Diario de Navarra, 1 de marzo de 2015
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro

Por alguna razón que desconozco, algunas frases a base de repetirse de manera automática y machacona, adquieren rango de verdad. Estos días pasados el candidato de UPN proponía la desprofesionalización del Parlamento y la vuelta al sistema de dietas, e inmediatamente ha empezado a escucharse desde la oposición aquello de que entonces solo los ricos podrían ser parlamentarios.

Pero ¿qué impediría a un pobre cobrar dietas en el parlamento? Pensemos en una persona sin medios y en paro, seguiría estando igualmente en paro y tendría algún medio más, las dietas. Si trabajara en una cadena o en hostelería, o si tuviera una empresa, seguiría teniendo el mismo modo de vida que ya tenía al que uniría su trabajo en el Parlamento y el cobro del sueldo correspondiente por ese trabajo, las dietas. Es cierto que en algunos trabajos es más fácil organizar el propio tiempo y que en otros sería difícil compaginar el trabajo por cuenta ajena con el del Parlamento. Pero entonces el problema no es si se es rico o pobre, sino cómo compatibilizarlos.

Ataquemos ese problema: al igual que existe la excedencia forzosa por ocupar un cargo público, asegurémonos de que cuando una persona sea elegida para representar a los navarros en el Parlamento, tenga derecho a disponer del tiempo para hacerlo o pueda compatibilizar el cobro del paro con el de las dietas, por ejemplo. No es cierto que si se desprofesionaliza solo los ricos podrán ir al parlamento. Lo que ocurriría es que el Parlamento dejaría de ser un medio de vida para algunos que no tiene otro. Conviene recordar que antes de 2007 en el Parlamento solo tenían dedicación plena el presidente o los miembros de la mesa y junta. ¿Está la oposición diciendo que los demás eran ricos? ¡Miren que alguno se va a ofender!

Otra de las cosas que defendemos muchos es que para que los parlamentarios puedan hacer bien su trabajo, necesitarían poseer unos mínimos conocimientos. De nuevo funciona el automático: ¡eso es impensable porque entonces no estaría al alcance de todos los ciudadanos el poder representar a su pueblo! Lo cierto es que en cualquier trabajo que uno quiera hacer se exigen unos conocimientos mínimos, aquellos que son necesarios para poder realizar bien dicho trabajo. ¿Por qué el Parlamento debería ser una excepción? Si de verdad queremos que todo el mundo pueda ser parlamentario ¿qué sería más lógico, asegurarnos de que los conocimientos necesarios están al alcance de todo aquel que quiera ser parlamentario o dejar que personas sin los conocimientos necesarios lo sean empobreciendo la labor de la Institución? Llevado al límite ¿podría ejercer de parlamentario alguien que no supiera leer? ¿Podría ser médico alguien que no hubiera estudiado para ello?

Otro argumento que hemos oído estos días: ustedes, miembros de UPN, ¿cómo pueden estar proponiendo desprofesionalizar el parlamento si fueron quienes lo profesionalizaron? Pues precisamente esa es la base del cambio y el progreso, hacer lo que se cree que es mejor y si no funciona, cambiarlo en lugar de persistir en el error. En la época de la innovación la clave es equivocarse pronto y barato y aprender de los errores, y no mantenerse en ellos por el miedo al qué dirán. Lo cierto es que la Administración y las instituciones deberían tener el tamaño justo y necesario y no más por definición. Y también que todos queremos que nuestro Parlamento sea una muy buena institución. Los navarros hemos invertido durante siete años una mayor cantidad de nuestro dinero en profesionalizarlo y no ha dado los resultados buscados. Habrá entonces que buscar otras fórmulas. Quizá en lugar de pretender que los parlamentarios sepan de todo a base de echarle horas en el Parlamento, sería mejor tirar de conocimiento externo como ocurre en otros parlamentos.

En definitiva, cada uno es muy libre de tener la opinión que quiera acerca del tamaño del Parlamento y su profesionalización, pero es inadmisible que no se quiera debatir sobre ello y que se acuda a argumentos demagógicos sobre ricos y pobres, derechas e izquierdas. Vivimos un momento histórico en que de demagogia y soflamas vamos ya sobraditos. Debatan sobre ello pero con argumentos serios. Y háganlo sobre la base de los datos: el parlamento navarro tiene el mayor coste por habitante de España y un número de parlamentarios por habitante superior a la mayoría de parlamentos comparables en Europa. A partir de la profesionalización del parlamento se observa un gran aumento de las iniciativas parlamentarias, sobre todo comparecencias y preguntas, sin que se aprecie una mejora de la labor parlamentaria ni una mayor calidad legislativa. No se escucha hablar de simplificación y racionalización legislativa, ni se ve una actividad de impulso y propuesta de proyectos para Navarra. Lo que sí se aprecia es que la función del control al Gobierno está adquiriendo un excesivo protagonismo.

Lo dicho, dejemos los fuegos de artificio y debatamos los temas en profundidad.


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