Diario de Navarra, 11 de junio de 2011
José Javier Olloqui, director general de Institución Futuro
Las elecciones municipales celebradas el pasado 22 de mayo en varias comunidades autónomas españolas constituye un motivo más que adecuado para reflexionar sobre la clase política y los pactos que en estos momentos se están cocinando, unas veces en las trastiendas de las sedes de los partidos y otras, públicamente, ante los medios de comunicación.
Como es sabido, en la Comunidad Foral el Partido Socialista de Navarra (PSN) es la segunda fuerza política y, sin embargo, tiene la llave para poder investir como presidente a la candidata de UPN, Yolanda Barcina, o, por el contrario, formar una coalición con los partidos nacionalistas. Nuestro sistema electoral, en ocasiones contradictorio, propicia situaciones como la que estamos viviendo: toda una ronda de contactos del partido clave para formar gobierno, jugando a dejarse querer. Son semanas agridulces para el PSN y para Navarra.

Esta situación provoca en los ciudadanos una gran incertidumbre. Con la crisis que vivimos, lo que menos necesitamos todos, incluido el entorno económico y empresarial, es la imagen de que el Gobierno se va a formar dependiendo del número de cromos que los partidos políticos intercambien entre sí. Aunque sean legales, y hasta legítimas, estas rondas de contactos entre las diferentes fuerzas, no es admisible en términos sociales el que jueguen al mus para mejorar sus posiciones estratégicas. Y si los partidos políticos creen que sí, la sociedad civil debería denunciarlo y nosotros lo hacemos.

Navarra es una de las comunidades autónomas más desarrolladas de España, con el segundo PIB per cápita más alto, hecho que se debe, en parte, a la estabilidad política que durante los últimos años hemos vivido de la mano de UPN y PSN. En Institución Futuro creemos que dicha estabilidad es necesaria: debería mantenerse porque es el resultado libremente expresado en las urnas. El nivel de crispación actual podría y tendría que rebajarse mediante la cooperación entre los partidos que llevan años trabajando por una Navarra fuerte y diferenciada. Es el momento de adoptar una actitud valiente al tomar decisiones firmes, transparentes y comprometidas, porque el actual momento económico y político así lo exige.

Recientemente una delegación de nuestro think tank visitó Viena y conoció de primera mano su madurez social y sus instituciones. Si algo sacamos en claro fue que la situación política en Austria ha estado siempre marcada por una estabilidad política admirable, con grandes coaliciones, bien de los conservadores, bien de los socialistas. Alternándose en el poder han trabajado con responsabilidad sabiendo construir un país fuerte y maduro por encima de sus intereses partidistas. ¿Alguien ha oído hablar de Austria estos últimos tres años, marcados por la crisis en muchos países? Pues ahí está, establemente segura, con un 4% de desempleo y un pueblo desarrollándose y realizándose social e individualmente. Éste resulta un muy buen ejemplo del que Navarra, otras Comunidades Autónomas y España deberían tomar nota.

Hacer generalizaciones siempre supone el riesgo de meter en el mismo saco a personas de muy diferente textura. Sin embargo, creo que la situación de debilitamiento de las instituciones españolas en lo que a política se refiere bien merece el enfado de unos cuantos si se consigue un cambio drástico de actitudes en la mayoría. Las negociaciones que estamos observando en los últimos días son el reflejo de cómo jugar mal, francamente mal, el papel político. Los ciudadanos somos personas maduras, que votamos con la esperanza de que quienes nos gobiernan sepan construir con responsabilidad un mejor futuro para todos, o al menos defendiendo y construyendo unos valores por los que la mayoría han apostado.

En último término, los políticos no son sino el reflejo de la sociedad a la que gobiernan. Es decir, que si ésta no pide explicaciones de las actuaciones de los partidos, si no demanda una mayor transparencia de los asuntos públicos y si no castiga (que ya casi lo hace) en las urnas al mal gestor político, difícilmente el líder de turno va a cambiar su modus operandi. Si queremos que la política evolucione a mejor y los pactos en Navarra se firmen pensando en el conjunto de los ciudadanos y no en el poder de unos cuantos, es imprescindible que cambie la actitud de la sociedad mediante una mayor implicación y exigencia de responsabilidades. De no actuar así, nos mereceremos todo lo que nos pase. Mal que nos pese.

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