Septiembre 2014. Revista Idea Nº 42. Consejo Escolar de Navarra
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro

Nos guste o no, vivimos en un mundo global en el que los límites de los países y regiones y de sus organizaciones se han difuminado y permeabilizado. Los clientes, los proveedores, los subcontratistas e incluso los trabajadores de cualquier negocio ya no se sitúan en su entorno cercano sino que pueden encontrarse en cualquier parte del mundo. 

Empresas como Philips o Apple ya no tienen grandes y secretos departamentos de investigación y desarrollo, sino que se han abierto y utilizan el talento investigador de personas de todo el planeta. Muchas compañías trabajan con programadores informáticos que están en India o Argentina y gran parte de los productos complejos que consumimos están compuestos de piezas que vienen desde los cuatro puntos cardinales. La habilidad de buscar y unir las mejores piezas para hacer un producto u ofrecer un servicio y la habilidad para comercializarlo empiezan a ser cruciales.

Este es el contexto de trabajo que vivimos y con el que se van a encontrar todas las personas que salgan al mercado laboral en los próximos años. Pero, ¿estarán preparadas para ello? ¿Hemos adaptado la forma de enseñar a esas nuevas necesidades?

En el año 2011 Navarra participó en un proyecto piloto llamado “Human Capital Index” que buscaba encontrar una forma de medir el capital humano de una región. Una de sus conclusiones claras fue que en Navarra la mayor parte de los empleos requerían de personal técnico con formación teórica y práctica concreta y que, sin embargo, nuestra Comunidad Foral producía en mucha mayor medida licenciados con conocimientos más teóricos. Señalaba también como punto positivo el gran esfuerzo que se estaba haciendo para potenciar la formación profesional y acercarla al mundo del trabajo.

En un reciente estudio (2013) elaborado en Navarra por Institución Futuro para el Observatorio Navarro de Empleo, “Competencias profesionales y empleabilidad para el siglo XXI”, siguiendo la metodología del proyecto europeo Reflex, se pedía a ex alumnos de FP que ya estaban trabajando que indicaran qué competencias eran importantes en su puesto de trabajo actual y en qué medida las habían aprendido en el transcurso de su formación. El resultado mostraba que, en general, la formación que habían recibido era buena y necesaria pero subrayaba varias áreas que ellos consideraban bastante mejorables, como el empleo efectivo y eficiente del tiempo, hacerse entender, tener nuevas ideas o los idiomas. Y es que estas competencias son críticas en un mundo como el descrito anteriormente donde el contacto físico con muchos de los actuantes en la cadena de valor de cualquier producto o servicio puede llegar a ser muy limitado. Lo que muchos navarros no saben es que en este campo también se está haciendo un gran esfuerzo desde FP y que son muchos los alumnos que se van de Erasmus a diferentes países. Eso les ayudará no solo a mejorar el idioma sino ciertamente a ver otras realidades, a abrir su mente y a conocer otras formas de hacer.

En definitiva, necesitamos preparar a nuestros jóvenes para el futuro profesional y eso, entre otras cosas, conlleva formarles para que sean capaces de emprender, es decir, de “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño especialmente si encierran dificultad” según define la Real Academia de la Lengua. Es decir, no se trata solo de crear empresas sino de poner en marcha proyectos, se trata de, ante una dificultad, un problema o un reto, ser capaz de hallar soluciones y ponerlas en marcha Y esto implica desarrollar una serie de capacidades tales como: la autonomía, la tolerancia a la incertidumbre, la asunción de riesgos, el liderazgo, el tesón, el esfuerzo… Porque las van a necesitar en ese mundo complejo, abierto y cambiante.
Para poder acotar mejor que significa la enseñanza de competencias emprende¬doras, merece la pena indicar que aprender a emprender implica cuatro grandes áreas, tal y como indica la Fundación Príncipe de Girona en su informe “Aprender a emprender. Cómo educar el talento emprendedor”. La primera, la autonomía personal: desarrollar la autoestima y la confianza, potenciar la motivación de logro y el espíritu de superación, ser responsable y asumir las consecuencias de las propias acciones, gestionar de forma eficaz el trabajo, tomar decisiones y resolver problemas…

