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En estos días Diario de Navarra ha publicado en el suplemento “Marca Navarra” sesenta reflexiones realizadas por un colectivo variado de empresarios, académicos, directivos y emprendedores sobre los principales desafíos a abordar en los próximos años. De la lectura de estas opiniones emerge la idea de es necesario ser protagonistas del futuro y de no contentarse dejándose llevar por la inercia o que inventen e innoven otros. Se reconoce que los éxitos de hoy no son garantía de éxitos en el futuro. El mundo que viene está lleno de oportunidades para los que se atrevan. Hay que mover los límites de dónde estamos y descubrir nuevas rutas y espacios donde actuar.

Recientemente en una jornada organizada por Jakiunde, dedicada al análisis de la Estrategia de Especialización Inteligente de Navarra, se repasaron los objetivos alcanzados y en distintas mesas, se debatió sobre los avances y los retos pendientes. E. Morrás, Presidente del comité organizador de la Jornada, presentó un manifiesto ofreciendo una visión de los retos que se avecinan, de la necesidad y urgencia de actuar en materia científico tecnológica y desarrolló un conjunto de iniciativas necesarias para mejorar la situación en la que nos encontramos.

En los debates se habló menos de las incertidumbres y amenazas que aparecen en algunas iniciativas de búsqueda de dominios tecnológicos y no se detalló el volumen de inversiones que va a ser necesario activar, ni tampoco se avanzó sobre los incentivos que hay que diseñar para estimular la atracción de talento y la cooperación entre distintas instituciones y empresas. Por ello, es importante evaluar mejor algunos de los riesgos que se asumen y definir iniciativas que reduzcan los peligros de una estrategia pública/privada ilusionada pero frágil en su fundamentación.

Primero, cuando se trata de seleccionar áreas, actividades, dominios tecnológicos o nichos de negocios donde focalizar una parte de la inversión pública, el diseño de escenarios de futuro resulta ser un marco de trabajo necesario para el análisis pero sin duda, insuficiente. Mirar hacia afuera de nuestras empresas y fronteras es un ejercicio inteligente para observar qué nuevas dinámicas existen en la tecnología, los nuevos modelos de negocio que emergen o los mercados que nacen y que representan oportunidades de crecimiento inmensas. Pero también hay que ser realista y reconocer que observar tendencias, no resulta una tarea especialmente difícil. Simplemente hay que estar atento a los debates de los medios de comunicación especializados y tener presencia en foros científicos de expertos.

Así por ejemplo, cuando hablamos del vehículo eléctrico y conectado como tendencia reconocible, resulta muy relevante para definir planes de inversión y estrategias, predecir la intensidad con la que esta tendencia se presenta porque no es lo mismo que el parque de vehículos eléctricos en España vaya a representar un 20% en el año 2025, que estimar que esa cuota se alcanzará en 2035.

Segundo, una vez acotadas las tendencias, hay que estudiar qué agentes: empresas, instituciones o universidades, están ya ocupando el territorio inicial. Hay que descubrir a los pioneros que han llegado y explotan los primeros espacios en esos dominios. Es imprescindible evaluar a los competidores, así como detectar qué barreras existen para poder entrar en esos negocios con opciones de éxito. De esta forma, se pueden descubrir actividades /tecnologías que tienen un mayor o menor atractivo futuro porque hay un menor o mayor grupo de competidores que han realizado inversiones en esos campos y por tanto, tienen ventaja o porque las barreras a la entrada son más débiles.

Todavía no se han despejado todos los peligros de explorar caminos nuevos y describir tendencias. Quedaría por reconocer qué capacidades y competencias tenemos en las empresas y las instituciones o cuáles debemos adquirir, para disfrutar de unas ciertas ventajas frente a los potenciales rivales.

En definitiva, para actuar como pioneros y reducir amenazas, necesitamos no sólo determinación y compromiso sino también, mejorar el marco y las herramientas de evaluación y análisis. Por ello debemos incorporar más Inteligencia Prospectiva y Análisis para realizar menos apuestas genéricas. De esta forma, haremos que aumenten las probabilidades de competir con éxito en entornos donde la incertidumbre es grande, los riesgos elevados, los peligros muchos y los esfuerzos de inversión y la necesidad de talento enormes.

