1 de junio de 2004
D. Joan Clavera, Catedrático de Economía Internacional de la Universidad Autónoma de Barcelona
Ayer, 1 de junio, tuvo lugar en la sede del think tank Institución Futuro, una conferencia-coloquio impartida por el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona Joan Clavera Manjonell, a un grupo de personalidades de la economía navarra, entre los que se encontraban el Consejero de Industria y Tecnología, Comercio y Trabajo, José Javier Armendáriz, el director general de Sodena, José María Aracama, o el secretario general de UGT en Navarra, Juan Antonio Cabrero.
El Dr. Clavera comenzó su conferencia dejando claro que la Europa de hoy “es muy diferente a cuando España se integró en la Europa de los diez. La Unión Europea es ya un espacio globalizado”. Y esta Globalización de comienzos del siglo XXI se diferencia, a su juicio, de la Internacionalización de finales del XX en tres aspectos concretos.
En primer lugar, la caída del muro de Berlín, en 1989, que da lugar a las coordenadas espacio-temporales en las que ahora se mueve la Unión, “con un sistema de mercado que constituye un paradigma a nivel mundial”. A esto hay que añadirle una tecnología específica “que va mucho más allá de los ordenadores: la gestión masiva de información digitalizada. Hoy casi todo se puede transformar en cadenas de unos y ceros que es lo único que entienden los ordenadores”. Y es esta capacidad de gestionar tanta información lo que ha posibilitado que demos el salto tecnológico. Por último, nos encontramos con el nuevo papel de las empresas. La visión que tenemos del Estado y de la iniciativa privada en 2004 “no tiene nada que ver con la de 1986. Hoy sabemos que la política fiscal y monetaria son las únicas piezas fundamentales de un Estado moderno, ya que las antiguas políticas de intervención más directa en la economía o están en crisis o han desaparecido”.
El análisis de estos tres aspectos llevó al Dr. Clavera a concluir que no hemos asimilado el problema de que “ahora es la iniciativa privada la que ha de asumir el motor del crecimiento”. En consecuencia, seguimos pensando que es el sector público el que tiene la máxima responsabilidad de hacer crecer la economía. “Lo que pueden hacer los poderes públicos es que el ambiente macroeconómico sea el adecuado, o que la regulación sea la correcta, pero su misión no es crear riqueza”.
En este espacio europeo, la Unión ha definido nuevas fronteras y “los vecinos del Este han tenido la suerte que tuvimos nosotros en el pasado”. Para Clavera esa suerte fue que, en 1978, en vez de discutir durante años en el Parlamento por el tipo de modelo económico que queríamos, todas las fuerzas políticas se pusieron de acuerdo en un modelo: el de la Unión Europea: “Todos estábamos de acuerdo en que había que abrir la economía, pero no sabíamos cómo. La Comunidad nos resolvió el problema, por eso España ha podido dar un salto tan importante en estos años”.
Para el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, el que Europa no cuente todavía con una constitución formalizada, no es un problema de fondo ya que los tratados de la Unión cumplen esa función en la práctica diaria: “Los actuales tratados tienen rango constituyente”. Así, la Europa ampliada tiene la gran ventaja de tener “una carta de navegación conocida en un espacio político, económico y social que compartimos; por lo que el espacio creado es un espacio estable”.
“Nos encontramos, dijo Clavera, con que en pocos años han ocurrido muchas cosas: la consolidación del espacio europeo, la conciencia de la globalización y la ampliación de unas fronteras que definen un marco de prosperidad. Y nos encontramos también con que la Comunidad ha aprovechado la ampliación para situarse a nivel internacional como un polo más potente de lo que, a veces, nos imaginamos”.
Al preguntarse si la reciente ampliación europea puede afectar a la competitividad, Clavera afirmó que ésta va de la mano de la Nueva Política Industrial, y que la Unión se ha visto obligada a repensar esta última. Primero, “porque mucha gente ha creído que los servicios son la piedra filosofal para solucionarlo todo”; y segundo “porque ya conocemos el viejo interrogante de si realmente hace falta, o no, una Política Industrial”. Lo que sí está claro, dijo, es que la Unión Europea quiere hacer un esfuerzo por entender la competitividad en una Europa ampliada y con nuevos vecinos.
Entrando al fondo del asunto, Clavera dejó claro que la competitividad es, claramente, una cuestión de valor añadido. “Todo el mundo habla de fabricar productos de valor añadido, pero yo les aseguro que el tema fundamental es quién añade el valor: ¿la máquina o la persona?” Para responder a esta pregunta expuso el caso de la reconversión de las ciudades industriales inglesas de los años ochenta que “se han reconvertido por el valor añadido de la mano de obra”. Para Clavera, esto último no se ha acaba de entender en España y “por eso se desprecia a los centros de investigación y a las universidades”, ya que se considera el I+D es una cosa secundaria frente a la producción: “Es la eterna lucha del cerebro contra el hierro, del software contra el hardware”.

La competitividad: cuestión de regiones
En cuanto a la concreción de esa Política Industrial, Clavera afirmó que no se puede entender a nivel estatal sino por territorios. “La UE cree que la política de competitividad a escala europea tiene un fuerte componente de los actores naturales que se mueven en un espacio conocido y concreto”. Por lo tanto, si no se entiende esto último, no se entiende la mezcla que hace la Unión entre política regional, política de competitividad y política industrial. “La política a nivel de Estados es demasiado difusa para adecuarse a las realidades del territorio, y la movilización del sector privado a nivel estatal es una tarea demasiado ardua. El protagonismo tiene que estar en el sector privado, que es quien mejor se adecua a una política regional, y debemos considerar que los poderes públicos locales también han de tener su papel, pero en ningún caso son los responsables principales, ni directos, de la creación de actividad económica”.
El catedrático de Economía Aplicada sentenció este último análisis confirmando que “la dimensión territorial (la dimensión espacial de los agentes económicos agrupados de forma natural y por el mercado), cada día adquiere un mayor relieve dentro de la Unión Europea”. Muy pocos estados europeos, afirmó, son unidades económicas homogéneas.
Clavera concluyó que hay que mirar la competitividad con una visión regional.

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