Diario de Navarra, 30 de mayo de 2006
La presidenta de Madrid intervino en un foro organizado por Institución Futuro
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, del PP, afirmó ayer que una «exigua mayoría» de españoles ha establecido «que existe otra nación en el seno de la nación española», lo que supone «una quiebra del consenso y una modificación de las reglas del juego».
Aguirre se refirió así al nuevo estatuto de Cataluña, que salió adelante en el Senado con el 51% de los votos, y opinó que «la quiebra» del consenso que en su día supuso la aprobación de la Constitución, traerá consecuencias «demoledoras» para España. La presidenta de Madrid pronunció una conferencia en Pamplona en un acto organizado por la Institución Futuro en colaboración con Diario de Navarra.

El acto tuvo lugar en la Sala de Cámara del Baluarte, que tiene una capacidad para acoger a casi 500 personas y que se llenó por completo. Esperanza Aguirre abrió el ciclo de conferencias que se desarrollarán en los próximos meses bajo el título Las Comunidades del siglo XXI, en libertad.

La presidenta de la Comunidad de Madrid señaló, en referencia al nuevo estatuto de Cataluña, que es una contradicción que exista una nación dentro de otra nación y que se cambie el sujeto de la soberanía, que no está en manos de los territorios, sino de los españoles. «Esa quiebra del modelo de Estado que consagra el nuevo estatuto de Cataluña no emana de una amplísima demanda social en Cataluña, sino que es fruto de los pactos, de las ambiciones, de las necesidades a corto plazo de una precaria mayoría parlamentaria».

En opinión de la presidenta de Madrid, es un «error mayúsculo» que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y sus socios nacionalistas «pretendan por la vía de las reformas estatutarias cambiar la Constitución». «Un cambio cuyas consecuencias quizás son imperceptibles a corto plazo, pero que serán demoledoras a medio y largo plazo para la libertad, la prosperidad y el bienestar de todos los españoles».

Agregó que nadie ha obligado al presidente Zapatero a iniciar la «demolición» de la Constitución.

Esperanza Aguirre volvió a utilizar las palabras «error mayúsculo» cuando lamentó que Zapatero todavía no haya recibido al presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz. La dirigente del PP destacó que lo que «la gran mayoría de españoles» le exige al presidente del Gobierno central es que se pronuncie «contra la pretensión de los terroristas cuando dicen que no habrá proceso sin Navarra».

Reclamó también a Rodríguez Zapatero que explique «por qué el líder de un partido ilegalizado y con causas judiciales pendientes», en referencia a Arnaldo Otegi, de Batasuna, «se pasea impunemente por Navarra, promoviendo mesas de partidos», cuando la Comunidad foral tiene, además, sus instituciones.

Aguirre consideró que ETA ha demostrado que no está dispuesta a cumplir las únicas condiciones bajo las que un Estado de Derecho puede ser generoso: que cese todo acto de terrorismo y extorsión, la firme condena de la violencia, la entrega de las armas y la petición de perdón a las víctimas.

Madrid, ejemplo de solidaridad

Esperanza Aguirre dedicó gran parte de su conferencia a los madrileños, de los que destacó que no han reclamado ningún cambio en las reglas del juego y que han mostrado que «su única seña de identidad es la apertura a otros pueblos».

La presidenta dijo que cuando se empezó a construir el Estado de las autonomías, muchos creyeron que la descentralización perjudicaría a Madrid, pero fue al revés, «se benefició enormemente». Aguirre destacó que Madrid ha crecido un millón de habitantes en diez años, hasta situarse en los 6 millones, de los que la mitad, 3 millones, están trabajando, lo que muestra el empuje de Madrid en la creación de empleo. Su tasa de paro es del 5,9% (en 1996 alcanzaba el 21%) y tiene un Producto Interior Bruto per cápita de 27.279 euros, lo que la sitúa en cabeza en España.

Aguirre descargó parte de la responsabilidad de ese éxito en la política que han desarrollado los gobiernos de la Comunidad, pero también en el espíritu solidario de Madrid que, al abrir sus puertas al resto de España y en los últimos años al resto del mundo, «demuestra que la solidaridad, lejos de perjudicar, beneficia a los que la practican».

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