Pero hay que potenciar también otras iniciativas complementarias a la estrategia pública y que se están desarrollando en Navarra. Estas propuestas tienen una dimensión más privada pero, inequívocamente, las empresas que las lideran tienen la voluntad de querer ser protagonistas destacadas de la revolución tecnológica y social a la que estamos abocados. Estos nuevos caminos los transitan en el mundo, los visionarios/emprendedores que diseñan y construyen las nuevas fronteras. Pensemos en E. Musk que trabaja para ofrecernos un coche eléctrico y conectado de gran calidad o que plantea un proyecto para llevar personas a Marte.

En nuestra Comunidad el papel de descubridores modernos lo llevan a cabo los emprendedores que están desarrollando iniciativas ambiciosas para explorar nuevas vías de trabajo, tecnologías y organización social. Por eso hay que considerar las iniciativas, que lideran los emprendedores, como complementarias a las acciones públicas de especialización.

Los emprendedores son descubridores intrépidos y decididos que se comprometen con sus recursos y convencen a otros para que les acompañen en ese viaje hacia lo desconocido. Y para ello, arriesgan sus propiedades, patrimonio y el de sus acompañantes, sean familia, amigos o inversores de capital semilla y capital riesgo. Muchos fracasarán en el empeño; pero algunos, los mejores, los que tienen el proyecto más maduro o desarrollado, o los que tienen más suerte, alcanzarán sus sueños y ayudaran a definir el futuro. Por eso, facilitar el trabajo y apoyar a los emprendedores en los campos de la tecnología, la economía circular, la sostenibilidad energética y el bienestar social y acompañarlos cuando están arriesgando su dinero y comprometiendo el trabajo y talento de sus equipos, es una política complementaria a la estrategia de especialización.

En este caso, las políticas de apoyo públicas al emprendimiento se justifican independientemente de la tecnología, los dominios y los sectores de actividad seleccionados, siempre que concurran dos condiciones básicas.

Primero, las acciones e inversión de las nuevas empresas tienen unos efectos conjuntos positivos sobre la tecnología de otras compañías que exceden del propio interés individual. Cuando la innovación de los emprendedores no internaliza los efectos positivos que sobre el conocimiento tecnológico y su difusión puede generar en el tejido económico, es necesario incentivarla con apoyos públicos.

Segundo, otro factor que refuerza esta necesidad de apoyo público es la existencia de imperfecciones en los mercados de capitales que limitan la financiación de los innovadores. Y esto es así, porque cuando estamos hablando de inversión en recursos intangibles, la que habitualmente realizan los emprendedores tecnológicos o sociales, esta inversión no tiene una contrapartida material o colateral. No es un edificio que se financia con un préstamo y que en caso de impago se ofrece ese activo como garantía para la institución financiera o el deudor. Las inversiones en intangible, representan una elevada proporción de gastos en I+D+i, y resultan mucho más difíciles de financiar que las de empresas tradicionales por la ausencia de garantías reales, colateral, que exigen los bancos. Por ello, se necesita un apoyo público que facilite la financiación y ayude a reducir, de un lado, los riesgos del proyecto ya de por sí muy elevados y, de otro, supere las restricciones financieras que impone el mercado de capitales.

En definitiva, la voluntad y el deseo de ser actores protagonistas de nuestro futuro conllevan realizar un conjunto de políticas públicas complementarias con actuaciones privadas. Ello implica identificar una visión de lo que se pretende alcanzar mediante la colaboración y escucha público/privada; es necesario un enfoque de largo plazo y, tan importante o más que identificar una dirección, la voluntad decidida de que el I+D+i tenga un peso significativo en el PIB regional. En suma, si realmente queremos ser protagonistas del futuro que llega, necesitamos construir un ecosistema de ciencia, tecnología, empresa y sociedad que mire hacia el futuro y se comprometa con el avance de las fronteras del conocimiento y la innovación.

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