Diario de Navarra, 1 de febrero de 2014
Emilio Huerta, miembro de Institución Futuro

Después de seis años de crisis, los ciudadanos perplejos, esperan que esas señales de mejora de la situación económica se confirmen, pero la realidad ofrece un panorama complejo en el que los problemas a los que nos enfrentamos siguen siendo graves y las perspectivas de crecimiento frágiles.

Las consecuencias más negativas de la crisis se manifiestan en el desaprovechamiento de buena parte de nuestros recursos. La elevada tasa de desempleo, la sobrecualificación de parte del capital humano, el exceso de capacidad de las empresas y los abundantes activos inmobiliarios vacíos son expresiones del bajo nivel de demanda y actividad. Ese menor tamaño de la economía, ha hecho retroceder la renta per cápita a niveles de hace una década y está oscureciendo las expectativas de progreso de una parte muy importante de la sociedad. Pero no nos equivoquemos, la actual situación es heredera de errores y excesos cometidos a lo largo de más de una década. Un patrón de inversión y consumo financiado con deuda y poco orientado a la mejora de la productividad y mucho a la burbuja inmobiliaria. Una atención insuficiente a la mejora de la competitividad empresarial y un retraso sobresaliente en la modernización de las instituciones públicas.

El cansancio entre la ciudadanía es notable y la desconfianza se extiende, ya que llevan años escuchando que las cosas van a cambiar, mientras observan cómo se llevan a cabo recortes no siempre entendidos y constatan que cuando las cosas cambian, se imponen nuevos sacrificios. Además en el espacio público se percibe un panorama decepcionante de desunión, luchas partidistas y visiones cortoplacistas y limitadas. Nadie ofrece iniciativas de alcance que ayuden a dibujar un futuro mejor, sólo recetas interesadas y coyunturales. Por eso resulta urgente definir una estrategia de salida de la crisis que ofrezca un diagnóstico de los errores y excesos cometidos, que presente una visión positiva de hacia dónde queremos avanzar, y desarrolle un conjunto de reformas para que no se repitan los errores cometidos. Esta estrategia se debe definir sobre la base de los tres principios para conseguir el éxito.

Hay que identificar una visión del cambio que refleje hacia dónde queremos ir y en qué situación nos gustaría estar dentro de cinco años. Una visión es particularmente necesaria para abordar la complejidad de las reformas si se quiere conseguir que los ciudadanos las apoyen y esto sólo se producirá, si entienden por qué se produce, comparten el escenario final que se persigue y consideran que los costes del ajuste están equitativamente repartidos entre los distintos agentes sociales.

Hay que establecer un conjunto de iniciativas que configures un plan de acción general, no medidas parciales e inconexas. Tras la visión habría que establecer políticas y acciones para avanzar hacia el horizonte previsto. Deben presentarse medidas concretas y creíbles que equilibren los impactos a corto, medio y largo plazo sobre la economía y la sociedad.

Se requiere de coordinación y liderazgo del proceso por las instancias con más responsabilidad de la sociedad civil, del gobierno y del espacio público. Si no es así, seguiremos como hasta ahora, cada uno, empresas, familias, inversores, instituciones.. a su aire.

En definitiva, el ejercicio de la Política Económica consiste en identificar horizontes y construir iniciativas que permitan a nuestra sociedad definir un rumbo para superar la actual situación. Por eso es fundamental contar con objetivos que dibujen un futuro distinto del presente ya que gobernar es establecer prioridades. Si carecemos de metas y ambiciones, las políticas de austeridad se aplican haciendo recortes de gasto de modo uniforme o concentrando los ajustes en las partidas más indefensas. Se buscan soluciones coyunturales a problemas estructurales, incurriendo en incoherencias. Se actúa con poco rigor y transparencia y se pierde la confianza de la ciudadanía que reconoce que todos los sacrificios que realiza, no se enmarcan dentro de una estrategia eficaz de salida de la crisis. Por eso hay que apostar por una política económica e industrial que ayude a realizar las transformaciones profundas que la economía y la sociedad Navarra necesitan. Lo dicho, no nos conformemos con el presente estado de cosas, busquemos soluciones colectivas más que individuales y comprometamos los esfuerzos, recursos y capacidades que tenemos como sociedad para ganar el futuro. 

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