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¿Por qué no, en lugar de criticar lo que hacen nuestros vecinos porque políticamente no coincidimos, aprendemos de lo que hacen bien?

 

La gestión de la crisis sanitaria que estamos viviendo es tema de conversación entre familiares, compañeros de trabajo, amigos… Todos nos vemos autorizados para dar nuestra opinión sobre, por ejemplo, si las medidas de cierres perimetrales o limitaciones de aforos en la hostelería resultan oportunas o no. También nos arrancamos a hablar de las implicaciones económicas, del paro, de los Ertes… En definitiva, opinar es fácil.

 

Pero una cosa es opinar y otra hablar con los datos en la mano, con resultados incontestables. Y en esta crisis se están echando en falta muchos de esos datos. Se me ocurre, por ejemplo, el cómo se está criticando de manera incesante la gestión de la pandemia realizada por la Comunidad de Madrid, una región con una altísima densidad de población y una economía muy dependiente de la hostelería y los servicios, factores que, a priori, juegan en su contra en la situación sanitaria que vivimos.

 

En lo económico, Madrid ha apostado por mantener abierta la actividad socioeconómica todo lo posible. Y, como es lógico, ha obtenido mejores resultados económicos que el resto de regiones. Así, esta región cerró el último trimestre de 2020 con un crecimiento del 4,4% del PIB respecto al trimestre anterior, un porcentaje por encima del registrado en el conjunto de España (0%) y superior al de regiones como Cataluña, que cayó un 0,6%. En Navarra la cifra fue de 0,3%. Además, los últimos datos publicados en la Encuesta de Población Activa (EPA) muestran que en el primer trimestre de 2021 el paro bajó en Madrid un 10,5% respecto al trimestre anterior.

 

Podría pensarse que estas cifras, nada desdeñables en plena crisis, se han conseguido a base de realizar concesión en lo sanitario. Pero nada más lejos de la realidad. La Comunidad de Madrid ha sido la región con menor ratio de defunciones sobre hospitalizaciones de todo el país (un 12,2%) entre septiembre del año pasado -cuando ya comenzaba la segunda ola- y abril de 2021. Para que se hagan una idea, la media nacional fue del 21,6% y Cataluña y Navarra, por ejemplo, rozaron el 40% y el 20% respectivamente. La tasa de letalidad del covid, es decir, el porcentaje de fallecidos respecto a los enfermos por coronavirus, fue del 1,1% (en España, de media, el 1,6% y en Navarra la cifra fue del 1,3%). Y el exceso de fallecidos en residencias fue de solo 74 en Madrid (en las mismas fechas mencionadas) frente a regiones como Andalucía que superaron los 1.500.

 

En resumen: Madrid ha sabido gestionar la pandemia y el tema sanitario sin cerrar a cal y canto la hostelería, como sí han hecho otras regiones, entre las que se incluye Navarra. Esto le ha permitido comenzar una senda de recuperación de crecimiento económico y de empleo envidiable. Además, su estrategia de cierres perimetrales de distritos ha resultado mucho más eficiente que los cierres perimetrales de comunidades autónomas, como también ha sido el caso de la Comunidad Foral. Cuando se le ha permitido, ha tenido otra forma de gestionar que ha obtenido buenos resultados tanto en lo sanitario como en lo económico. Y no podemos obviar que la economía se reactivará, como no puede ser de otra manera, cuando lo sanitario comience a estar bajo control.

 

Como comenzaba este artículo opinar, y en ocasiones descalificar, resulta demasiado sencillo. ¿Por qué no, en lugar de criticar lo que hacen nuestros vecinos porque políticamente no coincidimos, aprendemos de lo que hacen bien? En estos momentos el enemigo es uno y común: el covid. Madrid ha asumido riesgos, pero los resultados la avalan y hay que reconocerlos. No hacerlo no sería de justicia.

 

Conviene que en Navarra tengamos las ideas claras a la hora de valorar la gestión de crisis que han hecho nuestros gobernantes para poder exigir responsabilidades. Con los datos en la mano, por favor.


José María Aracama Yoldi Presidente del think tank Institución Futuro

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