,4% más que hace doce meses. Entre enero y octubre, las exportaciones se redujeron un 14,7% respecto al mismo periodo de 2019; cayeron más del 75% las pernoctaciones en hoteles; el Gobierno de Navarra prevé cerrar 2020 con un descenso en su recaudación del 9,5% frente al año anterior; y BBVA predice la caída de la economía navarra en más del 10,5%.

Estos datos pueden gustar o no, pero no por ello dejan de ser ciertos. De hecho, la mejor y máxima información sobre el desarrollo económico facilitará decidir qué políticas llevar a cabo. Lo que no se mide no se puede mejorar. Por eso tenemos que estar agradecidos a tantas y tantas entidades, comenzando por el propio Gobierno de Navarra a través del Instituto de Estadística de Navarra (Nastat), que nos permiten conocer la situación en la que nos encontramos.

El problema se produce cuando las noticias no son buenas, cuando los resultados son peores de lo esperado y parecen manchar la reputación de determinados gobiernos o regiones. En ese caso no debería matarse al mensajero (el citado Nastat, los departamentos de estudios de las entidades financieras, la Seguridad Social… o los think tanks), sino reconocer con realismo y humildad que no todo va bien y ponerse manos a la obra para enmendar lo que funcional mal.

Recientemente, el expresidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, mencionaba en un artículo publicado en este mismo medio a Institución Futuro, think tank navarro con casi veinte años de recorrido, para argumentar que Navarra está perdiendo competitividad en general y competitividad fiscal en particular. También se refería a las entradas y salidas de empresas de la Comunidad foral. Y ciertamente, no todos los datos son positivos. Pero no por ello dejan de ser ciertos. Así lo certifican todos los estudios elaborados por diferentes entidades.

A veces, cuando no se puede atacar las fuentes de información, dada su exactitud, hay quienes optan por arremeter contra las personas. Eduardo Santos, secretario general de Unidas Podemos Navarra y consejero de Políticas Migratorias y Justicia, considera un demérito que el actual presidente de Institución Futuro fuera consejero del Gobierno de Navarra bajo el mando de UPN. Resulta difícil de entender que un político en activo intente denigrar a otra persona por haberse dedicado en el pasado a esa misma labor. Como si haber sido consejero de Economía y Hacienda le inutilizara per saecula saeculorum para presidir un think tank de corte económico y empresarial. Tampoco le parece bien que la cúpula directiva esté ligada al mundo de la economía y de la empresa. Porque para estudiar esos temas, por lo visto es mejor poner al frente a quienes no trabajan en dicho ámbito social. Por estas razones, Santos da la impresión de pretender invalidar de un plumazo los datos que el think tank aporta sobre la marcha de la economía foral.

Institución Futuro es un centro de pensamiento independiente, financiado desde hace años exclusivamente con las cuotas de su casi medio centenar de asociados, que dedican su dinero y su tiempo a trabajar para que a Navarra y a los navarros les vaya mejor. El think tank, abierto a toda persona que se preocupe por la Comunidad Foral, ha ofrecido en repetidas ocasiones su ayuda a varias entidades públicas en diversas áreas de su competencia. Siempre, también con el actual Gobierno foral, ha obtenido una respuesta de diálogo y escucha excelente.

Si al actual consejero de Justicia no le gustan los datos y las cifras que pone de relieve el think tank, porque pueden sugerir la existencia de una “mancha” en la imagen idílica que quiere transmitir de Navarra, de su atractivo para atraer empresas y de su gestión en general, sería recomendable que revisara los datos procedentes de las fuentes oficiales, no solo los de Institución Futuro. Quizá así se convenza de que Navarra está teniendo una capacidad de reacción a la crisis superior a la media nacional, pero este hecho no puede esconder el importante retroceso en lo que a competitividad regional europea se refiere, lo que condicionará, y mucho, la recuperación futura de nuestra región

El último navarrómetro, publicado por el Parlamento de Navarra, confirmaba que, tras la pandemia, las mayores preocupaciones de los navarros son el paro, la sanidad y los problemas de índole económica. Estas son las cuestiones que importan y en las que deberían centrarse las actuaciones del Gobierno. A no ser, como decía el escritor y diplomático mexicano Marco Aurelio Almazán, que “la política [sea] el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”.

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