Diario de Navarra, 17 de septiembre de 2008
Julio Pomés, director de Institución Futuro
P UEDE nuestro Parlamento foral facilitar el avance económico para salir de la crisis? Institución Futuro exponía en estas páginas (6/9/2008) los principios generales que deben presidir la innovación económica que Navarra necesita. Procede ahora concretar reformas en las diferentes áreas. La entrega de hoy pretende demostrar la utilidad que puede tener la Cámara para hacer progresar la economía.

La investigación de Carlos Sebastián “Instituciones y economía”, a partir del informe Doing Business del Banco Mundial y de la base de datos Executive Opinion Survey, ha analizado el caso de España. Sus conclusiones ponen de manifiesto la baja calidad de nuestra legislación. La primera reforma que propone es una simplificación regulatoria que otorgue agilidad y rapidez a la economía. Nuestro Parlamento foral podría transformar esta debilidad nacional en una fortaleza regional, y hacer que nuestra legislación autonómica fuera la más propicia de España para la actividad empresarial. Si tuviéramos esta ventaja, Navarra mejoraría su atractivo para atraer inversiones y empresas. Así como Delaware (EEUU) ha hecho de la calidad de sus leyes su mayor atractivo para atraer negocios, Navarra podría ser el Delaware de España: un lugar de excelencia por su seguridad jurídica y eficacia institucional.


Para mejorar nuestra calidad legislativa conviene dejar claro que es perjudicial que un parlamento apruebe muchas nuevas leyes. Una producción legislativa excesiva lo que provoca es un aumento de la complejidad legal y de burocracia. Prueba de ello es que hay Estados norteamericanos que tienen limitado el número de sesiones anuales que sus parlamentos pueden operar, para evitar que éstos legislen en exceso. El esfuerzo de tiempo y dinero que supone desbrozar la jungla legislativa aumenta los costes de funcionamiento de las empresas. Disponer de una jurisprudencia clara, sencilla y de calidad aumenta la confianza de las empresas para instalarse en una región.


Nuestros parlamentarios forales debieran tener como prioridad eliminar la legislación redundante. Así, sería conveniente acogerse a la jurisprudencia europea o a la nacional en los temas en que convenga la homologación. Esto evitaría esfuerzos estériles, como el de la Ley foral sobre el síndrome espongiforme bovino. Por el contrario, en aquellas materias en las que nuestro sistema económico nos proporciona ventajas competitivas, como la fiscalidad, el Parlamento debiera lograr que sus disposiciones fueran excelentes.


Otro factor que puede mejorar nuestra calidad institucional es evitar la obsesión diferenciadora legislativa de Cataluña, Galicia y el País Vasco, torpeza que no sale gratis. Los abusos regulatorios, y especialmente los que se refieren a la lengua autonómica, no animan a que vengan a instalarse empresas de fuera. Por el contrario, las facilidades que promueve la legislación de la Comunidad de Madrid, siempre rigurosamente compatible con la jurisprudencia nacional y europea, despiertan la confianza inversora y el advenimiento de nuevas empresas.


Por último, apremiar al cuidado que los parlamentarios deben poner en la Ley de Presupuestos en curso. En una situación de crisis, que va a ser larga, con números rojos en nuestras cuentas, debiera primar el pragmatismo económico sobre la discusión político-partidista. La economía no es ni de izquierdas ni de derechas, sino próspera o decadente. Si nuestra economía no es competitiva globalmente, perderemos calidad de vida y además nuestro bienestar social será insostenible. Señores parlamentarios: déjense de estériles gestos populistas y promuevan medidas que liberalicen la economía y ahorren gasto público o, de otro modo, el aumento de deuda comprometerá el futuro de nuestra tierra.

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