Otro grupo de características se refiere al liderazgo. Tan necesario como tener conocimientos técnicos sobre un área concreta es poder manejar con destreza las habilidades de comunicación y negociación, promover y dirigir equipos de trabajo, asumir riesgos… El tercer grupo de competencias se refieren a la innovación. En los tiempos que corren, es imperativo saber iniciar acciones nuevas a partir de conocimientos previos, ser creativo en ideas y procesos o trabajar con visión de futuro. Por último, aprender a emprender incluye una serie de características ligadas a las habilidades empresariales, como gestionar aspectos económicos, utilizar estrategias de marketing y comunicación o actuar con responsabilidad social, entre otras muchas.

La adquisición de competencias en emprendimiento no es sólo una cuestión de adquisición de conocimientos. Dado que con la educación en emprendimiento se trata de desarrollar la habilidad de actuar de manera emprendedora, las actitudes y los comportamientos son quizá más importantes que el conocimiento propio de cómo dirigir un negocio. Estas competencias son difíciles de enseñar con el método educativo tradicional, en las que el alumno juega un rol más o manos pasivo, de receptor de información. En este caso se requiere de pedagogías activas que empleen, en la medida de lo posible, ejemplos prácticos de la vida real.

Por otro lado, existe un amplio acuerdo en la necesidad de tratar esta cuestión transversalmente y no solamente en una asignatura. Las capacidades emprendedoras pueden trabajarse en cualquier materia vía las actividades que tengan que poner en marcha los alumnos durante el curso. Los trabajos, las preguntas “ingoogleables” y transversales, los retos…
Pero además, es necesario que la figura del empresario y del emprendedor, tan necesarias en una sociedad próspera y solidaria, se muestren de manera positiva. Y ello puede hacerse en cada asignatura porque nuestra historia y nuestro conocimiento están llenos de personas emprendedoras que pueden ponerse de relieve como tales en todas las materias: Claude Monet con su “impresión: sol naciente” iniciador del impresionismo, los muchos inventores que con su tesón hicieron realidad una idea que hizo avanzar a la humanidad como Edison, músicos, matemáticos, literatos, militares… existen muchísimos ejemplos de personas que con su tesón, su trabajo y su empeño fueron capaces de acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño que encerraban dificultad. Poner foco en estas características no haría sino reforzar la importancia que las personas emprendedoras han tenido en el avance del mundo.

La teoría puede resultar sencilla, pero no tanto llevarla a la práctica en el aula. Desde Institución Futuro podemos subrayar los “qués” y los “porqués” e incluso hacernos eco de algún “cómo”, pero no somos expertos en educación y ni podemos, ni nos atreveríamos a llegar mucho más lejos. Sin embargo, queremos resaltar que en Navarra en la actualidad ya hay muchos proyectos en marcha: Équilicuá o la reciente apertura de las oficinas de impulso de negocio enmarcadas en la programa #Ideación, son una buena muestra ello. Pero, además, en estos años hemos podido constatar que en cada centro educativo hay profesores dedicando su tiempo y su esfuerzo a entrenar a sus alumnos en muchas de esas capacidades a través de muchas y variadas actividades. Tendremos que asegurarnos de que reciben el necesario soporte y apoyo por parte de toda la sociedad.

En definitiva, si queremos formar personas capaces de manejarse y de ser felices en un mundo global, no podemos dejar de proveerles de las herramientas necesarias para ello y éstas, además de idiomas y co-nocimiento técnico, incluyen las capacidades necesarias para enfrentar problemas y retos y poner en marcha soluciones en condiciones inciertas y en países y reali¬dades económicas y sociales muy diferentes. Parece que Navarra está en el buen camino pero sería bueno que entre todos le diéramos un mayor impulso.

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