Diario de Navarra, 2 de julio de 2011
Javier Troyas Bermejo es presidente de Institución Futuro
El nuevo Ejecutivo foral ha de establecer una legislación que favorezca la actividad económica de las empresas y, en consecuencia, el mayor número posible de contrataciones.

Yolanda Barcina tomó posesión ayer, uno de julio, de la presidencia del Gobierno de Navarra. Sustituye en el cargo a Miguel Sanz, quien durante 15 años difíciles ha trabajado duramente por defender a la comunidad en todos los escenarios, dentro y fuera de las mugas forales. Con independencia de los juicios que para unos u otros merezca su gestión, no puede negarse su gran labor, personal y de todo su equipo, a la hora de haber facilitado la generación de riqueza y bienestar social en pro de todos los ciudadanos navarros. Gracias a su trabajo y al de los diverso sagentes sociales, Navarra se ha convertido en una comunidad de referencia para el resto de España y para muchas regiones de Europa. Además, el expresidente ha sido valiente a la hora de defender la legítima identidad de Navarra.

En un gobierno de coalición UPN-PSN, la nueva presidenta, Yolanda Barcina, y el vicepresidente Roberto Jiménez tienen ante sí una labor muy difícil. Como suele decirse, Miguel Sanz ha puesto el listón muy alto. De entrada, el esfuerzo realizado por dos partidos políticos tan diferentes, pero unidos en su constitucionalismo, para llegar a un entendimiento es digno de elogio: han sabido encontrar los puntos que les unen por encima de sus diferencias, pensando en Navarra. Ahora lo decisivo es que, durante toda la legislatura recién estrenada, los miembros del nuevo gobierno se entiendan entre sí dejando de lado las disensiones que puedan surgir. Su principal objetivo tiene que basarse en establecer un gobierno estable durante los próximos cuatro años. Lo demás, espero, vendrá por añadidura.

El principal reto que el gobierno debe afrontar es la generación de empleo. Con una tasa de paro del 13%, menor que la media nacional pero aun con todo preocupante, el Ejecutivo ha de establecer una legislación que favorezca la actividad económica de las empresas y, en consecuencia, el mayor número posible de contrataciones. Además, ya ha anunciado que, dependiendo de la evolución de los ingresos públicos, se estudiará una posible reducción progresiva del tipo de gravamen del Impuesto de Sociedades. Como ya hemos manifestado desde Institución Futuro en repetidas ocasiones, una auténtica política social es la que produce empleo, no la que se limita a subsidiar a los parados, con el consiguiente gasto económico.

Otra tarea primordial consistirá en la negociación, el próximo otoño, de los Presupuestos Generales de Navarra para el 2012. El recorte del gasto público promulgado por el nuevo gobierno, materializado en la reducción de los cargos de libre designación en un 15%, sus gastos de representación y otras partidas semejantes, supone, de momento, un gesto positivo ante los ciudadanos. Pero para ser en verdad efectivo, ha de verse respaldado por una reducción considerable del presupuesto en su conjunto, dado además que ya se ha confirmado que la presión fiscal no aumentará. La creencia, muy extendida, de que cuanto más se gasta mejor funciona la Administración, es una falacia desmontada por la experiencia. No se trata de gastar más dinero de los contribuyentes, sino de gastar lo mejor. Y no se puede gastar más dinero del que entra, porque se hipotecaría el futuro de las nuevas generaciones.

Este tema me lleva a resaltar otro de igual o parecida importancia en Navarra: el exceso de burocracia en las entidades públicas. La simplificación, agilización y eficiencia de la Administración habrá que afrontarlas cuanto antes. Es urgente reducir los gastos y aumentar la productividad con el fin de, con menos dinero, obtener una administración pública dotada de mejores sistemas y de empleados públicos más comprometidos. Asimismo, es preciso practicar una mayor transparencia en la gestión del gasto público para que el contribuyente, que es quien de hecho sostiene el sistema, esté al tanto de cómo, dónde y en quién se gasta e invierte su dinero.

Los Países Nórdicos, Austria, Alemania, Reino Unido y Suiza suponen ejemplos de cómo los Gobiernos de coalición pueden salir adelante y llevar a cabo las políticas que el país necesita. Con dicha estrategia política, cuyas premisas son el trabajo en equipo y el bien común de la nación y no intereses partidistas, se rebaja el nivel de crispación ciudadana y los buenos resultados socio-económicos acaban llegando. Los ciudadanos valoran la cooperación de los políticos, no el enfrentamiento estéril de consecuencias entorpecedoras y hasta paralizantes de la acción de gobierno. Y aprecian que no se debilite más a España pagando facturas a partidos bisagra y nacionalistas. Por todo ello, es de agradecer la actitud valiente de la presidenta del Gobierno de Navarra al asumir un Ejecutivo de consenso. Además, me permito la licencia de sugerirle, con toda modestia, que, en momentos de crisis tan aguda como la actual, la impopularidad de ciertas medidas no le induzca a frenar su implementación. Es bien sabido que, a nivel nacional, la valoración de la clase política por parte de los ciudadanos y su confianza en ella están bajo mínimos. Navarra tiene que ser un ejemplo a seguir por el resto de los españoles y, sobre todo, por todos los políticos. Sólo con transparencia y rigor en la acción de gobierno de cooperación y consenso se puede recuperar la confianza perdida. Estoy convencido de que así se hará.

Share This