Expansión, 5 de noviembre de 2005
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Uno de los rasgos distintivos de una república bananera es que el déspota que asume la presidencia no distingue entre el Estado, el Gobierno y su partido político.
Uno de los rasgos distintivos de una república bananera es que el déspota que asume la presidencia no distingue entre el Estado, el Gobierno y su partido político. Del mismo modo, lo que diferencia a una democracia de una tiranía es la escrupulosa separación de poderes. El populismo es el modelo político moderno que incorpora las cualidades de las tiranías y los gobiernos bananeros. Este régimen pervierte la genuina libertad y la transforma en un sucedáneo que complace el capricho insustancial del votante. Los dirigentes populistas, en lugar de trabajar en los asuntos clave del país, prefieren invertir directamente en la publicidad sensacionalista que pueda seducir mejor y, por consiguiente, captar más votos. Aunque España todavía está lejos del populismo absoluto, está avanzando en esta mala práctica. Una demostración del auge de esta tendencia en nuestro país es el favoritismo del Gobierno central con las Comunidades Autónomas amigas y el trato discriminatorio con las gobernadas por la oposición. Veamos las mejores ‘perlas’ de esta política partidista.

Andalucía, entre las más beneficiadas
Andalucía es uno de los feudos del PSOE más beneficiados. El presidente de la nación, nada más acceder al cargo, les dio 2.500 millones de euros como pago de una supuesta deuda histórica. Lo que no hizo fue una auditoría de cómo se emplea el dinero allí y qué coste tienen los empleos de libre designación. Lo peor es que esa lluvia de millones no ha se ha traducido en una mejoría relativa de sus variables macroeconómicas. Aragón consiguió lo que pidió su Ejecutivo socialista en su carta al Rey Mago de La Moncloa: detener y abolir el Plan Hidrológico Nacional que tanto necesitaban Valencia y Murcia, dos regiones gobernadas por el Partido Popular. Aragón destaca también por ser la comunidad con mayor inversión estatal per cápita (782e). Asturias, región con gobierno socialista, ocupa el segundo lugar en el balance fiscal, al recibir cada asturiano 1.776 euros. También ocupa el segundo lugar en la inversión estatal per cápita (732e). Cataluña es la Comunidad más beneficiada por el Gobierno central. El nuevo Estatut, de acuerdo con la información del pasado sábado en este periódico, nos costará 544 euros a cada español. Según el profesor Barea, esa cantidad saldrá, fundamentalmente, de las regiones más pobres y será el fin de la solidaridad interregional. Extremadura destaca por ser la comunidad con mejor balance fiscal de la nación: cada extremeño recibe 1.799 euros del resto de España. Galicia sufrió el parón del ‘Plan Galicia’ con la llegada del PSOE a La Moncloa. El cambio de color político en la Xunta fue premiado por el Ejecutivo central con un 30% de incremento del gasto de ‘obras vitales’ para Galicia en los Presupuestos del Estado de 2006. Las infraestructuras supondrán una inversión de 1.147 millones.

Madrid, al otro lado de la balanza
Madrid, la comunidad que presenta mejor desarrollo económico, ha sufrido una reducción de 247 millones de euros en la liquidación de los impuestos del ejercicio de 2003, que debía hacerle el Ministerio de Hacienda. Se especula que esta merma es la vendetta de La Moncloa a la ‘provocación’ de Esperanza Aguirre de reducir sensiblemente el impuesto sobre el patrimonio. El País Vasco, tras tres años de desencuentros, ha ganado por goleada al Gobierno de España su disputa del ‘cupo vasco’. El apoyo parlamentario del PNV al PSOE ha supuesto que el nuevo acuerdo añada 50 millones para la sanidad, 35 para quinientos nuevos policías autonómicos y 45,6 por los gastos del Prestige. Navarra representa la arbitrariedad más escandalosa. El Gobierno central anterior había firmado un convenio de inversiones plurianuales en infraestructuras con el Ejecutivo navarro. La sorpresa ha surgido cuando se observa que no hay prevista partida alguna en los Presupuestos del 2006 para las obras en curso. Navarra es una región que se ha caracterizado por la seriedad para cumplir sus compromisos y su firmeza para exigir que la otra parte también los respete. Quizá, tal atropello obligue al Presidente navarro, Miguel Sanz, a presionar con el ‘cupo’ para reclamar lo pactado, con lo que Moncloa añadirá un grave problema más a los muchos que se ha creado. La conclusión es diáfana. El presidente del Gobierno de España, no sólo ha quebrantado su promesa de gobernar ecuánimemente y para todos los españoles, sino que, además, está despertando unos conflictos interregionales que pueden crispar la convivencia. Probablemente, el paritario Gobierno de España pasará a la Historia como uno de los que ha fracturado más a la nación en menos tiempo.

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