Expansión, 22 de marzo de 2003
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
La necesidad más urgente para que nuestras industrias sean competitivas es satisfacer su demanda de formación profesional.
La necesidad más urgente para que nuestras industrias sean competitivas es satisfacer su demanda de formación profesional.

Ésta era la dificultad mayor que encontraba el director de una multinacional para instalarse en España. Me contó que nuestro país perdía oportunidades de inversiones extranjeras por la carencia de técnicos.

En nuestra nación, el 43% de los alumnos que acaban la Enseñanza Secundaria Obligatoria cursan Formación Profesional (FP). En los países del norte y el centro de Europa el porcentaje es mucho mayor; destacan Chequia (80%), Eslovaquia (79%), Austria (71%), Holanda (69%), Polonia (64%), Reino Unido (68%), Bélgica (67%), Alemania (63%) y Francia (58%).

En España, la tasa bruta de los alumnos que consiguen una titulación universitaria es del 32,1%, siendo pocos los que pueden ejercer la carrera estudiada nada más acabar. Los titulados universitarios más estudiosos encuentran su salida laboral en las oposiciones a la función pública. A mayoría de ellos, en concursos de nivel inferior a su grado académico: ordenanzas, administrativos, policías, etcétera. La desproporción entre las aspiraciones profesionales de un titulado universitario y el puesto de funcionario que consigue suele conducir en esas ocasiones a una gran frustración, decepción que se traduce en un desempeño de la función pública poco servicial y muy reivindicativo. La situación de los alumnos de FP cuando acaban sus estudios técnicos es muy distinta: el 84% consigue un empleo en tres meses, y suelen estar más satisfechos con su trabajo.
La carencia de los titulados en FP es tal que a veces los empresarios tienen que transformar a los licenciados que les demandan empleo en trabajadores manuales de baja cualificación.

Afortunadamente, la nueva FP ha dejado de ser el destino del fracaso escolar del bachillerato. Ahora hay alumnos que pudiendo escoger la opción más académica, optan por la más aplicada. Una de las razones de esta elección es el deseo de constituir su propia empresa algún día.

La matrícula de FP del presente curso refleja un aumento de un 0,4% y la del bachillerato una disminución de un 4,2%. Este cambio de tendencia es todavía muy débil si se pretende que nuestro país mantenga su competitividad en la Europa ampliada. Antiguamente, la superación de una carrera universitaria hacía probable el acceso al ejercicio de una profesión distinguida.

Hoy, la opción académica no es necesariamente la mejor. Es más, una FP bien aprovechada, seguida de un ciclo de estudios universitarios, proporciona más oportunidades laborales que las que dan la mayoría de carreras convencionales.

A este respecto, el director general de una asesoría en innovación industrial me decía esta semana: “cuando un titulado medio –por ejemplo, un ingeniero técnico– ha hecho previamente FP, tiene prioridad absoluta para ser seleccionado o promovido”.

La FP fomenta mucho más la capacidad de iniciativa y de desarrollo del propio proyecto profesional que el bachillerato: es el vivero de los empresarios que darán empleo a los titulados superiores. Estimular la FP es generar emprendedores e implica depender más de nosotros mismos. Ésta es una de las claves para tener futuro como país.

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