Diario de Navarra, 6 de marzo de 2009
José Antonio Sarría, presidente del CCN
La pronunciadísima reducción de la demanda ha dejado a la mayoría de la industria a medio gas. La producción industrial registra una caída histórica, y en la metalurgia y la automoción los descensos superan el 12%. La fortísima contracción de la actividad industrial en la economía española no hace más que reflejar la notable reducción de las ventas. Y esta caída de la producción explica el espectacular aumento del paro que se está produciendo.
Observamos con creciente preocupación que los fundamentos de nuestra economía son débiles. Hemos crecido estos años gracias a un aumento enorme del consumo, un apalancamiento financiero elevado, un crecimiento del empleo en sectores poco intensivos en tecnología y al desarrollo de actividades ligadas a la construcción y los servicios de bajo valor. El lado oscuro de todo esto ha sido el modestísimo crecimiento de la productividad. Y ahora que las burbujas financiera y de la construcción se han pinchado, tenemos que volver a mirar a la competitividad como soporte de nuestro futuro.

Pero, ¿tiene la industria capacidad para sustituir el impulso de la construcción? El problema es que los datos son negativos. El sector está siendo tan castigado o más que los otros en esta coyuntura. Estamos ante una recesión en toda regla.

La debilidad de la demanda y las dificultades financieras explican la reducción de la producción industrial, pero aquí no están todas las claves del problema. La industria tiene problemas de fondo que le impiden reaccionar con rapidez. Así, una rígida estructura de costes dificulta que muchas empresas desvíen su oferta a otros mercados. Una baja tradición exportadora y escasa internacionalización impide diversificar mercados y riesgos.

En ocho años, los costes de producción han subido un 32%, mientras que en Alemania lo ha hecho sólo la mitad. Además, los costes laborales han aumentado entre 1998 y 2007 un 12% más en España que en la zona del euro, y un 24% más que en Alemania.

Desde 1998, los sucesivos gobiernos han sido incapaces de promover un entorno innovador para la inversión manufacturera. En España, la producción industrial compite en desventaja por los mayores costes energéticos y logísticos. Existen unos altos costes burocráticos y una administración rígida. Tenemos un sistema fiscal farragoso y complejo. Y, por supuesto, seguimos teniendo deficiencias muy notables en el sistema educativo general y profesional que limitan la existencia de una mano de obra bien especializada y formada que se incorpore a las empresas para mejorar su productividad.

Muchas cosas deben cambiar si queremos definir unas bases más robustas para nuestro crecimiento. Hay que generar un entorno que apoye a las empresas y les ayude a competir sin desventaja en el mundo. Las empresas tienen que orientar sus estrategias a la definición de un posicionamiento diferenciado en los mercados. El sector público debe establecer una disciplina fiscal que afecte a todos los capítulos del gasto excepto la inversión. Necesitamos un modelo energético más racional que reduzca la dependencia y estimule la disminución de costes. Hay que establecer mejoras sustanciales en el sistema educativo general y profesional y es necesario definir un entorno fiscal y jurídico atractivo para la inversión privada, que ayude a modernizar el aparato productivo y a despojarlo de los vicios del pasado. Nuestra estructura fiscal no se parece mucho a la de los países con mejores resultados económicos y de bienestar.

En suma debemos desarrollar buenos negocios, crear nuevas empresas, innovar e internacionalizarnos y generar valor, además de financiar nuestro estado del bienestar, sin penalizar los costes de producción de las empresas y su rentabilidad porque son éstas el motor de nuestro crecimiento.

Si queremos cambiar, debemos hacer reformas aunque sean costosas y exijan sacrificios. Mientras no abordemos en serio todas estas cuestiones, lo demás son fuegos de artificio. Frente a la crisis, es hora ya de hablar con claridad. Necesitaremos coraje ya que las circunstancias lo exigen. Hemos vivido otras crisis con anterioridad y las hemos superado. Hay que mantener la calma y tener confianza, porque la negatividad no permite ver con claridad las oportunidades que van a surgir. Nadie puede indicar con rotundidad cuándo cambiará la situación, pero lo que es seguro es que va a depender tanto de nuestra actitud, compromiso y esfuerzo, como del estado de la economía.

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