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Ana Yerro, directora de Institución Futuro, colabora en la sección de “La firma” del programa “ La Brújula de Navarra” de Onda Cero Navarra, dirigido por Javier Saralegui. En esta edición Yerro reflexiona sobre la renuncia a la educación diferenciada de dos centros educativos navarros.

 

Esta semana termina el curso escolar para la mayoría de los alumnos. Un curso marcado por la pandemia, las mascarillas, los confinamientos… y la ideología. Y digo ideología porque durante este curso la ya aprobada Ley de Educación, la Lomloe o también llamada ley Celaá, ha cuestionado los conciertos educativos hasta el punto que dos centros navarros han tenido que renunciar a su modelo de educación diferenciada para poder cumplir con las exigencias del Gobierno de Navarra.

Los ataques a la red concertada continúan en nuestra comunidad a pesar de que, donde hay oferta, más de la mitad de los alumnos solicita plaza en dichos centros. Así lo corroboran las últimas cifras de prematriculación. La calidad de dicha enseñanza tampoco puede cuestionarse: PISA, la Evau… todos determinan que sus resultados son. Eso sin contar que el coste para las arcas forales de un alumno en la red concertada es casi la mitad que el de uno en la red pública.

La Lomloe ha sido recurrida ante el Tribunal Constitucional porque fue ese mismo Tribunal el que reconoció en 2018 la legitimidad de la educación diferenciada y el derecho al concierto de las familias que la eligen, en igualdad de condiciones que los demás colegios.

¿Tiene por tanto sentido que los dos centros navarros mencionados se vean obligados a cambiar su modelo de educación diferenciada para el curso que viene cuando existe demanda más que de sobra y los resultados académicos les avalan? Lo peor de todo, desde mi punto de vista, es que esas luchas ideológicas y políticas las van a acabar pagando los que menos deberían; los estudiantes.

 

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