Dinámica, 23 de julio de 2009
Emilio Huerta, Director de Institución Futuro
En España se está produciendo un intenso debate sobre el funcionamiento del mercado de trabajo y los contratos y relaciones que se establecen en dicho mercado. En esta discusión los sindicatos tienen una fuerte presencia y se muestran poco receptivos a que, a pesar de los alarmantes datos de paro, se produzcan cambios importantes en el funcionamiento del mismo.

Por otro lado, los sindicatos tienen también un papel significativo en el proceso de negociación interna que se establece en las empresas y resulta menos conocido el impacto de esa influencia sobre la productividad y capacidad de competir de las compañías. Vamos a establecer algunas ideas sobre esta segunda cuestión.

Las relaciones entre empleados y accionistas en la organización son complejas.  Existe una importante disparidad de objetivos entre los dos protagonistas principales de la acción colectiva de la empresa. Los sindicatos se sitúan en el espacio de defender y proteger los intereses de los trabajadores frente a los intereses de los accionistas más orientados a la rentabilidad del capital y a garantizar la supervivencia de la organización.

En la gestión de las relaciones laborales dentro de la empresa, la cuestión que nos preocupa aquí, la experiencia sindical en Europa es variada pero se mueve entre dos referentes bien conocidos. En Alemania pocos cuestionan la legitimidad de los trabajadores para tomar un activo papel en la información, organización y  gestión de la compañía. Se considera que los trabajadores constituyen un colectivo esencial en el funcionamiento de la empresa, son el colectivo con la mayor cuota de riqueza vinculada a la marcha de la organización, y por tanto, este grupo tiene interés en conocer las decisiones operativas y estratégicas fundamentales que la compañía está tomando para establecer su posicionamiento competitivo.

A diferencia del modelo alemán, el sindicalismo español tradicionalmente ha adoptado una actitud distinta en la relación con los propietarios de las empresas. El antagonismo y conflicto de intereses ha prevalecido sobre elementos más cooperativos. Los sindicatos han estado muy interesados en los salarios, condiciones de trabajo y duración de la jornada laboral y no han tenido ni  oportunidades ni interés en   acceder a información de carácter más estratégico de las compañías.

Otra  característica de las relaciones laborales en España ha sido que  los acuerdos se han tendido a negociar en un ámbito sectorial, nacional o local y por tanto,  relativamente centralizado, para ofrecer unas condiciones laborales  homogéneas a todos las empresas independientemente de su situación particular.

En España, la cultura dominante en los procesos de negociación ha sido posicionar a los sindicatos y dirección en perspectivas de antagonismo y conflicto por lo que el establecimiento de relaciones cooperativas y de amplia colaboración entre directivos y sindicatos, no han sido especialmente frecuentes aunque en algunas organizaciones se han podido desarrollar.

Esta actitud ha tenido como consecuencia que, en general, los procesos de negociación sindical no se han dirigido a hacer a las compañías más competitivas, este comportamiento se ha considerado responsabilidad esencial de los managers y accionistas,  sino a extraer para los empleados las mejores contrapartidas posibles de la dirección en términos de salarios, jornada y condiciones de trabajo.

Las dificultades económicas y las señales tan rotundas que nos envía la economía deberían servir para repensar qué papel deben de seguir jugando los sindicatos dentro de la empresa, si de confrontación o de colaboración. Quizás es el momento de plantear fórmulas distintas, nuevas maneras de pensar que reconozcan que, a pesar de las diferencias de objetivos, la empresa es un espacio de interés común entre trabajadores y propietarios. La viabilidad y solvencia de la organización no resulta sólo en el interés de los accionistas sino que es esencial para mantener el empleo y la remuneración de los trabajadores. De otro lado, estar más informado y aportar ideas, iniciativas y sugerencias no debería ser sólo responsabilidad de los directivos sino que los trabajadores tienen muchas iniciativas positivas que aportar en esa dirección.

En suma, cómo respondamos a esta cuestión tendrá, sin lugar a dudas, importantes consecuencias para la competitividad de nuestras empresas ya que estamos definiendo o bien  un espacio de colaboración y compromiso en la organización   o por el contrario situamos la relación  entre accionistas y trabajadores en el espacio de la  desconfianza y el conflicto. Deberíamos aprender de las empresas que han desarrollado buenas relaciones, que han construido un entorno de confianza entre trabajadores y directivos y que ese espacio les ha sido muy útil para fortalecer la competitividad y sostenibilidad de las compañías.

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